Dicen que Quidico viene del mapudungún «agua solitaria». También dicen que Quidico alguna vez fue una localidad “cosmopolita”, “el paraíso”, “el lugar más lindo del mundo” y hasta un hogar. Pero esa descripción se apagó. La acallaron las ráfagas de disparos que retumban todas las noches. La serenidad que una vez hubo en este balneario ubicado a 141 kilómetros de Temuco y a 190 de Concepción, fue reemplazada por la tensión de las vigilias nocturnas: desde 2019 son 72 las viviendas que han sido arrasadas por las llamas -la última, este fin de semana- y nadie quiere ser el próximo en la lista de atentados perpetrados por los grupos radicalizados que operan en la zona y que ocupan la causa mapuche para llevar a cabo su actividad criminal.

En Quidico se vivía de la pesca artesanal y del turismo. En sus años de gloria el balneario era utilizado para la práctica del windsurf y era constante la visita de extranjeros que llegaban hasta ese punto al norte de la comuna de Tirúa empujados por el viento.

“Quidico estaba dentro del circuito internacional de windsurf, era muy visitado por nacionales y extranjeros y eso pasó a cero, ni siquiera un porcentaje mínimo, a cero, porque es lejos el lugar más peligroso del país en este minuto”, afirma Fernando Fuentealba, presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo de la Macrozona Sur.

Él mismo se instaló en Quidico en 2004 para regentar el Hotel Curef. Pero las balas lo apartaron y su hotel fue incendiado hace pocas semanas. “Mi auto está baleado por todos lados. En cualquier minuto me pueden asesinar y voy a engrosar la lista de asesinatos a sangre fría en la zona”, dice a El Líbero.

La purga de Quidico

De acuerdo con el Censo de 2017, en el sector había 1.849 habitantes. De ellos, 1.017 estaban en el área urbana y 832 en la zona rural. Para ese entonces, se contabilizaban 815 viviendas: 508 urbanas y 307 rurales.

No obstante, quienes viven o vivieron en Quidico no dudan que esas cifras hayan mermado.

Bienvenida Chávez Troncoso quizás fue una de las primeras en escapar de ahí por la quema de su casa, el 22 de julio de 2019. Esa noche lo perdió todo.

Su domicilio era descrito en las noticias de entonces como una “cabaña de veraneo”, pero ella aclara que era su residencia permanente, que esa noche no estaba porque tuvo que ir a Santiago y que además era su medio de sustento pues vivía de las flores que allí producía.

“Nosotros construimos la casa, la estuvimos construyendo hasta que la quemaron. Después me robaron el portón de entrada, me cortaron los árboles y el cerco vivo”, señala. Ahora, a la distancia, afirma: “En buena hora yo no estaba, porque sino me habrían quemado adentro”. 

Ahora su terreno, ubicado en altura, en una zona estratégica, es utilizado por estos grupos radicalizados para disparar a los caminos. Bienvenida no puede volver siquiera a ver los escombros. “La única vez que fui, después de la quema, siempre nos siguieron tipos con armamento”, dice.

José Arriagada: «Nos quemaron todo. Quedamos en la calle»

José Arriagada y su esposa debieron huir de Quidico el 6 de agosto de 2020. Ambos son adultos mayores y compraron la casona conocida como «El Castillo» para su retiro junto a su hija de 10 años de edad. “Solo un año alcanzamos a ocuparla. Hasta que nos echaron a balazos”, asegura José. La pareja y la niña estuvieron 10 minutos escondiéndose de los disparos.

“Estábamos tranquilos, tomando once, cuando empezamos a sentir que se rompían las ventanas. No sabíamos qué pasaba. Hasta que nos dimos cuenta que había un grupo, como de 20 personas, afuera; encapuchados que estaban disparando hacia la casa. Mi señora salió con las manos en alto para preguntar qué pasaba. Al final, nos permitieron subirnos al auto, pero antes le cayeron a balazos. Arrancamos, con el auto hecho pedazos y desde lejos vimos cómo quemaron la casa entera”, relata el hombre.

El escape fue tan rápido que no pudieron llevarse nada consigo. Se quedaron solo con lo que tenían puesto. Y nunca más han vuelto. “Fue muy traumática la situación. Nos quemaron todo. Quedamos en la calle”, dice.

El balneario que se transformó en «infierno»

Una mujer que tuvo su casa allí hasta hace pocos meses y que por seguridad prefiere resguardar su identidad sostiene que Quidico es “invivible”, “un infierno”. Ella y sus hijos pequeños abandonaron el sitio en el que habitó por casi dos décadas con $260.000 en el bolsillo. Todavía no se afirma económicamente pero señala que la paz no tiene precio.

“Teníamos una casa grande, hermosa. Hace un par de años la pusimos en venta, pedíamos 40 millones, y nos ofrecieron 37, pero mi mamá estaba tan arraigada al sector que no quiso vender. Ahora nadie arrienda y nadie compra y los comentarios que hace la gente cuando se publica la propiedad es si ‘viene con seguro de vida’”, lamenta.

El punto de inflexión para ella ocurrió hace un año y medio, cuando los proyectiles que caían en el techo de su casa la obligaron a meter a sus hijos debajo de la cama.

“Una noche en Quidico puede ser el infierno. Puede haber hasta cuatro incendios en simultáneo y los tipos comienzan a disparar para que no puedan llegar los bomberos o cortan las rutas con árboles para que no puedan pasar los bomberos, ni carabineros. Hace un tiempo quemaron una casa cercana a la nuestra ubicada en la ladera de abajo, el calor comenzó a subir, y estaban disparando. Si no llegaban los bomberos nos quemábamos todos”, cuenta a El Líbero.

Desconectados

“El terrorismo y el narcotráfico acabaron con todo”, resume la mujer. Relata que además en el sector están “totalmente aislados”. En junio de 2020 desconocidos derribaron con explosivos una antena de telefonía, perteneciente a la empresa Claro, que se ubicaba en el sector La Puntilla en la caleta Quidico. Desde entonces las comunicaciones son malas.

Pero este no es el único servicio que se ha visto afectado por la violencia. En abril de 2021 el Centro Comunitario de Salud Familiar (CECOSF) de Quidico estuvo cerrado durante dos semanas cuando los funcionarios del CECOSF de Tirúa anunciaron un paro indefinido, debido a que eran víctimas de amenazas, violencia y amedrentamiento. Y la gota que colmó el vaso fueron las agresiones que sufrieron cuando llegó un comunero herido.

La Escuela Ana Molina de Tranaquepe, un sector cercano a Quidico, ha sido quemada dos veces en menos de dos años. En 2020 también ardió la escuela municipal G-434 ubicada en la localidad de Cerro Negro, al sur de la comuna de Tirúa. Y la Escuela Mapudungun G-857, en el sector San Ramón de Tirúa, también se incendió.

Con el transporte las cosas no son mejores. Cuentan que ante los cortes de ruta, muchas veces los buses solo llegaban hasta un punto de la carretera, y luego ellos debían caminar dos, tres y hasta cuatro kilómetros, “por el bosque, de noche, porque eran demasiados los árboles atravesados en el camino”, cuenta la mujer que huyó del sector junto a sus hijos.

Asimismo, los dueños de los almacenes deben ir a Cañete u otros lugares a comprar para abastecerse pues los proveedores se niegan a llegar hasta allá. “Quidico es un terrible ejemplo de lo que está pasando en la Provincia de Arauco. Está solo a 190 kilómetros al suroeste de Concepción. Estamos a menos de dos horas y hoy día allí no existe Estado de Derecho, porque no existe. Esa zona está absolutamente tomada”, afirma Álvaro Ananías, presidente de la CPC Biobío.

“Quidico es un ejemplo de cómo el terrorismo y la violencia pueden absolutamente dejar sin actividad, como un pueblo fantasma, a un lugar que tenía potencial desde el punto de vista de la pesca y del turismo; donde había cabañas, hosterías, hoteles costeros y hoy día no hay nada. Los dueños de esas propiedades están tratando de vender porque ya no tienen nada que hacer con eso, pero tampoco pueden porque quién va comprar una propiedad ahí. Es terrible para la gente que ha emprendido en esa zona el resultado con que se encuentran. Y el Estado está bastante inmóvil frente a esto”, subraya Ananías.

El representante gremial señala que han tenido reuniones con empresas asociadas, entre ellas las de telecomunicaciones, que admiten que no se atreven a entrar a hacer reparaciones en la zona, lo que afecta por ejemplo los pagos con tarjetas de crédito o débito, pues transbank necesita internet para funcionar. De hecho, una de las personas que vivía ahí dice que perdió su empleo que podía desempeñar a distancia gracias a internet.

“Quidico es un ejemplo muy duro de cómo está pegando esta realidad y cómo está absolutamente muerta esa zona desde la perspectiva del desarrollo económico”, asevera el presidente de la CPC Biobío.

El asedio al retén de Carabineros

La Multigremial de la Araucanía elabora hace casi una década el Barómetro de Conflicto, primero de la IX Región, y ahora de toda la Macrozona Sur. La instancia contabiliza 109 hechos de violencia registrados en la comuna de Tirúa desde el año 2018; siendo 2021 el período más violento y con “una tendencia a aumentar”.

De acuerdo con la clasificación que realizan, los sucesos que más se repiten son el atentado incendiario (56% de los hechos) y el atentado contra la autoridad (17%), categoría que agrupa los ataques armados a carabineros y fuerzas de orden público en general.

Datos de la policía uniformada dan cuenta de que desde la creación del Retén de Quidico en 2019 los oficiales allí apostados han sufrido 10 ataques: tres en 2020, tres en 2021; y cuatro en lo que va de 2022 (tres de esos sucesos ocurrieron en los cinco días que van del 28 de abril al 2 de mayo).

El coronel Juan Pablo Ureta, jefe del Departamento de Operaciones de la Octava Zona, señala que el Retén Quidico “ha sido objeto de ataques por parte de personas que nosotros catalogamos como irresponsables e inescrupulosas porque cuando atacan a Carabineros de Chile, a un cuartel que está rodeado por inmuebles, incluso un jardín infantil, cerca de un CECOSF de salud es absolutamente irracional”.

Ureta agrega que “este tipo de irresponsables, delincuentes, lamentablemente no tiene ningún apego a la vida ni a la responsabilidad que conlleva el uso de armamento de cualquier tipo. Desde el momento en que atacan a Carabineros ellos no están poniendo en el centro a la persona; a la comunidad que acude al retén de Quidico por cualquier situación; por violencia intrafamiliar, a realizar una denuncia, a requerir alguna intervención con algún estamento público (…) por suerte no hemos tenido lesionados, ni lesionados civiles que viven alrededor”.

Y aunque la policía está presente en la zona y los habitantes de Quidico, o quienes han tenido que huir de allí, reconocen su tarea; no creen que vayan a tener mayor incidencia en que los atentados se detengan y mejore la situación.

“La gravedad de este asunto no se soluciona como dice la ministra o el subsecretario de Interior, entregando una camioneta blindada. Si no tienen el respaldo político y no pueden responder a los ataques porque si hieren a alguien lo más probable es que ese carabinero termine siendo sumariado y expulsado de la institución porque le aplican los derechos humanos a los grupos terroristas y no hay apoyo de los policías. Están allí como verdaderos ‘patitos de feria’ soportando los ataques armados, que son gravísimos. Imagina cualquier persona en su trabajo que deba soportar eso. Nadie aguanta. Allí hay un daño psicológico enorme hacia los funcionarios”, reclama Fernando Fuentealba.

La analogía de los policías del retén como “patitos de feria” es extendida entre las víctimas. Otra de las fuentes que prefiere el anonimato -que estaba construyendo en Quidico su primera vivienda, pero una quema no lo dejó siquiera inaugurarla, y perdió así todos sus ahorros- lamenta que la policía en la localidad “sirve para poco y nada”. “Son buenos tipos, que están de manos atadas. Es una broma cómo se trata a la autoridad, si a la policía van a darle tiros qué queda para el resto. La policía tiene la voluntad, pero no las herramientas”, señala.

Sobre esto, el coronel Ureta responde: “Los carabineros han sido muy responsables y muy respetuosos, primero, de los derechos humanos de todas las personas y; segundo, porque el poder de fuego que nosotros tenemos es bastante asimétrico comparado a lo que actualmente tienen estos delincuentes que le disparan a carabineros, al retén y a otras personas. Si quisiéramos hacer uso del armamento que el Estado nos entrega la verdad es que podríamos tener un impacto muy, muy fuerte en contra de las personas que nos disparan; pero como institución somos sumamente respetuosos”.

Continúa el encargado de Operaciones de la Octava Zona: “Estas personas son absolutamente irresponsables al hacer uso de armamento de fuego, a diferencia de nosotros que el armamento fiscal lo ocupamos en determinada circunstancia y bajo parámetros legales. Los lesionados que ha habido en Quidico, Tirúa, en la ruta P72S no discriminan entre carabineros, funcionarios de la salud, civiles (…). Entonces, las víctimas de los delitos de fuego son de parte de estos desadaptados que no quieren que la comuna de Tirúa y el sector de Quidico tengan tranquilidad y tengan un desarrollo económico para las personas que viven ahí”.

El oficial señala que además del retén de Quidico, en el área se encuentra la Subcomisaría Territorial de Tirúa; emplazada a metros de la Municipalidad de Tirúa y, desde hace un año, también existe una Subcomisaría de Control de Orden Público Rural, ubicada en el mismo sector, que “viene a atender la demanda y necesidades de violencia rural y a cumplir ciertas misiones encomendadas por la Fiscalía local de Cañete o la Fiscalía de Alta Complejidad”.

¿Por qué Quidico?

El hombre que perdió su casa antes de lograr inaugurarla es lapidario con respecto al destino del balneario: “El peor Quidico está por conocerse, porque Quidico todos los días está peor. Ir ahora para allá es una pena muy grande”. Afirma que la destrucción del sector no ha sido solo en las estructuras, sino que también en la moral de sus habitantes.

Lo destruyeron desde adentro, en lo moral, social, cívico, espiritual. Anulan a las personas, porque ahora todos viven en terror. Yo no sé si se podrá recuperar porque el abandono es tremendo, y a la gente le quedan pocas opciones: o te vas, o te quedas y te unes, o te quedas y te escondes, o los enfrentas, y no conozco a nadie que los haya enfrentado”, señala.

José Arriagada resume esa destrucción del espíritu en una oración: “Cuando te queman todo, se llevan tu historia de vida”.

Ivonne Iubini también lo perdió todo. “A nosotros nos cambiaron la vida. Somos 671 víctimas, incluyendo a personas que han muerto. En la fundación hay 21 y en total son 56 fallecidos”, dice Iubini, aludiendo a la Asociación de Víctimas del Terrorismo de la Macrozona Sur.

En su caso, tras padecer cinco atentados entre 2020 y 2021, incluyendo que le hayan puesto un fusil en la cabeza, y luego, tras dejarlos pasar en auto igual les dispararan y la bala pasara a cinco centímetros de la cabeza su hijo; así como la quema de su propiedad y disparos a su hostería en plena madrugada; optó por irse. Pero de Tirúa salió solo con su vehículo y lo que llevaba puesto. Desde entonces solo ha vuelto a escondidas, disfrazada para poder entrar y salir.

Todos ellos al ser consultados sobre las razones por las cuales a Quidico le ha tocado ese destino responden que es por la ubicación estratégica que permite “ingresar armas o sacar drogas”, afirma Iubini.

“La teoría que hay es que justamente parte del armamento que se ingresa al territorio se ingresa por Quidico. Lanchas de alta velocidad bajan con estos armamentos hasta la Isla Mocha y de Isla Mocha se despliegan por Quidico. Esa es una teoría. No hay una confirmación. Eso es lo que se baraja. Es muy curioso. Por qué Quidico, si es una caleta de pescadores”, señala Fuentealba.

Además, recuerda que “sí hay un caso confirmado de que cuando pusieron la camioneta con explosivos en el Puente Lleu Lleu los grupos arrancaron por la playa y salieron por Quidico. Teorías hay muchas, pero lo medular es que es un lugar donde no se puede vivir. Esa es la realidad”.

Dicen que en la zona opera la Coordinadora Arauco Malleco (CAM), la Resistencia Mapuche Lavkenche (RML), y la Weichán Auka Mapu (WAM). Existen otras organizaciones que actúan en la zona como Los Huellanos, a la que se dice pertenece el ex sacerdote jesuita Luis García-Huidobro.

“Nosotros lamentamos como gremio de la VIII Región cómo se ha dejado estar esta situación. Hoy se habla de diálogos, de esperar diagnósticos, pero en el fondo si bien hay temas que conversar en relación a la causa mapuche, lo que está pasando en Quidico y en la Provincia de Arauco va mucho más allá de eso; detrás de eso hay bandas que de alguna forma están en el robo de madera, el tráfico de drogas que están atrincheradas en esa zona y nadie puede entrar. Tienen tomada esa zona. Es como un territorio dentro de nuestro país aparte”, plantea Álvaro Ananías.

En ese sentido, hay quienes incluso comparan Quidico, con Temucuicui, por la peligrosidad y por la ausencia del Estado.

Sobre la existencia de actividades ilícitas en la zona, el coronel Ureta señala que “todo este tipo de rumores o informaciones son investigados y todos los antecedentes son puestos a disposición de la fiscalía”. Además, hace un llamado a las víctimas a que hablen con la Fiscalía, pidan la reserva del caso y aporten este tipo de antecedentes o se acerquen a carabineros.

“Cuando iniciamos una investigación policial formulamos diferentes hipótesis, y no solamente el tema de la internación de armas puede estar presente; puede estar la ley de drogas, puede estar el hurto y robo de madera, las usurpaciones, los delitos de incendio», dice Ureta.

«Toda información se investiga a través del Ministerio Público que es quien lidera la investigación penal y nosotros prestamos todo el auxilio de la fuerza pública y vamos a seguir investigando esta y otras hipótesis que tenemos pendientes”, agrega.

Pero las víctimas además apuntan que el Gobierno debe dejar de dar señales confusas. Para Bienvenida Chávez el Estado de Chile debe responder por sus pérdidas. “Ellos no podrían actuar si el Estado no lo permitiera. Han sido cómplices. El Estado no puede ser incapaz de proteger un lugar. Aquí no han querido tomar el toro por las astas”, reclama. Y no teme dar su testimonio porque, señala, “quiero ser una persona visible para el Estado. No un número más que sacaron de ese lugar”. Mientras tanto afirma: “Quidico es ahora un pueblo fantasma”. Y la soledad que hay en su nombre se hizo realidad.

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