Mi columna iba a ser muy diferente. Les iba a contar de mi primera incursión al Asia, figúrense. De mis peripecias y desventuras horarias, de lo increíble que es Japón, de como ya me creo Marco Polo, etc. Sin embargo, algo pasó, tranquilos que no les voy a hablar del debate más fome en la historia reciente de Chile. No los voy a revictimizar con eso, solo permítanme decir que el arte milenario del debate no es uno que se cultive en Chile y lo dejamos hasta ahí, somos gente ocupada.
No sé qué día, porque estoy francamente golpeada con esto de saltar de huso horario en huso horario, pero me encontraba haciendo la maleta para volver a Chile y me puse a escuchar de fondo a Charlie Kirk, lo sigo hace años. Seguía. Recuerdo haber pensado que estaba más habiloso, como más reflexivo, sofisticado, qué sé yo. Pasa eso con Charlie, que uno lo veía mejorar en tiempo real, en muy poco tiempo. Pasaba. Pero nada, o sea, escuché a otros podcastsers que me gustan, logré la maleta perfecta (23.00 kg) y boarding pass. Nos fuimos. Diez horas de vuelo después, aterrizada en EE.UU. recupero señal y veo los mensajes de mi mejor amigo desde el otro lado del mundo. Con diferencia de minutos entre ellos, primero daban cuenta de que Charlie Kirk había sido herido y el último, de su muerte. Yo que me autopercibo dura me pegué mi lagrimón. Y es que resulta irreal la muerte de esa abyecta manera de una persona tan llena de energía y de vida. Gracias a estas circunstancias, me salvé de ver los snuff videos que circularon en todas las redes sociales del momento exacto de su muerte, en un acto de degradación moral y espiritual más de las redes sociales. Nadie necesita ver eso. No los voy a ver, por tres motivos; el primero, porque recordarlo así, es un triunfo para su asesino; segundo porque siempre me ha parecido que hay algo profundamente íntimo en el morir de las personas, que no nos pertenece, más aún en estas circunstancias y tercero porque me parece aberrante que esas imágenes queden flotando en un algoritmo sin alma para martirio de su familia.
Con espanto, pero sin sorpresa constaté que algunos celebraron su muerte. Y no elegí esa palabra al azar, festinaron, rieron, cantaron y la verdad, uno se empieza a quedar sin adjetivos y los únicos que van quedando son simples y nos llevan a una pelea antigua entre el bien y el mal. Para qué les digo el espectáculo de la así llamada mainstream media. Se los resumo; bueno, quien lo manda a esparcir “discurso de odio”, cosechó lo que sembró, o incluso, el equivalente intelectual a nuestro diputado Winter salió con que capaz era uno de sus adherentes de ultraderecha celebrando con su arma y se le escapo un tiro. Les juro. En Chile se trataba de una figura más bien desconocida y vi algunos titulares que por supuesto dejan todo que desear. Entonces, déjenme contarles quién era Charlie Kirk y qué hizo para merecer su ejecución pública.
Bueno, Charlie era cristiano, conservador y sostenía ambas posiciones públicamente. Ya con eso se ganó al tiro sus amenazas. Cofundó Turning Point USA en 2012, para promover sus ideas entre los más jóvenes. Sí, esa generación que todos daban por perdida y capturada en las garras de ese neomarxismo postmoderno disfrazado de cosas buenas y bonitas al que llamamos wokeismo. Y lo hizo yendo a debatir a los campus universitarios de todo el país, a todos. Se sentaba con su mesita y su silla, un toldo porque el hombre era paliducho y una botella de agua con la que jugaba como don Mosciatti con sus papelitos, pero un poco menos desesperante. Frente a él se instalaba un micrófono y quien quisiera podía debatir. Pueden ver los videos de esos debates en Youtube. Jamás recurría al insulto, la descalificación o el maltrato. Yo al menos tampoco, jamás lo vi enojado. Claro, tenía las posiciones de un conservador gringo, en particular, parece que el amor por la segunda enmienda parece ser difícil de digerir por estos lados. Pero eso es saltarse casi casi los 250 años de historia y cultura gringa. Además, estaba en contra del aborto, creía que lo mejor para EE.UU. era volver a abrazar sus valores más tradicionales, ah y estaba en contra de la ideología de género. Decía el Charlie; “Se te ordena hacer algo productivo con tu vida: dar, arriesgarte, producir y sembrar en los demás. Esa es una idea bíblica que ha hecho del mundo un lugar profundamente mejor”. ¿Tu cachai lo que es pararse en un estadio lleno de generación Z a decirles eso? Bueno, pero Charlie era especial, a los 18 años decidió lanzarse solo a hablarle a su país que veía perdido. Autodidacta, fue mejorando en todo, hasta ser a sus 31 años cabeza de una organización con mil empleados, seco pa los debates y pa recaudar fondos (que es fácil arriscar la nariz, pero alguien tiene que pagar la cuenta, de amor todavía no vivimos). Siempre me llamó la atención de él que, a diferencia de otros en el mismo espacio, él era feroz contra las ideas pero gentil con las personas. Incluso cuando se trataba de burlarse del prójimo cuando se pone tonton, él siempre trataba de explicar las circunstancias de dicho prójimo. Acusome de preferir la sátira, verbigracia esta columna dominical. Pero el Charlie era de esas personas buenas, ¿han conocido? Es súper fome pelar con ellos. Claro, muchos dicen que Charlie conquistó el voto joven para Trump y que era muy conservador, ponte a veces preguntaba “¿qué es una mujer?” (spoiler alert, no existen las mujeres con pene). Esos, mis queridos lectores, son los crímenes de Charlie Kirk, por los que fue asesinado frente a miles de personas.
Qué terrible tener que hacer esta pregunta, pero, ¿qué hace distinto el asesinato de Charlie Kirk de otros hechos de violencia política? Porque, claro, no nos hagamos los lesos, yo a mis amigos gringos los quiero mucho, pero son como tontos pal magnicidio. Uno se descuida y ¡pah! Se pitiaron a un presidente, o senador, o político. La diferencia es que Charlie no era candidato a nada, lo suyo era un activismo contracultural en terreno contra una izquierda viperina que en pocos años pasó de policía del pensamiento con su corrección política a derechamente totalitaria con su cultura de la cancelación y ahora muta una vez más. Y es que todos los discursos tipo “control de armas”, “bajemos la intensidad del lenguaje político”, etc… Todo aquello se va a quedar corto porque lo que tenemos aquí es una manera de pensar arraigada como maleza en ciertas mentes. Esta es la conclusión natural de linchar a alguien en las redes sociales, de deshumanizar al adversario hasta volverlo enemigo. Si vivimos en una cultura egótica, en que el Yo es la medida de todas las cosas, intelectual y moralmente y alguien con sus ideas y su pertinacia en expresarlas amenaza de alguna manera este Yo voraz, ¿qué detiene a los más zafaditos de eliminar esa amenaza?
No había en Charlie un átomo de odio. No sé, puede que yo sea muy fascista pero sí me parece bastante más odioso volarle la mitad del cuello a una persona. Por si quedan dudas, su asesino grabó en los casquillos “Hey fascist, catch!”.
Se preguntarán ustedes, ¿en qué está la horda de fascistas que veía en Charlie Kirk a su líder; quemándolo todo, saqueando? Haciendo vigilias por él y su familia, en eso están.
Si alguien cree que este tema nos queda muy lejos, no ha estado poniendo atención a la violencia política que anda suelta por el mundo, como caso más reciente, pregúntenle a los colombianos por el asesinato de Uribe. Pero en nuestro propio Chile, solo hay que poner atención del 18 de octubre de 2019 en adelante. Esa es la cosa con la violencia, es como querer tener un cocodrilo de mascota, no se puede acunar, ni siquiera un poquito.
El cobarde asesinato de Charlie Kirk puede ser mucho más significativo de lo que imaginamos, yo al menos tuve la sensación de que algo cambió, pero muy profundamente. La música se acabó de golpe y algo de la libertad de expresión murió con Charlie el 10 de septiembre de 2025. ¿Qué viene ahora? Hundirse del todo en el silencio y el miedo o levantar el micrófono y seguir. Veremos.
Por lo pronto, sé que no sufrió y que su fe lo envolvió hasta su ultimo suspiro. Era un valiente y así debe ser recordado. Y ruego por su familia, su mujer y sus guaguas, cuyo dolor me queda demasiado grande, se lo dejo a Dios.
Y recuerdo a Charlie con algunas líneas de la canción que presta título a esta columna.
But February made me shiver
With every paper I’d deliver
Bad news on the doorstep
I couldn’t take one more step
I can’t remember if I cried
When I read about his widowed bride
But something touched me deep inside
The day the music died
