Este lunes 1 de junio todas las miradas estarán puestas en el Presidente José Antonio Kast, con ocasión de su primer mensaje presidencial ante el Congreso Pleno. Desde una perspectiva formal, el gobernante llegó a La Moneda el 11 de marzo del presente año, aunque en realidad sus labores se remontan al 14 de diciembre de 2025, cuando triunfó en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Desde entonces se inició una intensa labor de formación del gobierno, que significó el nombramiento de ministros, viajes al extranjero y a regiones, además de reuniones con el gobierno saliente y preparación en diversas áreas que debía enfrentar la nueva administración.
Ya han pasado poco menos de cien días desde la llegada de José Antonio Kast a La Moneda. Por lo mismo, es completamente insuficiente para contar con un análisis general del gobierno o una evaluación que tenga algún nivel de consistencia en el tiempo. Con todo, ya es posible advertir algunas ideas fundamentales, líneas de acción y decisiones en diversas áreas.
El discurso del 1 de junio ante el Congreso Pleno es una excelente oportunidad para que el propio Presidente de la República manifieste su visión sobre el momento que vive Chile, las perspectivas hacia el futuro y la posición que tomará el gobierno en numerosos ámbitos de interés.
Históricamente, en el siglo XIX y a comienzos del XX, los presidentes debían informar cada año al Congreso Nacional sobre el estado político y administrativo de la nación. Sucesivos gobernantes lo hicieron cada año casi sin interrupción, lo que fue configurando una autoimagen de excepcionalismo institucional, que no sólo lo creían los chilenos, sino que fue la visión que también tuvieron otras sociedades sobre Chile. En el siglo XX el mensaje presidencial cambió de fecha, y quedó instalado el 21 de mayo como el nuevo día de esta tradición republicana, en recuerdo de la gesta de Arturo Prat en Iquique. De esta manera, cada año se dirigieron al Congreso para explicar la situación nacional los distintos gobernantes: Emiliano Figueroa Larraín, Carlos Ibáñez del Campo, Juan Esteban Montero, Arturo Alessandri, Pedro Aguirre Cerda, Juan Antonio Ríos, Gabriel González Videla, Jorge Alessandri, Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende. La situación cambió con el general Augusto Pinochet, que eligió el 11 de septiembre como la fecha en la que presentaría –ante diversas autoridades y partidarios– la cuenta sobre la situación del país en un momento de quiebre y posterior institucionalización. Desde el regreso a la democracia en 1990 han existido dos fechas: el 21 de mayo, que se extendió hasta el segundo gobierno de la presidenta Michelle Bachelet, en tanto el 2017 la misma gobernante pronunció su mensaje presidencial el 1 de junio, fecha que se ha mantenido hasta el presente.
Aunque ha habido cambios a través del tiempo, la verdad es que se pueden observar ciertas tendencias en los discursos de los gobernantes. La primera es que se trata de un mensaje presentado claramente en primera persona, que, si bien tiene el objetivo declarado de dar cuenta del estado político y administrativo de la nación, muchas veces se transforma en un lugar adecuado para realizar anuncios, pedir el apoyo para ciertas políticas o simplemente es una manera de contrastar visiones políticas coyunturales. La segunda tendencia muestra una cuestión interesante: los mensajes, comprendidos en el largo plazo, logran mostrar al menos parcialmente el momento histórico de Chile en diferentes circunstancias. Es verdad que en ocasiones los gobernantes caen en la autocomplacencia y dejan los problemas en forma oculta, en otras oportunidades las visiones son muy puntuales y carecen de una perspectiva más amplia. La tercera dimensión es que tras los discursos aparecen los coros contradictorios pero explicables en términos políticos: el gobierno y sus partidarios valoran el discurso macizo, contundente y que logra abordar los temas principales, mientras la oposición destaca la ausencia de algunos temas y la falta de reconocimiento acerca de lo que no se ha hecho a la cabeza del país. Quizá algo de todo esto estará presente este 1 de junio en el discurso en el Congreso Nacional, tanto en el discurso presidencial como en las reacciones, en la visión sobre el momento actual y su perspectiva histórica.
En esta oportunidad, el Presidente Kast tiene una excelente posibilidad de manifestar cuál es la situación de Chile en la actualidad, con las reales dificultades; puede explicar cómo recibió el país el 11 de marzo y en qué situación nos encontramos tras casi ochenta días de gobierno. Es verdad que no tiene sentido centrar la discusión o los temas relevantes en el pasado, en el gobierno de Boric o en los males existentes que generaron el diagnóstico de la triple emergencia: de seguridad, económica y social. Pero algo hay que decir al respecto. En algunos de estos temas se pueden percibir cambios, información incompleta, tendencias (la del empleo es tan grave como dolorosa) y procesos en curso cuyo final no es claro, como ocurre con el proyecto de reconstrucción.
El Presidente Kast tiene una gran oportunidad en este discurso ante el Congreso Pleno, aunque queda mucho gobierno por delante. A la hora de elegir, me parece que es más valioso plantear las cuestiones de fondo y los objetivos principales, y sólo después enfatizar el camino y sus múltiples recovecos. Más importante es el sueño de país, el destino hacia el cual se dirige la actual administración, y sólo con posterioridad adquiere relevancia la llamada “lista de supermercado”, con medidas específicas. Sin embargo, no se puede olvidar la coherencia que debe existir entre ambos aspectos: el objetivo y los medios, el proyecto y la forma de llevarlo adelante.
El mensaje presidencial ante el Congreso Pleno es un gran momento republicano, una tradición con su lógica y circunstancias. Adicionalmente, es una actividad política, que se enmarca dentro de la lucha por el poder, las disputas entre gobierno y oposición, el deseo de ganar la opinión pública y de enfrentar la coyuntura con posibilidades de influencia y éxito, pero también con el riesgo del fracaso. El futuro sigue abierto, pero una buena explicación y la contundencia del discurso pueden marcar un punto de inflexión en la realidad política actual.
