El citado y admirado Thomas Jefferson plasmó en la Constitución de los Estados Unidos una impronta que hasta hoy se reivindica como el espíritu de esa nación: “Todos los hombres son creados iguales: son dotados por su creador de ciertos derechos alienables…”. Visión que quedó plasmada en la Declaración de Independencia de Filadelfia de 1776.
Sabemos que la historia de los Estados Unidos tiene diferentes interpretaciones, que para algunos ha sido el estandarte de la libertad en Occidente, mientras que para otros su conducta se explica en clave imperial. Dominación y libertad son conceptos antagónicos.
Esta columna no pretende presentar una hipótesis interpretativa del papel de dicha nación en el sistema internacional desde sus orígenes hasta nuestros días. Sólo pretende fijar la mirada en el valor de la libertad, ya que en el relato se nos presenta como el motor del quehacer económico, político, social y cultural.
En efecto, las diferentes manifestaciones de la libertad de corte protestante en los Estados Unidos nos permiten entenderla como oportunidades de un designio divino. En ese sentido, cobra gran relevancia el análisis de hacia dónde se encaminan los estadounidenses respecto de la legitimidad que la sociedad brinda a sus instituciones y la forma en que ellas tutelan las libertades de expresión, religiosa y pensamiento.
En esa perspectiva, ¿entre los avances y retrocesos observamos continuidad del sistema político y social sobre los cimientos de la libertad, o más bien una decadencia?
Las brechas, tensiones y conflictos sociales -incluido los cruentos- se han registrado en varios momentos de la historia de los Estados Unidos, situación que no ha mermado su voluntad y capacidad de mantenerse como una superpotencia.
Por ello, la mayoría de los análisis se restringen al ámbito geopolítico o geoestratégico que clasifican o categorizan la relación de Estados Unidos con otras potencias en disputa, tales como China. Sin embargo, lo que pareciera más vital en estos tiempos es observar el corazón de la promesa que da sentido al régimen político y social: la salud de la libertad.
En efecto, la libertad pareciera ser la condición por la cual esta nación ha conseguido sortear (aunque nunca erradicar) las consecuencias de la guerra de secesión, el crack de la bolsa del 1929, el conflicto racial, el sentimiento de culpa tras lanzar dos bombas nucleares, la crisis de Watergate, entre muchos otros hitos que han puesto a prueba la resiliencia y la unidad de la nación. Lo que a su vez les ha permitido imponerse sobre las naciones que le han disputado la hegemonía mundial.
No obstante, hoy la situación parece estar cambiando en el seno mismo de la sociedad estadounidense, dando espacio a revisar la hipótesis de Toynbee en la que sostiene que las civilizaciones mueren por suicidio y no por asesinatos. ¿En qué sentido?, desde lo evidente de la renuncia a la libertad de comercio en favor del proteccionismo; o el rechazo al modelo de instituciones internacionales de corte liberal que los propios Estados Unidos habían apoyado en diseñar e implementar: régimen internacional de seguridad, comercio, financiero, entre otros.
Sin embargo, la pregunta más de fondo está en el respeto al relato fundante de los Estados Unidos que encarnó Jefferson. ¿Está en la política y en los movimientos sociales (MAGA) la concepción de que “Todos los hombres son creado iguales…”? Si observamos el estado de la política sanitaria, migratoria, social y educacional podríamos tener dudas al respecto.
¿Se concibe a los seres humanos como “dotados de ciertos derechos inalienables”? Esa no parece ser la visión de los tecno-feudales que hoy aumentan su influencia en la política, la economía y la sociedad en Estados Unidos y el mundo.
En efecto, los líderes de las empresas tecnológicas están afirmando la necesidad de un mundo conducido por la IA; están consiguiendo concentrar el poder económico; han ampliado exponencialmente las diferencias sociales; también están erosionando los equilibrios institucionales; y perfeccionando estratégicas de control social por medio de prácticas de manipulación de la opinión pública y el acceso a los datos personales. Todo ello amenaza el corazón mismo de la libertad.
En consecuencia, la pregunta clave en los 250 años de vida independiente no es por cuánto tiempo más seguirá siendo Estados Unidos una hegemonía mundial, sino -desde la perspectiva de Jefferson- si podrán preservar la noción de libertad.

Al leer detenidamente lo expuesto, me da la impresión de un relato de un proceso de análisis reverso. Teniendose desde el inicio una opinión muy clara respecto a la pregunta formulada, se formulan preguntas apuntadas para que cuyas respuestas lleven y confirmen la hipótesis inicialmente planteada………..