Esta semana la idea de legislar la reforma de pensiones del gobierno se tomó todas las ideas, o casi todas. Una toma no violenta, como diría nuestra panzer de plumavit, pero toma al fin. Y es que nuestros honorables, siempre tan laboriosos, querían dejar esto semi listo antes de ir a lanzarse a nuestro generoso y gélido mar y abandonarse a los placeres de los barquillos, cuchuflís, palmeras y pan de huevo. El espectáculo que nos ofrecieron, una vez más y como ha sido la tónica estos últimos años, o década a estas alturas, tuvo de todo lo que debe tener un buen final de temporada; villanos y menos villanos, suspenso, rencillas, rencores, venganzas y acuerdos de último momento. Igual, no digamos que alcanzó más sofisticación que cualquier episodio de Scooby-Doo, todos sabíamos lo que iba a pasar al final.
La nota frenteamplista estuvo a cargo del diputado Diego Ibáñez, ese humorista involuntario que nos hace abandonar cualquier ilusión de haber sido un país serio alguna vez. Nuevamente, este representante de lo más granado del FA y el octubrismo filosófico, con la impudicia que les conocemos le espetó a los diputados demócratas que no le temieran a la senadora Rincón, atacando su pasado vinculado a las AFP. La aludida se indignó desde su not palco y bueno, todo tuvo el tono de opereta que cabría esperar por innecesario y absurdo, ya que a esas horas el gobierno había llegado a un acuerdo con los mentados demócratas. Ibañicosas.
Pero dejando de lado la anécdota, esta nueva performance de la política dejó para variar todo que desear. Dado que sus diagnósticos, soluciones, vueltas largas y metidas de pata han sido tan profundas, reiteradas y lesivas para Chile estos últimos años, uno esperaría algo más de pudor. Uno en el fondo es una romántica. Antes de proseguir, en este punto, debo decir, dado que soy regüena para mandarle paipazos literarios a la derecha, que hay que celebrarles en esta ocasión el haber votado alineados Chile Vamos y Republicanos ¡Bien, por la chita! ¡Por fin! ¿ven que se ven más bonitos así? A Dios lo que es de Dios y al César que lo dejen bailar.
No es la derecha la inspiradora de esta semana, son los así llamados partidos bisagra, que fueron los que dieron este pequeño triunfo al gobierno. Antes, digamos que esta cosa de “la idea de legislar” confunde un poco porque uno se imagina que alguien lanza, justamente la estupenda idea de legislar, en este caso sobre las pensiones. Mira qué lindo ¿qué podría tener de malo eso? Y no poh, porque falta el apellido, es la idea de legislar este proyecto particular que presenta el gobierno, de esta y no otra manera.
Entre que se me van a acabar los caracteres y siento en mi corazón, que una columna de sátira no es la instancia para analizar en detalle porqué es malo este Frankenstein previsional. El Líbero ha dado tribuna a gente seca a este respecto. Baste decir que no sólo es problemático el porcentaje con el que se reparte el famoso 6%, es la letra chica que trata sobre detallitos como en manos de quién estará la administración de estos fondos lo que debiera preocuparnos aun más. Por algún motivo, ni las encuestas, ni el éxito de iniciativas como “Con mi plata no”, ni el 4S (¿se acuerdan? fue hace una vida) parecen importar a esta nueva bisagra política.
Y luego, esos enojos impostados, que más recuerdan a payasos a charchazo limpio, por quién puede atribuirse el cambio de las tablas de mortalidad… ¿en serio? ¿De nuevo con eso? Si ustedes saben qué no es eso. Pa’ la otra lleven un ring, disfraces y se agarran a sillazos. Parece más digno.
De todo, dos cosas resultan especialmente preocupantes; uno, que en verdad se siga repitiendo esta idea de que hay que legislar como sea, llegando a los acuerdos que sean porque de aquí sacamos algo como que me llamo Xime… Se nos ha propuesto un buenismo beatífico, (uno sospecha, más hacia el gobierno que hacia los pensionados presentes y futuros) que explicaría esta inclinación a legislar apretando los dientes y sugiriendo que en el camino se va estibando mejor. Hay que sacar algo, lo que sea. Y así es como terminamos con un Transantiago, ese gatito con dientes de sable al que nadie ha podido ponerle cascabel alguno. La segunda, es que tal y como en los barrios hay una señora bisagra que sapea y juzga a vivos y muertos por igual desde la ventana o la puerta, parece evidente que esta nueva bisagra también se ha enredado en cotilleos y pactos ¿electorales? Muy probablemente, ¿su carguito? Porqué no.
De otra manera no se entiende ni se puede creer que genuinamente hayan considerado que este proyecto que hace justamente lo que los chilenos no quieren respecto de sus fondos de pensiones, les haya parecido siquiera razonable. O que con un poquito de maquillaje se podría arreglar… el pobre está pa’cirugia y si me apuran, pa’autopsia.
Esta pitonisa halla que esta nueva bisagra, cruje y se entrampa en exactamente las mismas mañas de la vieja bisagra, y si bien, nos dirán que es buena política, transitan por un camino peligroso si no se dan cuenta de qué es justamente lo que la ciudadanía no quiere, ni respeta. Es el mismo viejo proceder en que respiran el mismo viejo aire viciado, aplaudiendo los mismos viejos remedios, sin darse cuenta. Harían bien en aceitarse y abrir para que entre un poquito de aire y en una de esas, hasta puedan escuchar a Chile.
