Publicado el 18 octubre, 2020

Luis Larraín: “Lo que se hizo en Chile el 18-O fue validar el uso de la violencia como un instrumento para lograr objetivos políticos”

Autor:

Mariela Herrera

El presidente del Consejo de Libertad y Desarrollo lanza mañana el libro “El otro golpe: 18 de octubre de 2019”. En entrevista con El Líbero plantea su visión de lo que ocurrió en esa jornada y sus consecuencias. “Se ve un movimiento insurgente que priva a un Mandatario elegido democráticamente en las urnas, del ejercicio del poder hasta el fin de su mandato. Hoy día el Presidente Sebastián Piñera tiene una fracción pequeña del poder que tenía antes del 18 de octubre”. Señala que fue un estallido político y que no le habría pasado a la administración Bachelet: “Esto solo le pudo haber pasado a un gobierno de derecha”.  Además, adelantamos un fragmento del capítulo 4 del libro.

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Mariela Herrera

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¿Por qué titular con “golpe” su libro? Luis Larraín lo explica: “Es bien simple, es un movimiento insurgente que priva a un Mandatario elegido democráticamente en las urnas, del ejercicio del poder hasta el fin de su mandato”. Y especifica: “Lo he llamado un golpe que tiene un mecanismo de liberación prolongada, como algunos fármacos, y ese mecanismo de liberación prolongada tiene el objetivo de no hacernos sentir tan duramente el golpe”.

Lo anterior no quita, advierte, el daño que provoca: “El hecho que se mantenga la amenaza de la violencia nos dice que esto puede llevarnos a una situación de inquietud y de mucho dolor para la sociedad chilena”.

El presidente del consejo de Libertad y Desarrollo presenta mañana “El otro golpe: 18 de octubre de 2019” (Ediciones LyD en conjunto con Ediciones El Líbero), donde analiza los hechos desatados tras esa jornada, tal como lo hizo Sergio Muñoz Riveros, quien señaló: “Una de las peores herencias del 18-O es el deterioro de la lealtad con la democracia por parte de los parlamentarios”, y Magdalena Merbilháa que planteó: “Lo que está hoy día en juego es la democracia”. Todos, autores de libros sobre el estallido y entrevistados por El Líbero.

Sobre esta fecha, Larraín señala: “Es una cuestión bastante paradojal hacer un llamado a festejar un día de violencia porque me imagino que festejar un día de violencia debiera contener violencia”.

-Hoy se cumple un año del estallido, algunos dirigentes llaman a “celebrar”, otros a conmemorar. ¿A su juicio que se debe recordar en esta fecha?

-Me parece al menos imprudente un llamado a una celebración de 18 de octubre porque el 18 de octubre fue un día de inusitada violencia donde se incendiaron 20 estaciones del Metro, se atacaron supermercados y se sucedió una violencia que no habíamos visto en Chile, por lo menos, desde el regreso de la democracia. Es una cuestión bastante paradojal hacer un llamado a festejar un día de violencia porque me imagino que festejar un día de violencia debiera contener violencia. 

Sobre el tema más de fondo, veo que hay dos cosas, por una parte hay gente tratando de entender estas convocatorias, hay gente que percibe que el 18 de octubre es el punto de partida de un proceso que ellos ven con ilusión y ese proceso sería el cambio a la Constitución. No hay en esta ilusión mucho más que eso, una ilusión, ¿por qué a través de cambios en la Constitución vamos a llegar a una situación que va a mejorar la situación de las personas que están esperando este cambio? Eso no está para nada claro. Entiendo que haya gente que esté esperanzada por esto, porque en política quien ofrece un cambio tiene un punto ganado. Otros miran esto con inquietud, no sabemos dónde va a ir, hay muchas cosas que son complejas como esto de la página en blanco y esta regla de dos tercios que se interpreta por muchos como que partes fundamentales que contiene una Constitución podrían quedar afuera si no se logran estos dos tercios.

Ese es el pecado original del 18 de octubre y es la cuestión hasta hoy que introduce una tremenda incertidumbre en el país porque el acuerdo por la Paz y una nueva Constitución ha avanzando en su segunda parte, pero nada en la paz”.

Aquí hay un punto que me preocupa extraordinariamente es que el 18 de octubre con la violencia que hubo en las calles y con lo que pasó el mes que le sigue hasta llegar al Acuerdo por la Paz y una nueva Constitución, lo que se hizo en Chile fue validar el uso de la violencia como un instrumento para lograr objetivos políticos. Ese es el pecado original del 18 de octubre y es la cuestión hasta hoy que introduce una tremenda incertidumbre en el país porque el acuerdo por la Paz y una nueva Constitución ha avanzando en su segunda parte, pero nada en la paz.

-¿Y cree que hoy sigue esa validación de la violencia para lograr objetivos políticos?

-Yo lo veo así hoy. Incluso parlamentarios, frente a la presentación de proyectos de ley como fue por ejemplo el retiro del 10% de las AFP, amenazan abiertamente con el uso de la violencia si es que no se aprueba una determinada ley, entonces, obviamente que está validada y lo único que lo puso “en reposo” fue la pandemia. Y no sabemos, además, cómo se va a manifestar esta violencia durante un eventual proceso constituyente si es que gana el Apruebo, porque también está, por lo menos en el ánimo de las personas que están impulsando este cambio en la Constitución, al menos dos actitudes: los que quieren utilizar la violencia sin asco y hay otros que se hacen los lesos. Dicen “esto es por un bien superior que es cambiar la Constitución y por lo tanto nos vamos a hacer un poquito los lesos que haya un poco de violencia”. O sea, el fin justifica los medios y eso es lo más preocupante para mí de 18 de octubre. Y esto puede ser incómodo lo que estoy diciendo, para los políticos es incómodo, de partida para los que suscribieron el acuerdo. Es incómodo que alguien les recuerde “ustedes suscribieron un acuerdo que lo que hace es validar el uso de la violencia para resolver temas políticos en nuestro país”. Y eso puede tener consecuencias insospechadas para el futuro.

-En esos días de violencia desatada, algunos dirigentes plantearon que ese acuerdo fue para que prácticamente el país no se cayera a pedazos. En la noche del 12 de noviembre se dijo que se estaba en la disyuntiva para salvar la democracia.

-No tengo todos los antecedentes de lo que ocurrió en esos días y salvo unas 10 personas tienen todos los datos para afirmar categóricamente qué se pudo haber hecho. Obviamente que son situaciones tensas, difíciles y es complejo decir “había que hacer esto, tampoco quiero ser injusto con el gobierno, pero lo que sí está claro es que con esa forma de actuar el gobierno también contribuyó a que se validara el uso de la violencia como método de acción política, quizás con un objetivo de corto plazo, que era superar una situación de violencia que había en ese momento, pero lo que hizo fue contribuir a validarlo en el largo plazo. Y desde ese punto de vista tampoco puede considerarse que es una acción para mantener la paz, porque la paz no se ha mantenido, no existe en este país. Acá no se abrieron las grandes alamedas para la paz de los chilenos, no. Al revés, respecto de la situación que teníamos el 17 de octubre de 2019, introdujo un elemento absolutamente pernicioso que es la validación de la violencia como método de acción política.

Es un movimiento insurgente que priva a un Mandatario elegido democráticamente en las urnas, del ejercicio del poder hasta el fin de su mandato. Yo afirmo que hoy día Sebastián Piñera tiene una fracción pequeña del poder que tenía antes del 18 de octubre”.

-Hace unos días el presidente del Partido Comunista se negó a condenar la violencia porque, según dijo, eso sería interpretado como no permitir las manifestaciones…

-Hay que reconocerle al presidente del Partido Comunista que es más transparente que otros políticos de la izquierda que tampoco condenan la violencia, o lo hacen retóricamente, pero no ponen ni un gramo de su parte para que termine la violencia. Por ejemplo, por la vía de obstruir en el Congreso los proyectos de ley para mejorar la seguridad ciudadana, el funcionamiento de las policías, etc. Si realmente tuviera esa voluntad, bueno llevamos un año del 18 de octubre ¿por qué no están aprobados todos los proyectos?

-Usted lanza mañana el libro “El otro golpe” sobre los hechos del 18-O y sus consecuencias, con un título provocador. ¿Por qué decidió llamarlo así?

-Es bien simple, es un movimiento insurgente que priva a un Mandatario elegido democráticamente en las urnas, del ejercicio del poder hasta el fin de su mandato. Yo afirmo que hoy día Sebastián Piñera tiene una fracción pequeña del poder que tenía antes del 18 de octubre. Hemos visto cómo el gobierno no utiliza las facultades constitucionales que tiene, o sea, prácticamente estamos con una Constitución que es la que nos rige actualmente, teóricamente, que no se está aplicando. Eso ocurre en la tramitación de los proyectos de ley, en los que se ignora absolutamente las disposiciones de la Constitución acerca de las iniciativas legislativas y las materias que son de exclusiva del Ejecutivo, como las pensiones, están siendo tratadas con iniciativa parlamentaria. Yo lo he llamado un golpe que tiene un mecanismo de liberación prolongada como algunos fármacos y ese mecanismo de liberación prolongada tiene el objetivo de no hacernos sentir tan duramente el golpe y efectivamente no podemos comparar los efectos que ha tenido, hasta ahora, este golpe con el del 11 de septiembre de 1973. Pero el hecho que se mantenga la amenaza de la violencia nos dice que efectivamente esta cuestión puede llevarnos a una situación de inquietud y de mucho dolor para la sociedad chilena si se sigue utilizando la violencia. 

-¿Considera que hay una renuncia a gobernar?

-Por supuesto que hay una renuncia, la hubo el 12 de noviembre. Y no hay que olvidar que todos los partidos de oposición desde la Democracia Cristiana hasta el Partido Comunista a través de una declaración pública declararon que la Constitución no era legítima y renunciaron al poder constituyente diciendo ahora que el poder constituyente estaba ahora radicado en la calle. A partir de ese día 12 de noviembre, donde empieza este golpe de Estado, el Presidente de la República también renuncia a jugar un rol y deja que sean los parlamentarios, que sea en la sede del Congreso, donde el acuerdo se firma. Y que es eso sino el cambio del poder desde quien lo detentaba hasta ahí que era el Presidente Piñera y el Poder Ejecutivo hacia otro grupo que son los parlamentarios. Si el Presidente o alguien creyó que no estaba con esto entregando el poder… bueno, lo que ha pasado desde hace un año a esta parte lo está contradiciendo absolutamente. Él ha sufrido el fenómeno de alguien que perdió el poder.

En libro me refiero a un golpe que tiene un mecanismo de liberación prolongada, como algunos fármacos, y ese mecanismo de liberación prolongada tiene el objetivo de no hacernos sentir tan duramente el golpe”.

-En una parte del libro plantea que el estallido “tiene, sin duda, algún componente social, pero es fundamentalmente, un estallido político detonado desde la izquierda”. Pero muchos dirigentes dicen que esto le habría pasado a cualquier gobierno, incluso a la ex Presidenta Bachelet. ¿Usted comparte esa mirada? 

-Estoy en absoluto desacuerdo con eso. No le habría pasado a ningún gobierno que no fuera de derecha. La izquierda, y Partido Comunista, son los que utilizan la violencia en la política. El ex Presidente Lagos dijo “esto le pasó al Presidente Piñera, pero pudo pasarle a cualquiera”. No, no pudo pasarle a cualquiera, ¿quién le iba a incendiar 20 estaciones del Metro al gobierno de Michelle Bachelet? ¿quién iba  a incendiar supermercados durante los gobiernos de centroizquierda? Nadie. La verdad es que esto solo le pudo haber pasado a un gobierno de derecha. Esto tiene una explicación política y lo desarrollo en el libro siguiendo lo que dijo Lucía Santa Cruz en una publicación que se llama ¿Pensamos tan distinto?  Ella identifica el gobierno de Bachelet y la creación de la Nueva Mayoría como un hito fundamental en el cual la izquierda decide que no va a seguir con este sistema de alternancia en el poder con la centroderecha sino que va a tratar de obtener, a través de la incorporación del Partido Comunista al gobierno, un proyecto de izquierda más radical. El gobierno de Bachelet fracasa en este objetivo porque agrava las condiciones económicas del país y no crecemos. Eso en parte ayuda a explicar por qué había tanto descontento entre la gente.

-De hecho le entrega el poder al Presidente Piñera

-Eso demuestra el fracaso de la Nueva Mayoría, es a lo mejor la coalición política gobernante de menor duración en la historia política de Chile. Pero contra este fracaso, a mi juicio, hay gente en la izquierda que decide “no podemos permitir que la derecha vuelva a gobernar” y actúan así. Ese es el Partido Comunista que dos días después de los hechos violentos que vimos pide la renuncia del Presidente de la República.

-Pero cuando se habla de “no son 30 pesos, son 30 años”, eso le afecta más a la centroizquierda que ha gobernado más tiempo en ese período que la centroderecha

-Eso de “no son 30 pesos, son 30 años” es bien paradojal porque es el período en que ha habido más progreso en toda la historia de Chile, no solo en los índices económicos generales. Son 30 años virtuosos, ahora de esos 30 años,y ahí hay una trampa, que son muy malos, que son los últimos 5 años en donde el PIB creció un 1,8% que es lo mismo que crece la población en Chile, o sea, per cápita el ingreso se estancó completamente. Y se estancó mientras las familias habían incrementado sus niveles de consumo, habían adquirido nuevos bienes, deudas. Y la frase que mejor describe esos años es “no me alcanza el sueldo para terminar el mes” y eso le estaba pasando a muchas familias chilenas y eso explica la masividad que tienen las manifestaciones después del 18 de octubre, como la del 25 de octubre. En el libro relato la manera como una cosa era funcional a la otra, la quema del Metro, de supermercados, la interrupción de flujo de la ciudad era funcional  a estas grandes manifestaciones y estas grandes manifestaciones de gente también ayudaban a la acción de los violentos.  

Creo que muchos de los ‘héroes’ de la época más virtuosa de la Concertación están fatigados, ya sea por razones de edad, de otros objetivos en la vida, etc. ya no están dispuestos a dar las peleas políticas que son necesarias dar”.

-En el libro usted se refiere a “los sectores moderados de centroizquierda, que existen y probablemente son más numerosos que los de extrema izquierda, viven un momento de pasmo y sopor difícil de entender”. ¿Cree posible un actuar luego de ese sector?

-Es un fenómeno difícil de entender. Por una parte, esta especie de fuga de la izquierda moderada de su obra ¿por qué se avergüenzan de ello cuando es la época de mayor prosperidad de Chile? No es fácil de explicar, por una parte una publicación de Marco Enríquez-Ominami que se llamaba Los héroes están fatigados. Creo que muchos de los “héroes” de la época más virtuosa de la Concertación están fatigados, ya sea por razones de edad, de otros objetivos en la vida, etc. ya no están dispuestos a dar las peleas políticas que son necesarias dar. Hoy, por ejemplo, la Democracia Cristiana es un remedo de lo que fue en los 90. Y los Alejandro Foxley, los René Cortázar, esa gente ya está alejada de las decisiones del partido.

Además, en los partidos de centroizquierda más que en los de centroderecha, no se produjo ninguna renovación, tanto que la gente joven que hay en política formaron algo nuevo que es el Frente Amplio. Pero cuando uno ve las opciones presidenciales del Partido Socialista, del PPD, es gente que está en los 80 años. Hubo generaciones enteras que nunca pudieron llegar a posiciones de liderazgo, eso también influye.

-¿Qué responsabilidad le cabe a los partidos de derecha que también se los ha visto tentados con lo que pide “la calle”? Y votan por el retiro del 10%, o se muestran “comprensivos” con las manifestaciones?

-Hay muchas razones, una es que no hayan tenido convicción, o que tu actuar en política era un actuar más por conveniencia que por convicción… También creo que ha habido una debilidad institucional en la derecha y es que la derecha ha girado en torno a Sebastián Piñera en los últimos 20 años. Eso tuvo algunas cosas buenas que permitió llegar al poder dos veces a la derecha, pero pareciera que está concluyendo mal y lo que veo hacia futuro es que la derecha tiene que construir un futuro sin Sebastián Piñera. La derecha tiene que definir mejor su identidad, no puede estar al vaivén de lo que está pasando en la calle, eso es justamente lo contrario al liderazgo.

 

EL ORO GOLPE: 18 DE OCTUBRE DE 2019

Capítulo 4. Insurgencia, de la primera línea al cambio de la Constitución

El 18 de octubre

La violencia desatada el 18 de octubre no tiene precedentes en nuestra historia, como señala Sergio Muñoz. Según información entregada en el libro Nuestro Octubre Rojo, Orígenes de un Estallido Social, editado por El Líbero el Metro fue el blanco principal el primer día. El domingo 20, la empresa reporta que 80 de las 136 estaciones presentan daños. El día 24 hay un balance más exhaustivo que revela la existencia de 118 estaciones dañadas y 35 incendiadas, de las cuales 7 están completamente destruidas. Sólo 18 estaciones no tienen perjuicios. Diez trenes presentan daños de consideración. El transporte sobre tierra no escapa a la furia de los violentos. A fines de octubre se reportan 2.049 buses vandalizados, 25 quemados, 12 terminales de buses con daños y 103 conductores heridos de diversa consideración.

Otro blanco preferente, con la clara intención de afectar la cadena de abastecimiento, fueron las cadenas de supermercados. SMU -propietario de la cadena Unimarc-, reportaba 150 locales afectados por incendios y saqueos. La cadena Líder informaba de 125 locales quemados o dañados. A la acción de los violentos se sumaron grupos de saqueadores que irrumpían en los supermercados atacados con el objeto de robar. Además de la probable presencia de los narco-anarquistas que denunciaba Waissbluth, la masividad de los saqueos lleva a pensar que grupos más amplios de la población se sumaron a estos. Personas que llegaban en automóviles de distintos precios, ingresaban a los locales y echaban en la maleta televisores y otros bienes de consumo durable llevaron a decir al Director de la Escuela de Sociología de la Universidad Católica, Eduardo Valenzuela, que eran chilenos medios los que estaban saqueando, corrigiendo así al periodista del diario La Segunda que le preguntaba por el lumpen que participaba en los saqueos.

Carabineros, por su parte, informaba de 947 funcionarios heridos al 31 de octubre y menos de un mes después, el 21 de noviembre, según lo informado a Radio Bío Bío por su General Director, Mario Rozas, la cifra superaba los 2.000, 52 de ellos impactados por balas, varios quemados con ácido y otros líquidos y muchos fracturados o policontusos. A la misma fecha, había 531 vehículos policiales y 125 cuarteles atacados. Además, se contabilizaban 229 edificios públicos dañados, 181 entidades bancarias, 30 estaciones de servicio, y más de 600 locales comerciales de otros giros con daños de diversa consideración. Más tarde, en el mismo mes de noviembre, la institución informaba de 154 cuarteles atacados y 2.171 carabineros heridos. 

Es evidente para cualquiera que vivió estos hechos en nuestro país, que el gobierno del Presidente Piñera no fue capaz de resguardar el orden público durante los dos meses que siguieron al 18 de octubre. Una de las razones para este fallo es que la estrategia de quienes se le enfrentaban fue mezclar las masivas manifestaciones de protesta, que comenzaban de manera pacífica e incluso con un ambiente festivo y carnavalesco, con la acción de grupos insurgentes que actuaban con mucha violencia y que tenían como objetivo impedir el normal funcionamiento de la ciudad. Un ejemplo característico de esta estrategia era la quema de buses y otros vehículos en arterias principales por donde debían transitar estas marchas y manifestaciones. Esta acción paralizaba el tránsito y obligaba a quienes se trasladaban hacia o desde sus lugares de trabajo a soportar larguísimas jornadas, en que debían esperar locomoción o incluso caminar largas horas para llegar a su casa. Las grandes manifestaciones convocadas en la Plaza Italia y varias en la Plaza Ñuñoa, servían perfectamente a ese propósito. Un rol central en esta estrategia la tuvo la llamada Mesa de Unidad Social, compuesta principalmente por organizaciones dominadas por el Partido Comunista, encargada de convocar a movilizaciones y que coincidieron con los días de mayor violencia en distintas ciudades de nuestro país. 

La Mesa estaba integrada, entre otras organizaciones, por la Central Unitaria de Trabajadores, CUT; la Asociación Nacional de Empleados Fiscales, ANEF; el Colegio de Profesores; la Confusam (trabajadores de la salud); No+AFP; y la Confech (estudiantes de educación superior). Convocó a paros o huelgas los días 12, 21 y 26 de noviembre, las dos últimas, después de alcanzado el Acuerdo por la Paz Social, la Justicia y una Nueva Constitución, el cual fue rechazado por la Mesa. La dinámica de estas jornadas era similar. La convocatoria fracasaba en su intento de paralizar las actividades nacionales, dado que algunas de las entidades convocadas son organismos de fachada con pocos asociados, o bien sus afiliados, por distintas razones se pliegan sólo parcialmente al paro. En este último caso están los profesores y trabajadores de la salud, que acuden en gran número a trabajar y en otros casos organizan turnos éticos. No+AFP no es una organización de trabajadores, la CUT tiene escasos afiliados en el sector privado y sólo la ANEF logra paralizar a un número importante de personas. Aunque, con excepciones como el Registro Civil o los servicios de salud, la paralización de empleados públicos por un día no afecta de manera grave las actividades nacionales.

Las convocatorias a paro de la Mesa de Unidad Social fracasaban en su intento de paralizar el país. A modo de ejemplo, recuerdo lo que sucedió el martes 26 de noviembre en que asistí a una reunión en el centro. Santiago funcionó normalmente. A las cinco de la tarde, no obstante, empezaron a congregarse jóvenes en la Plaza Baquedano y hubo una marcha de empleados públicos que congregó a seis mil personas en la Alameda Bernardo O’Higgins.

El problema era lo que venía después: junto al atardecer empezaban violentas manifestaciones en diversas ciudades del país, incluyendo saqueos, barricadas, ataques a cuarteles policiales, destrucción de bienes públicos y privados. La Mesa de Unidad Social lograba, de esta manera, esconder su escasa capacidad para paralizar el país por la vía de manifestaciones pacíficas, creando el caos y el miedo generalizado y atribuyéndolas a la protesta social, cuando la verdad es que las convocatorias a movilizarse eran, en los hechos, llamados al vandalismo, la destrucción y la violencia y tenían como objetivo la desestabilización del gobierno legítimamente constituido. Los llamados de dirigentes del Partido Comunista, incluido su Presidente, Guillermo Teillier, a la renuncia del Presidente Piñera desde los primeros días de la movilización, son una prueba más de que ésta era una estrategia de insurgencia.

En definitiva, más allá de la intención de los manifestantes, la violencia y la protesta social se nutrían la una de la otra y esa es la razón por la cual muchos políticos de izquierda fueron ambiguos en la condena de la violencia. Vieron, digámoslo, una oportunidad caída del cielo para debilitar al gobierno de Piñera hasta el límite, creyendo capitalizar en su favor el descontento.

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