Durante las últimas semanas el Estrecho de Magallanes ha estado en el centro de la discusión. Los presidentes José Antonio Kast y Javier Milei firmaron una declaración en la que coincidieron en que «el régimen jurídico del Estrecho de Magallanes es el establecido por el Tratado de Límites de 1881 y por el Tratado de Paz y Amistad de 1984, instrumentos que se encuentran plenamente vigentes y revisten carácter definitivo para ambos Estados, y que establecen la soberanía de la República de Chile sobre la totalidad del estrecho».
Sin embargo, tras la firma del documento continuaron las declaraciones desde Argentina sobre el Estrecho, el canciller argentino Pablo Quirno y la senadora Patricia Bullrich reactivaron la controversia y aumentaron los cuestionamientos al manejo de Cancillería; tanto que la Cámara de Diputados aprobó interpelar al canciller Francisco Pérez Mackenna, quien deberá concurrir al Congreso el próximo 28 de septiembre.
En ese escenario, el senador por Magallanes, Alejandro Kusanovic (Ind.) advierte en conversación con El Líbero sobre los errores que, a su juicio, han debilitado la posición de Chile en el extremo austral y responsabilizó de ellos a administraciones anteriores. Frente a los cuestionamientos al Ejecutivo, sostiene que “no se puede exigir al gobierno que resuelva en meses lo que otros dejaron deteriorarse durante años”. También alerta sobre el escenario antártico y afirma que “Chile no puede limitarse a confiar en que las reglas actuales permanecerán intactas”.
–Senador, usted ha dicho que el problema en el extremo austral no comenzó con las últimas declaraciones de autoridades argentinas, sino que Chile lleva décadas dejando espacios vacíos. ¿Cómo evalúa la forma en que Cancillería está manejando hoy este tema?
–El Presidente Kast y el canciller Pérez Mackenna heredaron una situación compleja, resultado de años de omisiones, errores y falta de visión estratégica. Se permitió que Argentina avanzara en sus pretensiones sobre la plataforma continental magallánica; se cometió un error grave en la creación del Parque Marino Islas Diego Ramírez y se adoptaron decisiones que afectaron el libre tránsito de buques en el estrecho de Magallanes, contrariando principios de los Tratados de 1881 y 1984. Aquí fallaron varias instituciones, pero sobre todo falló el mando político.
Esa es la pesada mochila que hoy debe resolver el gobierno: con firmeza, pero también con responsabilidad, defendiendo los derechos de Chile sin poner innecesariamente en riesgo nuestra relación histórica con Argentina.
Lo que no corresponde es que quienes durante años guardaron silencio frente a estos errores ahora pretendan convertirse en los grandes defensores de la soberanía. Chile necesita carácter, pero también memoria. Y una política austral que no vuelva a dejar espacios vacíos por omisión, negligencia o falta de voluntad política.
–Después de la reunión entre los presidentes José Antonio Kast y Javier Milei, ambos gobiernos reafirmaron los tratados de 1881 y 1984. ¿Eso lo deja tranquilo o considera que quedaron asuntos importantes sin resolver?
–Me deja tranquilo a medias. Reafirmar tratados es necesario, pero la soberanía no se defiende con comunicados: se ejerce poblando, invirtiendo y conectando. Y hay algo que en Santiago se entiende poco: Magallanes y la Patagonia argentina no son dos orillas separadas por una línea de tratado, son una sola comunidad partida por la historia. Hay muchas familias en Magallanes y la Patagonia argentina con orígenes familiares comunes, sea de origen chilote o bien provenientes de Europa, matrimonios cruzados, generaciones que cruzan a Río Gallegos como quien cruza de un barrio a otro, un ejemplo claro de esto es que la madre del Presidente Argentino Néstor Kirchner, Doña María Ostoic Dragnic era chilena, nacida en Punta Arenas y vinculada a mi familia.
Esa cercanía en el extremo austral no es un dato folclórico: es el activo político más grande que tenemos para bajar la tensión con Argentina sin ceder un metro de soberanía. Quien negocia esta relación sin entender esa densidad humana negocia a ciegas.
–Usted ha sido muy crítico de la política exterior chilena en esta materia. ¿Ve un cambio real con el gobierno del Presidente Kast o todavía observa la misma lógica que cuestionaba en administraciones anteriores?
–Sé del compromiso del Presidente Kast con Magallanes. Heredó una pesada mochila: años de gobiernos que escondieron los problemas bajo la alfombra y alentaron los conflictos que hoy tenemos con Argentina. Kast no creó esta situación; la heredó. Ahora le corresponde resolverla.
Dicho esto, me dolió que en su primera visita a Magallanes el canciller Pérez Mackenna rehusara reunirse con quienes representamos a la región. No por prensa –yo no busco portadas–, sino porque representamos un territorio y a sus habitantes. Tenemos mucho que aportar sobre el Estrecho, nuestra relación con Argentina y los profundos vínculos con la Patagonia argentina. Pero bueno, eso ya pasó y di vuelta la página.
–¿Qué tendría que hacer concretamente este gobierno para que usted pudiera decir que Chile está recuperando esa presencia y soberanía que, según usted, se debilitó durante las últimas décadas?
–Con hechos: más Chile en Tierra del Fuego y la Antártica y entender que Punta Arenas ya no es lo que fue. Inversión, población, infraestructura, conectividad y presencia efectiva en Tierra del Fuego e Islas Australes. Hay que consolidar nuestra plataforma continental, fortalecer Puerto Williams, recuperar Villa Las Estrellas y preguntarnos seriamente si el Instituto Antártico Chileno (Inach) está cumpliendo el papel estratégico que Chile necesita.
El mundo está entrando en una etapa mucho más transaccional y eso se sentirá con fuerza en el extremo austral. Magallanes tiene un valor geopolítico creciente, y Argentina ya lo entendió. Chile tiene que recuperar ambición estratégica. La soberanía no se declara: se ejerce.
–En su cuenta de X, usted enumeró ocho errores de Chile respecto de la plataforma continental y afirmó que el problema “no fue jurídico sino político”. ¿Cuál considera que fue el error más grave y quiénes diría usted que serían los principales responsables?
–Que hoy enfrentemos una controversia con Argentina por nuestra plataforma continental es consecuencia de una grave irresponsabilidad política. La izquierda frenteamplista confundió su vocación internacionalista con el abandono de la soberanía como categoría fundamental de la política exterior. El error más grave fue no entender que los territorios que no se defienden políticamente terminan siendo disputados.
Quisiera entenderlo de otra manera, pero la expresión “importancia ninguna”, pronunciada en 2016 por el entonces canciller de la Presidenta Bachelet para minimizar los avances argentinos sobre nuestra plataforma continental, no fue una simple frase desafortunada. Es el símbolo de una forma de ejercer la política que ha causado un profundo daño a Magallanes.
–También ha dicho que interpelar al canciller Pérez Mackenna sería un “error estratégico” porque podría obligarlo a revelar asuntos sensibles y errores de gobiernos anteriores. ¿Por qué sería perjudicial que el canciller los explicara ante el Congreso?
–Porque la soberanía no puede convertirse en espectáculo político. Hay materias que deben discutirse con seriedad, inteligencia y reserva, especialmente cuando involucran relaciones con otros Estados.
Además, sería contradictorio exigir hoy explicaciones públicas al canciller Pérez Mackenna por problemas que vienen acumulándose durante varios gobiernos. Si queremos saber qué ocurrió, revisemos hacia atrás la cadena completa de decisiones y responsabilidades que hoy originan esta interpelación. No se puede exigir al gobierno que resuelva en meses lo que otros dejaron deteriorarse durante años.
–¿Cree que hoy existe una amenaza concreta para los intereses o derechos soberanos de Chile en el extremo austral, o el riesgo está más bien en lo que podría ocurrir si Chile continúa sin una estrategia de largo plazo?
–Es evidente que aquí hay una ofensiva política para dañar al gobierno. Pero seamos sinceros: ¿por qué hoy se cita a cancilleres y antes nadie citó a los responsables de decisiones que sí comprometieron los derechos soberanos de Chile en Magallanes?
Un ejemplo, impedir el ingreso de un buque inglés a Punta Arenas a fines de 2022 bajo el gobierno de Boric, contrariando la neutralidad y libre navegación de los Tratados de 1881 y 1984, fue una decisión grave como pocas en la historia reciente. Los problemas con Argentina en torno al Estrecho no nacieron hoy: se fueron cultivando con decisiones equivocadas como esa.
¿Gana Chile ventilando sus divisiones? No. Ganan quienes quieren un Chile debilitado y sin carácter para defender lo suyo. La soberanía no es un arma partidista: es un deber nacional.
–En el caso del Territorio Chileno Antártico, ¿qué tan sólida considera que es hoy la posición de Chile? Y pensando en la creciente importancia estratégica de la Antártica, ¿ve el riesgo de que en el futuro las grandes potencias tensionen el actual sistema internacional y terminen poniendo en cuestión los derechos que Chile reclama sobre ese territorio?
–Es evidente que el Sistema Antártico se basa en normas que se están debilitando, no necesariamente por su incumplimiento, sino porque el fundamento que las sostiene está cambiando.
He sido crítico del Tratado de Alta Mar porque no reconoce expresamente la soberanía chilena sobre las aguas antárticas que forman parte del Territorio Antártico Chileno, lo que introduce una grave ambigüedad y debilita nuestra posición política en la Antártica. No es un dato menor que Argentina no lo haya ratificado, precisamente un país que reclama aguas en ese mismo espacio.
La Antártica será cada vez más estratégica. Chile no puede limitarse a confiar en que las reglas actuales permanecerán intactas; debe tener presencia, conocimiento y capacidad para defender sus intereses cuando esas reglas sean sometidas a presión.
–¿Cuáles son las dos o tres decisiones que usted le pediría al Ejecutivo adoptar ahora para evitar que dentro de 10 años estemos discutiendo nuevamente que Chile llegó tarde al extremo austral?
–Lo primero es reconocer una realidad incómoda: Chile está desorientado en el extremo austral. Tenemos iniciativas dispersas, poco pensamiento estratégico y una dirigencia nacional y local que muchas veces mira Magallanes como una suma de problemas, no como un sistema geopolítico. Hemos acumulado errores mientras otros avanzan.
Pediría tres decisiones. Primero, un Pacto de Estado Austral y Antártico, con una estrategia de 20 o 30 años que articule Cancillería, Defensa, Ciencia e Infraestructura. Segundo, poblar y fortalecer Tierra del Fuego y Puerto Williams, con conectividad, incentivos y capacidades que hagan efectiva la presencia chilena. Tercero, construir una verdadera plataforma logística y científica hacia la Antártica, con infraestructura aeroportuaria, portuaria y tecnológica a la altura de nuestra posición geográfica.
No necesitamos más declaraciones sobre soberanía. Necesitamos convertirla en población, infraestructura, conocimiento y poder efectivo.

Excelente. Muy claro y preciso, muy cauto y reservado en lo pertinente.