No sé ustedes, yo por estos días me encuentro en un bucle de agobio con la contingencia, esa sensación de los días nublados, pero con calor, el deseo intenso de que ya sea 18 y el inicio de mi relación tóxica con la primavera ¡Me encanta! Me encantan las flores, los aromas ajazminados, pero la alergia me tiene ronca, y hablando como algunos políticos con la nadiz tapadda ¡Ah! Y me carga el cambio de hora, no me he hallado, no me encuentro, tengo sueño, me opongo, ¡rechazo! Pa’ no perder la costumbre. Hablemos de otras cosas, no necesariamente más alegres, pero en una de esas, podemos encontrar fábulas modernas que nos sirvan de algo.
Hace un año escribí una columna sobre el asesinato abyecto de Charlie Kirk, el activista conservador que iba a debatir a las universidades gringas, ¿se acuerdan? Yo seguía al Charlie, me parecía brillante y a un año de su asesinato, tengo la terrible sensación de que EE.UU. perdió demasiado con su muerte. No solo en lo humano, desde luego, pero, ese hombre iba a ser presidente y probablemente muy bueno. Una bala cobarde quiso otra cosa. Pero, veamos qué pasó después, porque, insisto, hay fábula aquí o tragedia griega, o comedia, pero a lo Dante, no sé, decidan ustedes.
Tras su muerte, hubo una especia de despertar espiritual, especialmente entre la gente joven, una resistencia que los acercó a la religión y a la figura de Charlie Kirk. Su viuda asumió la cabeza de su institución-legado, Turning Point USA, manteniendo el sello de diálogo dirigido a la gente joven. Hasta ahí, vamos bien, siono. Íbamos porque a poco andar (espeluznantemente poco) se juntó el hambre con las ganas de comer; la “derecha” podcaster enfrentó dos problemas con una indignidad impactante. El primero, se dieron cuenta de que el triunfo de Trump les guaneaba el negocio. Claro, siempre es más fácil y divertido ser oposición. En todas partes del mundo; todo fluye mejor cuando uno está criticando al adversario, desde la legitima y fundamentada crítica política, pasando por la sátira (voy a ejercer mi derecho a guardar silencio) hasta el siempre menospreciado (en público) pelambre. Claro, el problema es cuando “su click es mi sueldo” y las visualizaciones empiezan a mermar. La naturaleza humana y lo que estamos dispuestos a hacer por plata, nada nuevo bajo el sol ¿Elegante, digno? No, más bien cuma, pero esperable. El segundo problema que enfrentaron es que se quedaron sin la figura de Charlie Kirk, que probó ser no solo un unificador del sector, también un moderador de ciertas pulsiones que son bastante transversales. Charlie era una especie de dique que contenía a los desquiciados y mantenía alineados a los que estaban al borde de la locura. La tormenta perfecta. Entonces un segmento de estos podcasters empezó a buscar nuevos enemigos, nuevas teorías conspirativas hasta incluir el asesinato de Charlie Kirk. Decidieron homenajear a su amigo (¡chis!… con esas amistades…) sembrando un manto de duda sobre la autoría del crimen, pese a existir un autor confeso. Claro, el morbo hizo su parte y se forraron culpando de su muerte a: Israel, Francia, las abejas (¿?), los mormones, los aviones egipcios (¿? de nuevo), un micrófono explosivo, clásico del Mossad, los masones, la CIA y lo más miserable de todo, a su viuda y sus amigos. La evidencia presentada para estas acusaciones va desde sueños (no es broma) a sensaciones, vibras (tampoco es broma) a la cantidad de estudiantes con sweaters marrones ese día. De nuevo, no es broma.
Uno podrá decir, bueno, loquitos de internet, perversos, meretrices del click, han existido en algún formato, siempre. El problema es que cambiaron el foco de atención completamente hasta lograr jibarizar y enlodar el legado de un hombre valiente que dio una pelea por la cultura impecable.
Aun falta mucho para que el juicio suceda, pero el caso fue acogido (la evidencia es arrolladora) y su asesino arriesga la pena de muerte.
Pero independiente de lo que pase, queda este agobio, esta frustración de haber tenido un momento importante, épico, emotivo de volcarse a las cosas buenas y trascendentes que fue completamente vulgarizado y corrompido por un par de dólares y clicks. Y ahí está la fábula, o la tragedia de nuestros tiempos. Vivimos en esta confusión, en este espejismo de la vida virtual que es una cloaca suelta al mundo para la perdición de las almas.
Por cierto, la izquierda celebró el aniversario de su muerte exactamente como se lo imaginan. Grotesco, asqueroso, pero lo más desolador, es que haya un segmento de la “derecha” que se unió a ellos de alguna manera por pura codicia, poder y figuración.
Algunos dirán, “ya, pero, estamos en Chile, qué nos importa esto a nosotros”. A quien ha observado los últimos 36 años de Chile, al menos, debiera importarle. Y debiera importarle a cualquiera que observe la naturaleza humana con detención; cambia el idioma, pero los libretos son parecidos.
Esta pitonisa, ruega, de todo corazón por justicia para Charlie y su familia y porque su legado no se pierda en el silencio y la mugre. Y ruego también por Chile, porque el agobio, la desidia y la frivolidad no nos obnubilen y no sea que tengamos que aprender estas lecciones una y otra vez como girando en los círculos del infierno que nosotros mismos construimos.
