El escenario económico volvió a instalarse entre las principales preocupaciones del gobierno. Luego de que durante el primer semestre se hablara de un “punto de inflexión”, el Banco Central recortó su proyección de crecimiento para 2026 a un rango de entre 0,25% y 0,75%, el desempleo llegó a 9,5% y el Imacec de julio registró una caída de 1,5%. En ese contexto, el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, defendió esta semana la estrategia económica del Ejecutivo y planteó que, frente a la coyuntura, corresponde ajustar la “táctica”, pero no modificar la estrategia.
Sobre ese escenario conversa con El Líbero el exsubsecretario de Hacienda Juan Pablo Rodríguez, quien acaba de reincorporarse a la Fundación P!ensa como vicepresidente ejecutivo.
Además, aborda lo que fue su salida del gobierno del Presidente José Antonio Kast tras dar positivo en un cuestionado test de drogas en julio. «Desde Libertarios hasta Demócratas pedían mi reincorporación por los antecedentes nuevos que yo mostraba y que daban cuenta de que aquello de lo que se me acusaba no tenía fundamento», dice.
«Fui un conejillo de indias»
—Está nuevamente en P!ensa, ahora como vicepresidente ejecutivo. ¿Cómo ha sido este regreso después de todo lo que ocurrió con su salida de Hacienda?
—Sí, efectivamente vuelvo a P!ensa, un centro de estudios que está en la Región de Valparaíso y que tiene la vocación de contribuir desde ahí, desde una mirada local, a lo que está pasando en nuestro país y también a promover políticas públicas para que la calidad de vida en la Región de Valparaíso mejore. Vuelvo fortalecido después de un paso por el gobierno que me permitió aprender mucho, y si bien mi salida fue difícil, fue injusta, yo creo poder haber demostrado de manera muy contundente que siempre dije la verdad. Salgo fortalecido porque eso, lejos de terminar con mi vocación de servicio público, termino fortaleciéndola y con más herramientas vuelvo a P!ensa para, desde ahí, poder contribuir a que los habitantes de la Región de Valparaíso puedan vivir mejor, y a que Chile también pueda recorrer un camino correcto para mejorar la calidad de vida de todos quienes habitan esta tierra.
—¿Con qué sensación se quedó después de su salida de Hacienda? ¿Este nombramiento en la fundación le cierra la puerta a la posibilidad de volver al gobierno?
—Yo creo que fui un conejillo de indias, en lenguaje coloquial, de un proceso muy mal regulado que se implementaba por primera vez y que terminó siendo, en mi caso, muy inverosímil. Expresión de aquello fueron las muy transversales muestras de apoyo de todos los sectores políticos, especialmente desde el oficialismo, donde desde Libertarios hasta Demócratas pedían mi reincorporación por los antecedentes nuevos que yo mostraba y que daban cuenta de que aquello de lo que se me acusaba no tenía fundamento. Esos elementos me permiten hoy día estar muy tranquilo para materializar mi vocación, hoy día desde la sociedad civil. Mi vocación pública sigue intacta; de hecho, sigue fortalecida. Probablemente dentro de mi futuro, en el mediano y en el largo plazo, eso también signifique ejercer algún tipo de función pública. Pero en todo este proceso siempre mi convicción, lo que yo busqué y lo que estuvo detrás, entendiendo los avatares de la vida, que a veces a uno le caen cosas injustas, siempre lo único que yo quise desde ese 23 de julio fue aclarar mi verdad.
—¿Limpiar su imagen?
—Limpiar mi honra, mi nombre, poder mirar a los ojos a mi familia, a la gente que me quiere, decirles que siempre dije la verdad. Y eso creo que quedó demostrado. Ya desde donde uno ejerce la vocación, creo que es secundario respecto a algo tan importante como eso. Y hoy día tengo mucha tranquilidad de conciencia de que eso lo logré. Y que hoy, con mi vocación pública fortalecida desde la Presidencia ejecutiva de P!ensa, voy a poder seguir trabajando por Chile.
—Usted llegó al cargo de subsecretario de Hacienda por designación presidencial. ¿Ha hablado con el Presidente José Antonio Kast después de su salida?
—Yo hablé con el Presidente al minuto de mi salida; luego, no. Y obviamente he conversado con personas del gobierno desde una aproximación más privada.
—¿Del equipo económico o en general del gobierno?
—En general del gobierno, pero son conversaciones que han estado en la esfera privada, que yo prefiero mantener ahí. Siempre he sentido que todo el mundo me creyó, que todo el mundo siempre vio que acá algo raro había, que estaban quizás personas algo atadas de mano respecto de un procedimiento mal regulado y que, sobre todo, luego de los antecedentes que yo he presentado, los exámenes de julio, los exámenes de abril, existe una conciencia muy amplia de que conmigo se cometió una injusticia. Eso a mí me deja tranquilo. Reconozco que es difícil comprenderlo en medio de la tormenta. Yo espero, hacia adelante, en los meses, en los años que vengan, poder mirar hacia atrás y poder encontrarle un sentido a todo lo que me ocurrió. Creo que eso va a ser así.
«Un procedimiento tan frágil puede generar problemas de seguridad nacional (…). Si alguien anda con la maldad por detrás, podría hacerle daño a una autoridad»
—La Seremi abrió un sumario sanitario al laboratorio que le realizó el test de drogas, después de detectar cuatro observaciones en una fiscalización. ¿Qué espera que determine ese procedimiento?
—Yo lo he dicho desde el primer día, al lado mío siempre he tenido la verdad, yo he transmitido todo con mucha seguridad. Tanto respecto de que yo no consumo drogas y, por lo tanto, la acusación era injusta, y eso lo he demostrado a través de nuevos exámenes de pelo que pesquisan muchos meses hacia atrás, que pesquisan un tipo de consumo que es muy estructural y, por lo tanto, tener exámenes negativos de abril, tres exámenes negativos de julio, hacen intuir con mucha convicción que el examen de junio, que fue el que significó mi salida -que no concluye consumo de drogas-, ese informe era un informe de carácter anómalo y que a mí siempre me produjo muchas dudas. Tanto la opacidad, la falta de transparencia del laboratorio, que en vez de entregarme la información que yo pedía decía: “Mire, yo no estoy obligado a entregársela”, como que una cuestión tan relevante como hacer exámenes de drogas a las altas autoridades del Estado no haya sido encomendada a los laboratorios más reputados de Chile, cuyos estándares están muy claros, particularmente el laboratorio de la Universidad de Chile, como lo hacen los parlamentarios, o el laboratorio de la Universidad Católica.
—¿Ve riesgos en un procedimiento de este tipo, aplicado a altas autoridades del Estado?
—Un procedimiento tan frágil incluso puede generar problemas de seguridad nacional, porque pareciera tener muchos recovecos que permiten, por ejemplo, si alguien anda con la maldad por detrás, poderle hacer un daño a una autoridad. Un subsecretario de Hacienda quizás no es tan relevante, pero un ministro sí, o el propio Presidente. Y, por lo tanto, más allá del drama personal, esto nos deja una enseñanza institucional, y es que una cuestión de este nivel de importancia tiene que estar mucho mejor regulada y encomendada a instituciones que ofrezcan más garantías.
—¿Hacia futuro esto deja lecciones?
—Hacia futuro, efectivamente. Y todas las observaciones que hemos visto, las de 2022 de la Seremi respecto a este laboratorio, las de 2026, es decir, luego de mi salida del gobierno, dan cuenta de que ahí no existen probablemente las garantías mínimas para tener resultados que sean fiables. Si es que van a ser tomados como elemento de juicio para decisiones tan importantes como esta, bueno, creo yo que hay que tener muchísimas mayores seguridades, las que en este caso no se dieron. Y si bien yo ya demostré la verdad, voy a seguir haciendo todo lo que esté a mi alcance para que esa verdad siga quedando de manifiesto. Más allá de que estoy muy tranquilo, sobre todo, porque ese reconocimiento transversal y esa petición de reincorporación muy potente por parte de muchos, a mí me demuestran, por una parte, que estaba haciendo bien las cosas y, por otro lado, que todo esto se trató de una situación muy inverosímil. Insisto, es una injusticia cuyo sentido hoy día yo no alcanzo a comprender, pero que espero en el futuro poder comprender y que eso me permita salir aún más fortalecido de esto.
«El problema de la economía chilena es estructural»
—A su juicio, ¿qué le pasó a la economía chilena? Mirando la película completa y dadas las cifras actuales, con el desempleo en 9,5%, y el último IPoM del Banco Central que recortó su proyección de crecimiento para 2026.
—La economía de Chile está débil, está frágil, pero esa debilidad viene desde hace mucho y es producto de malas decisiones públicas que hemos tomado como país, a mi juicio, muy concentradas en el segundo gobierno de la Presidenta Bachelet y también muy intensificadas a propósito del estallido social. Chile dejó de ser un país tributariamente competitivo, generó una maraña, una dificultad regulatoria muy intensa, y desdeñó la actividad privada. Hay que recordar cuando, con campañas publicitarias se hablaba de “los poderosos de siempre”, y también se desdeñó el crecimiento. Promovían, hasta hace no mucho, que Chile tenía que decrecer. Por otra parte hay otros factores internacionales, de distintos shocks, también el ciclo de los commodities. Pero eso significó, en parte, que Chile dejase de crecer en torno al 4% y pasara a crecer en torno al 2%. Y llevamos 10 años creciendo en torno al 2%, muy lejos de nuestro potencial. Y eso explica, en parte importante, lo que estamos viviendo hoy día.
Porque una economía debilitada que crece lejos de su potencial, cualquier shock, que son por definición transitorios, si la economía está debilitada, el shock lo que hace es amplificar esa economía debilitada. Una economía fortalecida permite absorber de mejor manera esos shocks. Entonces, el gran problema de la economía chilena es estructural y tiene que ver con este crecimiento muy bajo que hace que cualquier cosa transitoria que pase nos afecte mucho.
—¿Ya veníamos mal en el camino?
—Porque veníamos mal en el camino y, efectivamente, este primer semestre del 2026 hemos tenido grados relevantes, si uno quiere, de mala suerte, de cuestiones que uno no podía prever: el desplome de la actividad minera, la guerra que significó el corte del estrecho de Ormuz y otras cosas. Y en materia de empleo, uno dice: estamos viviendo ahí la peor dimensión de nuestra emergencia económica, con ese 9,5%, que representa cerca de un millón de chilenos que sale a buscar pega y no encuentra, por una parte, y, por otro lado, cerca de dos millones y medio de chilenos que hoy día trabajan en la informalidad.
—¿Por qué pasó eso?
—Porque Chile, a diferencia de la región, a diferencia de los países de la OCDE, está mucho más lejos de recuperar las tasas de ocupación que tenía previas a la pandemia. Entonces, uno dice: acá no es solamente un fenómeno, a propósito de la pandemia, artificial, sino que también, así como en materia general económica, en materia de empleo, probablemente tomamos decisiones incorrectas o inoportunas que han significado que nosotros tengamos las cifras que estamos viendo hoy día. Por ejemplo, uno puede tener una opinión a favor o en contra de la ley de 40 horas, de la reforma de pensiones o del aumento artificial del salario mínimo, por ejemplo, pero haberlas aplicado todas relativamente al mismo tiempo, saliendo de una pandemia, y en un contexto geopolítico global en donde el mercado laboral está tensionado producto de la automatización del trabajo y la inteligencia artificial, tiene consecuencias.
—¿Se equivocó el ministro Quiroz o el gobierno cuando hablaron de un «punto de inflexión» en la economía?
—No, para nada. Uno en economía hace proyecciones con los elementos que tiene sobre la mesa al minuto de establecerlas. Lo que tenía que ver con el cambio de dirección importante hacia la mitad de este año tenía que ver, por una parte, con una cuestión que efectivamente ocurrió y que en el mediano plazo va a generar las condiciones para que estructuralmente recuperemos aquello que hemos venido perdiendo hace 10 años, y que fue la aprobación de la reforma de Reconstrucción, que va precisamente a generar competitividad tributaria, bajando el impuesto de primera categoría del 27% al 23%; va a generar mayor libertad regulatoria, atacando decididamente la permisología y, por lo tanto, va a ser la que estructuralmente nos permita generar la inversión, que tenga empleo… Eso genera un cambio de rumbo y que se ve en las expectativas de los inversionistas, con las cifras récord en materia de ingresos de proyectos al Sistema de Evaluación Ambiental, la cantidad de proyectos que se han decidido. Si uno ve el catastro de bienes de capital, en los próximos cinco años, US$95 mil millones; cifras récord en materia de inversión. Pero, obviamente, en el cortísimo plazo, producto de los shocks que hemos venido comentando, producto de las cifras de desempleo, caída de expectativas, de problemas de corto, el gobierno también tiene que hacerse cargo y tiene que echar mano a herramientas para permitir llegar a ese mediano y largo plazo de manera correcta.
«No calificaría (al gobierno) de exceso de optimismo»
—Pero Quiroz dijo que “no hay visos de recesión”, que junio sería un “punto de inflexión” y que vendría “una tendencia muy positiva” durante el segundo semestre. Y eso no se da. ¿Qué pasa ahí con las expectativas?
—En el caso de la economía y el último Imacec, eso está fuertemente explicado por un desplome de la actividad minera y también por los temporales que tuvimos. Y, por lo tanto, hay que mirar esto con un poquito de distancia. Pero, efectivamente, las cifras económicas de estos últimos meses son malas y las de desempleo son horribles. Y el gobierno, lejos de explicarlas, de encontrarles justificación -muchas de las cuales la tienen y, como decíamos, son de largo plazo hacia atrás-, tiene que hacerse cargo, obviamente, hoy día, de aquello que está sufriendo ese millón de chilenos.
—¿Pero hubo un exceso de optimismo acá?
—No, no lo calificaría de exceso de optimismo.
—¿Y cómo lo calificaría?
—Lo calificaría como una proyección con los elementos que se tenían sobre la mesa en ese minuto, que lamentablemente, a posteriori, han existido… existieron elementos externos e internos que debiesen ser transitorios.
—¿Eso cambió el cuadro?
—Cambiaron el cuadro de corto plazo para este año. Porque así como esto ha significado que se corrija la proyección de crecimiento para este año hacia la baja y, efectivamente, vamos a tener un muy mal 2026, el Banco Central también establece, y esto también a propósito de la ley de Reconstrucción, que también se aprobó a mitad de este año, cuando se hablaba de ese punto de inflexión, que la economía se recupere hacia el 2027 y el 2028 y volvamos a crecer con tasas en torno al 3%. Y en el corto plazo, lo que debiese hacer probablemente la autoridad tiene mucho que ver con, por una parte, acelerar inversión pública ya presupuestada, que sea intensiva en el uso de mano de obra en materia de vivienda, vivienda social, obras públicas, que tenga efectos relativamente inmediatos en el trabajo. Y desde la perspectiva de la inversión privada es muy importante reactivar el sector de la construcción.
—Se está trabajando en un “plan de emergencia laboral”…
—Se está trabajando y ya se han tomado medidas. La ley de Reconstrucción aprobada, con la extensión del IVA, con la extensión del DFL2, va precisamente en esa línea. El gobierno ha dado señales correctas de que tanto el presupuesto que se está ejecutando como el que se va a ejecutar el próximo año debiesen tener un foco proinversión. Es muy importante y ahí también hay un pendiente para activar el sector de la construcción, que es apurar la reforma a la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones, que es una cuestión administrativa, no legal.
—¿Y por qué esto es importante?
—Porque no es lo mismo activar tal o cual sector de la economía. En el caso de la construcción, es muy intensiva en el uso de trabajo. Por eso el esfuerzo que ha tenido el gobierno en impulsarla, que a mí me parece correcto. Y, previo a la pandemia, nosotros perdimos, si la construcción hubiese seguido más o menos la misma línea, uno puede pensar en recuperar del orden de 150 mil a 200 mil empleos en la construcción. Y eso sería un elemento muy importante, para que se vuelva a construir y generar empleo.
—¿Cree que el gobierno va en la línea correcta? ¿Comparte la convicción del ministro Quiroz, que sigue sosteniendo que las noticias para adelante van a ser positivas, o hay exceso de optimismo?
—Hay que distinguir lo estructural, que es lo más relevante, de lo del corto plazo, que es casi igual de relevante y urgente para que el mediano y largo plazo tenga sentido. Y respecto del optimismo, creo que, más que referirse a lo que ha dicho el ministro Quiroz, hay que ver lo que señala el Informe de Política Monetaria y el propio Banco Central, que reconoce una realidad muy compleja del 2026, que hay que corregir su proyección de crecimiento a la baja y este año vamos a crecer menos del 1%. Y eso se debe, en parte significativa, a un cierto desplome de la actividad minera, grave en un país como Chile, que es un país con vocación minera. Y a determinados shocks que, por definición, deben ser transitorios y que, por esta debilidad estructural de la economía, nos han pegado muy fuerte. El aumento del precio de los combustibles, el fenómeno de El Niño que le pegó al jurel y otros elementos… Pero, a renglón seguido, el Banco Central dice: precisamente por haber aprobado el proyecto de Reconstrucción, y agrego yo, mirando las cifras en materia de inversión, el 2027 y el 2028 vamos a crecer con cifras en torno al 3%. Por lo tanto, hay una gravedad en el 2026, hay que hacerse cargo. Pero, en el mediano plazo, pareciera ser que este gobierno tomó la decisión correcta para volver a poner a Chile en la dirección correcta, para, bajando impuestos, generando certeza institucional, mejoras regulatorias, podamos solucionar o empezar a solucionar estructuralmente. Porque el problema del empleo estructuralmente se soluciona con inversión, con que la economía demande empleos. Los subsidios focalizados pueden ayudar, pero ahí no está la solución al problema del empleo en Chile.
—¿Y en el corto plazo?
—En el corto plazo yo creo que las medidas son bien intencionadas, pero falta intensidad y confío en que el gobierno va a ir avanzando en esa línea. Y hoy distinguiría dos cosas: las medidas concretas, que para mí es acelerar lo presupuestado en materia de inversión pública y vivienda, que sean intensivas en el uso de mano de obra y que sean de ejecución rápida. Creo que ahí hay un espacio importante para generar empleos. También trabajar en subsidios. Tenemos el 1 de octubre la aplicación del subsidio único al empleo. Uno podrá ver si hay que perfeccionarlo o algo, pero no creo que por ahí pase la solución. Va a ayudar a contratar, pero para que esa contratación se mantenga se requiere que la economía demande esos empleos y, para eso, se requieren ciertas mejoras estructurales.
«No critico al gobierno por haber alimentado desmedidamente expectativas»
—¿Ese es el desafío para el gobierno?
—Hay un desafío político grande para el gobierno. El “gobierno de emergencia” sirvió para ganar la elección, es correcto, explica bien la realidad y los dos grandes dramas que tiene la sociedad chilena, seguridad y economía. Y creo que el gobierno tiene que complementar la emergencia con una mirada de futuro, un horizonte, un sueño de país, una cierta épica de explicarle a la ciudadanía hacia dónde va nuestro país. Que, efectivamente, estamos en un tránsito que, por las razones estructurales que decíamos antes, es complejo, pero se tiene que explicar a la ciudadanía las razones de ese tránsito y hacia dónde vamos. En eso creo que hay mucho espacio para construir bien ese discurso y para, complementándolo con estas medidas, permitir transmitirle a la ciudadanía esperanza, que es algo muy importante; que mejoren las expectativas, diciéndole: “Vamos hacia allá y la cosa se está moviendo”.
—¿Hay un vacío comunicacional?
—No, no plantearía que haya un vacío comunicacional. Siento que hay muchos espacios para transitar naturalmente, desde una lógica de instalación centrada en el problema a una lógica de transmitir cuál es el horizonte compartido que, como chilenos, queremos avanzar. Esa mirada de futuro, esa épica. Y detrás del programa económico hay una épica muy profunda y que tiene un diagnóstico político. En Chile se tomaron malas decisiones… La emoción con la que el gobierno puede conectar es la emoción de la nostalgia de un Chile que se perdió, previo al segundo gobierno de Bachelet, es un Chile previo al estallido, es un Chile seguro, con certeza, un Chile pujante, que avanzaba, lento pero seguro, con un norte determinado. Yo creo que hoy día en la sociedad chilena hay nostalgia de ese Chile. El gobierno ha tomado las decisiones correctas para retomar ese rumbo y tiene que transmitírselas a la ciudadanía, acompañado de medidas concretas que morigeren una crisis que es difícil de solucionar por las razones estructurales y, particularmente, en materia de empleo.
—La Cadem del 13 de septiembre muestra que el 62%, el mismo número del Rechazo, considera que el gobierno ha sido peor de lo que esperaba. ¿El problema económico del gobierno es solo de resultados o también de expectativas que el propio gobierno alimentó?
—Súper interesante el punto. Me resisto a un argumento que es típico, que es el de criticar al político por generar expectativas que luego defrauda. Creo que se puede hacer, pero, en este caso, no corresponde. Es natural, es parte de la inercia política y siempre va a pasar que un gobierno o un candidato, para salir elegido, alimenta expectativas. Una comunicación, una épica que genera expectativas en la ciudadanía. Es inevitable que en las campañas políticas o en los procesos de instalación de los gobiernos las expectativas suban muchísimo por el cambio. Y hoy día, en una sociedad que tiende a la insatisfacción, compleja, de redes sociales, es muy difícil mantener esa expectativa en esos niveles de campaña. Por lo tanto, yo no critico al gobierno por haber alimentado desmedidamente expectativas. Creo que eso forma parte natural de los procesos políticos.
—¿Pero hay espacios de mejora?
—Sí creo que, en este primer semestre, hay espacios para comunicar de mejor manera el hacia dónde va Chile y cuál es la narrativa y la épica que está detrás del hacia dónde vamos. En eso, acompañado de medidas de corto plazo, y el gobierno ha dado señales de que va a comunicarlas luego de las Fiestas Patrias, puede construir una narrativa y grados de popularidad para impulsar sus reformas… Los gobiernos necesitan apoyo social para impulsar su reforma. Yo distinguiría dos planos. Un plano político-parlamentario, a propósito del 62% y la coalición o el bloque de gobierno que está detrás del Presidente, respecto de la ciudadanía o la opinión pública en general. Y ahí el gobierno ha sido muy hábil en construir tras de sí un bloque de gobernabilidad muy similar al que estuvo detrás del Rechazo, que le ha permitido mayorías en ambas cámaras; en el Senado, frágil; en la Cámara de Diputados, a punto. Pero, al final del día, hay un logro político muy relevante que se destaca poco: que el Presidente Kast ha logrado poner detrás de su gobierno, en las votaciones relevantes, desde Demócratas hasta Libertarios.
«El ex Presidente Piñera hubiera soñado con un bloque de gobernabilidad detrás de él tan transversal como el que ha construido el Presidente Kast»
—¿Pese a que no se ha logrado formar la coalición como tal?
—Pero eso es algo más semántico. Pero en los hechos está ese bloque de gobernabilidad. A las comidas de Cerro Castillo van desde Demócratas hasta Libertarios. Creo que, por ejemplo, el ex Presidente Piñera hubiera soñado con un bloque de gobernabilidad detrás de él tan transversal como el que ha construido el Presidente Kast, en eso veo un logro político muy relevante y poco destacado. Otra cosa es la popularidad o el apoyo de la opinión pública, sobre todo en un contexto de voto obligatorio, hoy día la política no se lee linealmente. Y el elector, el ciudadano, es más bien desideologizado. Y el apoyo o no apoyo de los ciudadanos respecto al gobierno pasa más por cuestiones materiales, de cómo te aprieta el zapato, cuestiones de bolsillo, cuestiones muy concretas. Por lo tanto, la receta para recuperar apoyo popular no es necesariamente diluir el discurso propio o ir irreflexivamente hacia el centro. La receta para recuperar apoyo popular es con la convicción en las ideas propias en las cuales confió la ciudadanía al momento de ser elegido, y poder aquilatar dos cosas: el mediano y largo plazo y ese sueño, que el gobierno ha conseguido cosas y hay una determinada dirección, pero con resultados concretos o con señales que alimenten ese resultado concreto. Mientras eso no pase el apoyo popular se va a mantener o no se va a recuperar.
—¿Y eso se va a lograr?
—Yo creo que con medidas correctas que den cuenta de que la cosa se está moviendo, con una épica correcta que dé cuenta de hacia dónde vamos y con resultados concretos que sean la consecuencia de esas medidas, eso se puede lograr.
—¿Cree que se va a revertir el pesimismo generalizado que hay?
—Hay herramientas para que ese pesimismo se revierta y creo que tan importante como eso es que el gobierno tampoco pierda su base de apoyo. También en una sociedad insatisfecha, el ex Presidente Boric gobernó en torno a apoyos del 30%, que es hoy día lo que tiene el Presidente Kast. Obviamente, uno como gobernante aspira a que eso sea más, qué duda cabe. Pero tan importante como generar estrategias para que eso sea más, es no desfondarte. Porque un gobierno desfondado, como ocurrió en torno al estallido social, por ejemplo, con el ex Presidente Piñera, es incapaz de hacer cualquier cosa en el Congreso. Para recuperar la mayor popularidad posible, pero tan importante como eso es no perder tu base de apoyo. Y eso también se transmite, se comunica con ciertos énfasis, con ciertas decisiones. Y el gobierno, en lenguaje coloquial, tiene que caminar y mascar chicle. Y tiene que, insisto, y estoy de acuerdo con el ministro Quiroz, la estrategia se tiene que mantener. La cuestión estructural para que Chile recupere su carácter pujante, sus empleos y que vivamos mejor es estructural. Diez años no se recuperan en seis meses. Pero lo importante es que, mientras lo recuperamos, existan señales concretas de que estamos en ese camino y de que la gravedad de la situación no sea tal de generar un poco de apoyo ciudadano que impida al gobierno llegar a ese mediano y largo plazo.
«No creo que la solución sea salir a gastar más. Creo que la solución es salir a gastar mejor»
—El ministro Quiroz dijo que no hay que cambiar la estrategia, hay que cambiar la táctica, y defendió el ajuste fiscal. ¿Está de acuerdo con eso, pese a las críticas de que ajustar excesivamente el gasto en una economía debilitada puede profundizar el ciclo y agravar la desaceleración?
—Acá hay que equilibrar distintas cuestiones. Hay que mantener el proceso de sostenibilidad fiscal que ha empujado este gobierno, porque esa cuenta, al final del día, alguien la tiene que pagar. Hay que generar las condiciones estructurales que también van a ser la respuesta al problema fiscal chileno, porque ese crecimiento también genera mayor recaudación y, por lo tanto, si uno quiere graficarlo en lo que tiene que construir este gobierno en el presupuesto para el próximo año, tiene que ser un presupuesto proinversión. Que utilice, en alguna dimensión, la política fiscal para generar empleo, por ejemplo, a través de, en lo de este año, acelerar o, en el próximo año, focalizar bien obras públicas y vivienda que permita eso; proinversión, procrecimiento, obviamente, pero manteniendo la sostenibilidad fiscal, que es un punto central.
Es fácil decir que Chile se endeude, gastemos más, pero eso tiene consecuencias. Un porcentaje de la deuda muy cercano a 45 puntos del PIB y, consecuentemente, muy cercano a su límite prudencial, eso tiene consecuencias de corto, mediano y largo plazo. Yo no creo que la solución, a propósito de lo que han dicho exministros, sea salir a gastar más. Creo que la solución es salir a gastar mejor. Y, habiendo pasado por el Estado, uno ve rápidamente que hay muchos espacios para gastar mejor. Creo que hay espacios en ajustar gasto corriente. Hay muchos gastos de capital en materia de inversión; creo que sí es una herramienta que puede utilizar la política fiscal para ayudar a empujar a nuestra economía. Más allá de que la solución estructural no pasa por el gasto público, sino que pasa por recuperar las condiciones en materia de competitividad tributaria, de valoración de la actividad privada, para que volvamos a crecer en torno a nuestro potencial y dejemos de ser una economía mediocre, con todas las consecuencias negativas que eso tiene para nosotros.
—¿Lograrlo incluso con la misma estrategia? Porque la economía está agónica.
—La economía está agónica. El gobierno hizo un esfuerzo de ajuste fiscal que va a permitir probablemente, en el segundo semestre, tener algo más de espacio para políticas determinadas. Pero creo que Chile tiene que seguir recorriendo el camino de la responsabilidad fiscal. Ese es el camino. Y en la medida que generemos las condiciones para volver a crecer, para que vuelva a haber inversión, eso va a tener las soluciones estructurales a problemas que son estructurales. Pero mientras esas soluciones llegan es importante que el gobierno, en las medidas, acelerando inversión, promoviendo determinados subsidios bien establecidos, y en la narrativa, transmitiendo a la ciudadanía cuál es el norte y por qué hoy día efectivamente se están cambiando las cosas, podamos llegar a ese mediano y largo plazo.

Excelente entrevista. Una lástima que haya salido del gobierno Juan Pablo Rodríguez. Ojalá lo reintegren pues es toda justicia que se reconsidere esa opción.