Después de varios años alejado de la primera línea, Pablo Longueira decidió regresar a la actividad política. El exsenador y expresidente de la UDI busca ser secretario general de la lista encabezada por Jorge Alessandri y publicó en El Líbero el manifiesto “Chile Primero”, en el que propone que su tienda vuelva a desempeñar un papel articulador dentro de la derecha, para construir una coalición amplia, capaz de reunir desde sectores de centro hasta el mundo libertario y de proyectar un ciclo de dos o tres gobiernos consecutivos.
En entrevista con El Líbero, Longueira explica que su retorno tiene como objetivo la conformación de este conglomerado, inspirado en el 62% que rechazó la primera propuesta constitucional. Además, evalúa los primeros meses del gobierno de José Antonio Kast, el avance del plan de Reconstrucción, la situación de la oposición y los liderazgos que podrían disputar el poder en los próximos años.
«Mi motivación es contribuir a formar la coalición del 62% para darle a Chile dos o tres gobiernos»
—Finalmente acordó ser secretario general de la UDI en la lista encabezada por Jorge Alessandri. ¿Por qué llegó a esa determinación y dio un paso al costado en la presidencia?
—Lo que pasa es que cuando tomé la decisión de contribuir o volver a colaborar en política, con el primero que hablé fue con Jorge Alessandri para que él fuera presidente. Yo no quería ser presidente. Estimaba que teníamos que formar un equipo para conducir a la UDI en esta estrategia y no me parecía que, para el proyecto, lo ideal fuera que yo lo presidiera. Por eso hablé con él hace ya más de tres meses. Tuvimos buenas conversaciones, estuvimos muy sintonizados respecto del desafío que tiene la derecha chilena con un gobierno como el de José Antonio Kast.
—¿Y cuál es su objetivo?
—Tal como le expliqué a él, mi motivación es contribuir a formar la coalición del 62%. Darle a Chile dos o tres gobiernos de esta coalición, que fue la que se expresó con el ‘Rechazo’ en el plebiscito del 4 de septiembre. A eso vuelvo a contribuir. Creo que es fundamental para sacar al país adelante que esta coalición sea exitosa y se pueda proyectar. Esa es mi contribución. Obviamente, para eso necesitamos una UDI fuerte, vigorosa, que lidere y que contribuya al éxito de este gobierno y a formar esta coalición. También debemos enfrentar las próximas elecciones municipales y de gobernadores y, al año siguiente, las parlamentarias y la presidencial, con una coalición que le dé estabilidad al país.
—¿Qué les responde a personas como Jaime Mañalich, quien le dijo públicamente: “Nuestra época ya pasó, Pablo, sosiégate”?
—Sobre lo de Jaime, con mucho cariño, son las bases las que deciden si uno debe sosegarse o no. Me parece que la especialidad de mi querido amigo Mañalich es la geriatría y me resisto a que, a esta edad, cuando puedo contribuir después de la experiencia que he tenido, alguien plantee que tengo que sosegarme. Eso lo deciden las bases. La lista que hemos armado con Jorge es una lista frente a la cual, obviamente, puede levantarse quien quiera competir con nosotros. Que se conozcan el programa y el resto del equipo. Legítimamente hay que competir. No concibo cargos de esta envergadura sin que haya competencia. Por lo tanto, el que quiera, compite, y serán las bases las que dirán si uno se sosiega o no. La opinión de Jaime está bien, es legítima. Cada uno puede opinar lo que quiera.
«Hay algunos que no quieren formar ninguna coalición y hay muchos proyectos personales y partidistas que dejan de pensar en el bien común«
—¿Y a quienes plantean que su regreso no permitiría el surgimiento de nuevos liderazgos en la UDI?
—Hoy la UDI tiene 283 militantes jóvenes de entre 18 y 25 años. Hay algo que vamos a hacer, en la lista habrá, obviamente, participación de todas las generaciones de la UDI. Creo que la UDI necesita hoy el apoyo de las generaciones anteriores junto con las actuales para que podamos proyectar el partido. La elección pasada fue la primera vez en nuestra historia que la UDI no sacó ni un solo senador. Finalmente, estos partidos que nacen en torno al liderazgo de un fundador, si no mantienen las raíces y lo fundacional, terminan viendo cómo mucha gente se retira del partido. Queremos frenar esa diáspora y trabajar con las generaciones jóvenes. En la lista habrá jóvenes. También habrá una generación posterior a la mía, y yo contribuiré con la experiencia a este objetivo que busco, que la UDI lidere, impulse y se la juegue por formar esta coalición, en un momento muy complejo para la derecha, en el que hay algunos que no quieren formar ninguna coalición y hay muchos proyectos personales y partidistas que dejan de pensar en el bien común.
—¿De parte de quién hay más resistencia y por qué aún no se ha concretado esa coalición?
—Creo que hay proyectos personales y partidistas que conspiran contra ese objetivo común. Aparte de la crisis que viven los partidos políticos, hoy la coalición se necesita mucho más que ayer. Se necesita una buena coalición de gobierno y también una buena coalición de oposición. Los 30 mejores años de Chile, para mí, están muy vinculados a esas coaliciones. Hubo buenos gobiernos de la Concertación y también fuimos parte durante 20 años de la oposición y hubo una buena oposición. Creo que los países progresan con buenos gobiernos y buenas oposiciones. ¿Por qué el país está estancado? Porque nos estamos alternando con el Partido Comunista, y eso es lo que quiero contribuir a evitar. Si no actuamos con responsabilidad, nos va a ocurrir lo mismo.
—¿Por qué escribió el manifiesto?
—Nosotros, la derecha, perdimos cinco gobernaciones por ir divididos. Estamos raspando los votos en el Senado, hay varios que están amenazados en materia judicial y perdimos dos elecciones senatoriales por ir separados. Aquí se requiere liderazgo. Se requiere enfrentar estos proyectos personales de gente que no busca la unidad porque siente que quiere reposicionarse personalmente. La coalición que queremos impulsar es una coalición en la que no necesariamente tiene que haber solo partidos políticos, hay que mantener distintas sensibilidades. A mí me habría encantado que en nuestra época el centro político hubiese estado libre como lo está hoy. Debemos tener la capacidad y el liderazgo para conquistar el centro político chileno, con expresiones que provienen del mundo de la Concertación y que cruzaron hacia el Rechazo en el plebiscito, como Demócratas y Amarillos. Hay un ministro que pertenecía al Partido Radical, aunque algunas de estas expresiones ya no existan como partidos, creo que todas esas sensibilidades tienen que tener un espacio político. Tenemos que ser capaces no solamente de invitarlos al gobierno. Hay muchos ministros de distintos partidos o sensibilidades, pero eso no constituye una coalición, no hay coalición. El mejor ejemplo de que no hay coalición, ni siquiera en Chile Vamos, es que Chile Vamos el año pasado no hizo primarias. Entonces, no hay coalición. Está bien, hay gente que cree que la coalición se llama Chile Vamos. Para mí, una coalición es algo completamente distinto.
—¿Y qué es una coalición, a su juicio?
—Una coalición permite tener un proyecto político con distintas sensibilidades. Hoy, las redes sociales y los medios que existen para comunicar conspiran mucho contra eso. Se requieren partidos sobrios, liderazgo y coraje. Eso es lo que queremos impulsar para romper este círculo, porque si no, Chile va a seguir alternándose. La hegemonía del mundo de la izquierda la tienen el Frente Amplio y el Partido Comunista. Hay que leer el documento del Congreso Ideológico del Frente Amplio… es patético, para ser honesto. Tenemos que saber y conocer dónde están nuestros adversarios políticos y levantar un camino propio. Si finalmente vamos a seguir alternándonos con el Frente Amplio y el Partido Comunista, ningún país va a progresar. Ese es el gran desafío que tienen hoy la derecha chilena y el gobierno, impulsar esta coalición. Eso es lo que queremos construir.
«El gran desafío es armar una coalición desde libertarios hasta el Partido Radical»
—¿Cómo ve la posibilidad de que ingresen a esta coalición la Democracia Cristiana y el Partido de la Gente? ¿Y cree que el Partido Republicano y Arturo Squella estarían dispuestos a formar una coalición o están más bien por seguir un camino propio?
—Mira, finalmente están todos invitados. Lo natural es invitar a todos los partidos y expresiones políticas. Cuando me refiero a expresiones políticas, hablo de aquellos que tuvieron partidos, pero que no cumplieron con los requisitos. Vamos a partir por ellos. Obviamente, en algún momento hablaremos con Arturo y con Republicanos. Ese partido tiene elecciones internas a fines de año, pero, independientemente de eso, todos están invitados. Después veremos en conjunto si extendemos la invitación. Me planteas la Democracia Cristiana, bueno, veremos si todos estamos dispuestos a expandirnos hasta ese mundo. Tiendo a pensar que ellos jamás lo harían, pero, independientemente de eso, el gran desafío es construir algo que vaya desde los libertarios hasta el Partido Radical, que también desapareció, pero al cual pertenecía el actual ministro de Agricultura. También están Demócratas y Amarillos. Todos ellos serán invitados. Vamos a hacer un esfuerzo para que ojalá ingresen todos y ahí enfrentaremos y veremos de qué forma logramos incluirlos, porque hay una cosa muy simple, si enfrentamos el próximo desafío presidencial, terminado este gobierno, con tres candidaturas presidenciales, la probabilidad de que ninguna de las tres pase es altísima.
—¿Ese es el desafío?
—Estuvo a punto de ocurrir ya en esta elección y de que tuviéramos a Franco Parisi en la segunda vuelta. Creo que hay que planificar esto con mucha anticipación. Así son los procesos electorales y así ocurrió durante los 30 años en los que estuve en el mundo público. Ahí iremos enfrentando o resolviendo los conflictos para que ojalá todos ingresen, mantengan su diversidad y realicen sus aportes. El problema es que en el mundo de la derecha hay gente a la que le gusta que el otro desaparezca. Aquí tenemos que hacer un esfuerzo para que todas estas sensibilidades tengan cabida, porque la derecha es muy diversa. Nosotros no tenemos lo mismo que el mundo de la izquierda, que es mucho más politizado y tiene más estructuras partidarias. Tenemos una diversidad que es muy importante saber conducir. Es un valor enorme, especialmente hoy, cuando el centro político no está monopolizado. Siempre estuvo monopolizado por los radicales y después por la Democracia Cristiana. Busquemos un camino para mantener, de alguna forma, el mayor porcentaje posible de ese 62% que estuvo por el Rechazo.
—¿Cree que el gobierno y el Presidente Kast tienen hoy las condiciones políticas para proyectar a su sector durante tres gobiernos consecutivos?
—El propio Presidente desafió a las colectividades que dan sustento al gobierno. El Presidente perteneció y pertenece a Republicanos, como ocurrió con Sebastián Piñera, quien también renunció a su militancia, pero venía de Renovación Nacional. Finalmente, cuando se gobierna en conjunto, se crea una coalición. Hoy cualquier iniciativa que el gobierno quiera sacar adelante requiere el concurso de aquellos partidos que conformaban lo que se denominaba Chile Vamos: la UDI, Renovación Nacional y Evopoli. Incluso en el último trámite se llegó a un acuerdo con el Partido de la Gente. Entonces, ¿quién gobierna? Un conjunto de partidos y expresiones políticas a los que es importante darles una orgánica y una organización para tomar decisiones, no perder cargos importantes y tener un buen resultado electoral en la elección previa a la próxima presidencial. Si no planificamos con tiempo esta coalición, lo más probable es que sigamos con esta experiencia de alternarnos cada cuatro años.
«Sacar adelante uno de los proyectos tributarios más importantes desde el retorno a la democracia es un triunfo político extraordinario«
—Usted fue muy crítico con el diseño inicial del gobierno y habló de improvisación. Después de estos primeros cuatro meses, ¿mantiene ese diagnóstico?
—No es un problema de diagnóstico, lamentablemente fue una realidad. No es normal que hayamos tenido que cambiar a las autoridades del área de seguridad, que fue la razón por la cual se triunfó. Entonces, para mí, eso no es un diagnóstico. La crítica la hago desde un punto de vista constructivo, para que se realicen cambios. La crítica por la crítica no es lo mío, nunca ha sido así. Cuando hago un comentario que puede ser crítico, aunque a veces sea más grato evitarlo, lo hago para contribuir a que se hagan cambios. Era evidente que hubo niveles de improvisación. No necesito, a estas alturas, explicarlo, porque sobran los ejemplos. Se podría haber evitado, pero afortunadamente creo que esa etapa ya se superó con los cambios o ajustes que se hicieron en los ministerios. Adicionalmente, con el discurso del Presidente y habiendo sacado adelante -todavía está en sus trámites finales- un proyecto demasiado relevante para el éxito de este gobierno, se abre una etapa distinta. Sacar adelante uno de los proyectos tributarios más importantes desde el retorno a la democracia es un triunfo político extraordinario y era fundamental para el gobierno.
—¿Por qué dice que era fundamental?
—Si el gobierno hubiese fracasado en la idea de legislar de este proyecto y no hubiera conseguido aprobarlo en lo esencial, habría sido un desastre y una derrota política enorme.
—Tras la aprobación del corazón del plan de Reconstrucción, ¿comienza una nueva etapa? ¿El gobierno quedó políticamente «salvado»?
—En seguridad ya está claro el problema que tuvimos. Martín Arrau habría sido un gran ministro de Obras Públicas y había trabajado mucho tiempo para conducir esa cartera, pero se le cambió a Seguridad. Me parece una muy buena decisión. Es una persona muy competente y, por lo tanto, veremos lo antes posible frutos en esa área, que responde a una demanda ciudadana muy importante. Pero creo que, de alguna forma, la agenda económica ha adquirido incluso más prioridad que la de seguridad. El gran desafío del gobierno es reactivar el país y en eso vamos a tener que concentrar todos los esfuerzos. Creo que Jorge Quiroz obtuvo un triunfo extraordinario al sacar este proyecto adelante. No era fácil conseguirlo y está en su trámite final. Da lo mismo lo que ocurra ahora.
—¿Y qué espera de la ofensiva ante el Tribunal Constitucional?
—Obviamente tenemos que esperar al Tribunal Constitucional. Sinceramente espero que se apruebe el proyecto, porque creo que no hay argumentos constitucionales para rechazar lo esencial que se llevará al Tribunal. A partir de ahora tiene que haber un conjunto de otras medidas que reactiven la economía. Necesitamos que la gente perciba, en un año más, que hay crecimiento, empleo e inversión. Si eso ocurre, creo que cambiará la evaluación del gobierno. No creo que la aprobación repunte mucho más de lo que está hoy, pero lo importante es que no siga bajando. Creo que hoy el gobierno tiene que concentrarse en el crecimiento económico, el aumento de la inversión, la generación de empleo, el destrabe de proyectos de inversión y en facilitar y prestigiar nuevamente el mundo del emprendimiento. Hay mucho que hacer en esa área y creo que Jorge Quiroz está conduciendo muy bien todo el problema que ha mantenido frenado a Chile durante 12 años.
—¿Qué expectativas tiene respecto de lo que viene en la agenda de seguridad con el ministro Martín Arrau?
—Obviamente nos podríamos haber evitado los errores que comenté, pero ya ocurrió. Para mí es parte del pasado. Hay que dar vuelta la hoja y apoyar a Martín Arrau para que haga la mejor labor posible en seguridad. Estos dos temas son los que generan mayor sensibilidad ciudadana. Me parece que tenemos los motores bien encendidos, y, si todos colaboramos, el gobierno debería comenzar a mostrar resultados en los próximos meses o a comienzos del próximo año. Estas cosas hay que planificarlas en un contexto temporal. En pocos meses más estaremos discutiendo la Ley de Presupuesto. Políticamente, ya estamos a final de año, este año ya se jugó en lo que es, pero afortunadamente los cuadros ministeriales, me da la impresión, se han ido perfeccionando y ajustando, y el gobierno se ha ordenado con Claudio Alvarado en el Ministerio del Interior.
«Hoy el PS y el PPD son un vagón de cola del liderazgo del FA y del PC»
—¿Y cómo ve el estado de la oposición? Ha llamado la atención la reaparición de varias figuras de la izquierda y del gobierno anterior como el ex Presidente Boric, Camila Vallejo, Álvaro Elizalde, Giorgio Jackson, Antonia Orellana y Carolina Tohá.
—Creo que el gran problema que tenemos hoy en la política chilena es que desapareció un rol muy importante que tuvo durante la transición la izquierda democrática. Hablemos del Congreso Ideológico del Frente Amplio. Creo que todos deberían leerlo para que se den cuenta de que ahí está la conducción de la izquierda chilena. Es un sector político que, en el fondo, desprecia a la socialdemocracia o la considera añeja, antigua, irrelevante y no vigente. Ellos vuelven con un proyecto, de alguna forma, refundacional. Está planteada la idea de refundar el país desde el punto de vista económico y generan toda una estructura o análisis político y económico muy complejo. Ahí están el liderazgo y la ruta de la izquierda chilena. No nos equivoquemos. ¿Por qué? Porque no ha habido liderazgo ni capacidad para que el Partido Socialista, el PPD y la Democracia Cristiana formen expresiones distintas al Frente Amplio y al Partido Comunista.
—¿Por qué lo sostiene?
—Creo que aquí hubo dos errores muy profundos el año pasado, que están marcando la política chilena. Uno fue que Carolina Tohá, el PPD y, en general, el mundo de la izquierda democrática cometieron el error de participar en una primaria con el Frente Amplio y el Partido Comunista, porque no tenían ninguna posibilidad de ganarla. Debieron haber realizado una primaria propia e iniciado una reconstrucción de esa izquierda democrática con una candidatura potente como la de Carolina Tohá, pero dentro de su mundo, no en un mundo ajeno. Obviamente, terminaron incluso con una candidata comunista. Finalmente, perdieron un momento de una elección política que era evidente que iba a ganar la derecha, como terminó ocurriendo. Debieron haber hecho su propia primaria. Ese mismo error cometió Chile Vamos. Para mí fue precisamente la mejor demostración de que no existe una coalición: no tuvo primarias. Eso significó que la candidata de Chile Vamos terminó en el lugar en que terminó. Cuando uno comete estos errores políticos, tienen consecuencias. Hoy el Partido Socialista y el PPD son un vagón de cola del liderazgo que tienen el Frente Amplio y el Partido Comunista. Por eso han aparecido todas estas figuras que mencionas.
«Ojalá el Socialismo Democrático despierte y retome un camino de diálogo»
—¿Y para qué aparecen las figuras del gobierno anterior en este momento?
—Para evitar que el Partido Socialista, el PPD y la Democracia Cristiana lleguen a acuerdos con el gobierno. Eso frena la motivación que pueden haber tenido algunos de alcanzar acuerdos con el gobierno y hacer una oposición más constructiva. Tenemos una oposición liderada por el Frente Amplio y el Partido Comunista, y todas estas figuras que mencionaste aparecen para impedir que emerja un liderazgo distinto y que haya coraje para atreverse a hacer cosas por un camino propio. Ojalá en el Socialismo Democrático despierten o retomen un camino de diálogo democrático para enfrentar problemas comunes del país. De lo contrario, creo que definitivamente no serán una alternativa al Frente Amplio y al Partido Comunista. Si vuelven a participar en una primaria conjunta, está claro quién la va a ganar. Finalmente, corremos el riesgo de no tener interlocución con una izquierda más democrática, dialogante y constructiva.
Su reaparición responde a lo ocurrido con el proyecto de Ley de Reconstrucción. ¿Para qué aparecen? Para evitar que estas dos almas que existen en el mundo de la izquierda coexistan. El alma chica, llamémosla la izquierda democrática, está siendo completamente succionada. Tú lo ves incluso dentro del Partido Socialista. A la presidenta del PS le cuesta cada vez más tener unidad para conducir su partido. Ya tienes personas que están entregadas al liderazgo del Frente Amplio y del Partido Comunista. Lo tienes dentro del PS y también dentro del PPD. Piensa en los tres senadores del PPD que dieron el paso de llegar a un acuerdo. Cuando se enteraron todos del acuerdo, les hicieron la vida imposible y finalmente no fueron capaces de cruzarse, pese a que el gobierno mantuvo lo que había acordado con ellos. Esta izquierda democrática está siendo succionada por el liderazgo de la izquierda chilena, que hoy tienen el Frente Amplio y el Partido Comunista. Si no se crea esa interlocución, serán partidos más bajo esa conducción. La conducción de la izquierda chilena está hoy en el eje del Frente Amplio y el Partido Comunista. Esto no ocurre desde ahora, quedó claro desde la primaria pasada.
—¿Por qué?
—Analiza el proceso de ellos durante los últimos 10 años. Ahí has ido observando cómo la conducción de la izquierda se radicó en una izquierda no democrática. Si nos vamos a estar alternando cada cuatro años con el Partido Comunista y con una izquierda no democrática, obviamente el país no va a progresar. También hay un tema muy importante. El gran logro que ha tenido Jorge Quiroz con este paquete económico y social tenemos que acompañarlo políticamente. Se tiene que acompañar con una coalición que permita que los inversionistas sientan que aquí habrá dos o tres gobiernos. Tú puedes sacar este paquete, que es extraordinario, pero si la sensación de los inversionistas, los extranjeros, los empresarios y quienes tienen que generar inversión y empleo es que durará solamente estos cuatro años, mientras el Frente Amplio dice que, si vuelve al poder, eliminará todo lo aprobado, los frutos de este esfuerzo para que el país vuelva a crecer no tendrán la magnitud que deberían tener. El gran desafío que debe entender el gobierno, la centroderecha, la derecha chilena y las derechas es acompañar este gran cambio en materia económica con una coalición que dé garantías de que vamos a trabajar juntos para que haya dos o tres gobiernos consecutivos. ¿Para qué? Para que la gente se atreva y apueste por Chile.
«Creo que Boric va a dejar pasar la próxima elección presidencial y va a postular al Senado por Magallanes«
—¿Qué rol cree que podría tener el ex Presidente Gabriel Boric en esta izquierda que, usted dice, «está siendo conducida por el Frente Amplio y el Partido Comunista»?
—Esto es muy personal. Yo hago mucho análisis político. Obviamente uno se puede equivocar, pero te voy a contar lo que creo. Creo que Boric va a dejar pasar la próxima elección presidencial y va a postular al Senado por Magallanes. Tiendo a pensar eso, que se refugiará en una candidatura senatorial y dejará pasar la próxima vuelta presidencial. Creo que por ahí irá su juego. Viene la elección senatorial en su región, Magallanes, y creo que, como expresidente, obviamente le iría bien en una elección en su región. Tiendo a pensar que apostará más bien por esa línea que por un desafío presidencial al término de este gobierno. Ese es mi feeling, pero puedo estar muy equivocado. Me equivoco poco, pero me equivoco. No descarto que tome el desafío presidencial, pero te vuelvo a insistir: si la izquierda democrática no levanta un camino propio, está claro cuál será el resultado.
—¿Qué otro liderazgo de la izquierda podría jugar un rol relevante?
—Otro que jugará un rol importante es el gobernador Claudio Orrego. Tiendo a pensar que utilizará la elección senatorial de Santiago como una plataforma para mantenerse y proyectarse. Ya fue candidato presidencial en una ocasión y lo veo como una figura que podría, entre comillas, resucitar al PS o a esa expresión política. Lo veo más como candidato del PS. Creo que ahí puede haber un camino para la izquierda democrática en torno a la figura del gobernador Orrego. Los liderazgos en el mundo de la izquierda estarán situados ahí. Si no hay un camino propio y Claudio Orrego participa en una primaria con el Frente Amplio y el Partido Comunista, obviamente la ganarán estos últimos. Tienen que tener un camino propio. A él lo veo mucho más como candidato del PS en esta vuelta que de la Democracia Cristiana, que en la Región Metropolitana ha perdido demasiado poder.
—¿Y liderazgos como Tomás Vodanovic?
—Claro, obviamente está ese liderazgo. Pero hay un fenómeno que es importante que la gente entienda. Cuando tienes una elección de senadores en la Región Metropolitana, hay muchos más presidenciables, porque todos, de alguna forma, se proyectan en un camino presidencial con el propósito de que les sirva para la elección senatorial. Si la elección senatorial es exitosa, quedan vigentes para la mitad del período, que es cuatro años después. Para planificar todo esto se necesita mucho tiempo y se deben realizar primarias. La centroderecha tiene que tener la capacidad de hacer primarias amplias, para que haya mucha participación y para que todos apoyemos recíprocamente al que gane. Después se puede llegar a un acuerdo y decir que haremos primarias en todo Chile y en todas partes. Posteriormente, se puede evitar que haya algunas primarias. Si tienes un muy buen candidato, que te asegura el éxito de la opción, buscas mecanismos para evitar esa primaria. Pero el principio básico, para mí, tiene que ser competir.

El PC no abandonará su ansia de tener un candidato de su partido en las próximas elecciones presidenciales……difícil, muy difíiicil….como dice la canción de Alan y sus Bates
Muy interesante el comentario de Andrés. Le encuentro 100% de razon
Excelente articulo !!