La delicada situación de la industria vitivinícola ha llevado a que muchos viñedos estén siendo arrancados. Los usos alternativos se inclinan por plantaciones de frutas, pero también por la instalación de paneles solares. En donde había viñas, ahora habrá paneles. Lo grave es que se podrían colocar en lugares no agrícolas o ganaderos. Parece difícil de entender que en terrenos fértiles estemos poniendo paneles, cuando Chile pretende transformarse en una potencia agroalimentaria.
De igual forma, continúa la frenética lucha por instalar torres de generación eólicas en la zona adyacente al lago Llanquihue, uno de los lugares más lindos de Chile. Quienes llevan adelante estos proyectos son grandes empresas que, amparadas en una débil legislación, solo buscan generar energía y hacer un buen negocio. Creo que quienes llevan adelante negocios de paneles y de torres eólicas en lugares aptos para la agricultura y en lugares de gran belleza natural, le están haciendo un daño a Chile.
No se trata de no generar energía, se trata de instalar los generadores en los lugares adecuados. Para esto, es urgente que el Estado intervenga asignando zonas permitidas y zonas prohibidas.
El turismo y la agricultura, industrias de alto potencial, están siendo afectadas por la irrupción de paneles y torres. Quienes venden los terrenos para esos fines, están en su derecho, pues no hay legislación que lo impida.
La libertad tiene su límite y los planos reguladores para eso están, pero no solo en la ciudad, deben regular usos en el campo, en las montañas y en los lagos. De lo contrario llegamos a un “laissez faire” perjudicial para el país.
Hay quienes afirman que no es buena idea la intervención del Estado en esta materia. Discrepo e invito a debatir, pues Chile está primero. Las necesidades de energía y los proyectos vinculados deben ir acompañadas de un análisis sincero de los efectos colaterales que estos producen en la comunidad. El problema no solo es solo local, es nacional.
He conversado estas materias con quienes están vinculados a estos proyectos y la respuesta es que Chile requiere energía y hay que producirla. Es una respuesta miope y de efectos irreversibles para algunos sectores, pues el día de mañana cuando cambie la matriz energética, o surjan nuevas tecnologías más eficientes ¿quién se ocupará de sacar las torres y los paneles? Probablemente la empresa o el fondo que financia el proyecto ya no estará y no existirá contraparte responsable.
En la zona del Llanquihue, es muy agresivo ver cientos de torres eólicas que se interponen con la vista de los volcanes y lagos. Falta pensar en Chile y aunque algún proyecto resulte algo más oneroso o de rentabilidad algo menor, habrá que hacer bien las cosas. Si cada uno mira su metro cuadrado, no hacemos Patria. Más aún, hay empresas extranjeras, que hacen en Chile proyectos no permitidos hoy en sus países de origen. Esto huele a que todavía estamos atrasados en legislación medioambiental.
Reitero, no se trata de demorar las aprobaciones, el problema está en el marco regulatorio que es débil. Pongo como ejemplo lo sucedido con los cables aéreos en comunicaciones. Todas las ciudades están repletas de cables colgantes instalados, en muchos casos, por empresas que no existen. Y nadie los retira. Lo mismo sucede con los letreros publicitarios instalados al costado de carreteras y caminos públicos. Estos entorpecen la vista, afean el paisaje y distraen la correcta conducción. Y nadie hace algo. En España y en Francia no se permite publicidad a orilla de carreteras.
En resumen, Chile urgentemente requiere normativa moderna que impida daños evidentes al paisaje, a la agricultura y las comunidades locales. Chile está primero.

Buen punto. Tenemos un país largo y angosto con un alto porcentaje de desiertos donde no existen pueblos ni ciudades ni lagos. Entonces porque provocar daños en zonas agrícolas y turísticas ?
Que poco respeto por la propiedad. Así es como se socava el progreso, cuando las personas que deberían respetar la propiedad y la iniciativa privada invitan a que el Estado intervenga confiscando las rentas ajenas. Cualquier excusa les sirve… total no es a mi a quien expropian … vergonzoso…
Invito a mi interpelador a debatir sobre el tema. Que El Libero organice un debate y ahí nos vemos. Soy víctima de la reforma agraria, y nadie me vendrá a dar clases de propiedad privada. Lo que no quiero es que mi país se transforme en un mamarracho, en que cada uno hace lo que quiere.
La excusa para expropiar lo ajeno siempre es subjetiva y creativa. Cada cual pone la vara donde su imaginación lo invita. Un día a unos se les ocurrió expropiar los campos por «grandes»…»la tierra para el que la trabaja» decían y sabemos lo que sucedió, otro día se les ocurre expropiar el agua de riego con esloganes vacíos, como «el agua es de todos». Ahora algunos comienzan a proponerlo por estética… siempre habrá una razón, parece estar en el ADN, pero el denominador común, además de lo injusto para el dueño, es sólo uno… pobreza…