En los próximos 14 meses, la centroderecha logrará probablemente los consensos suficientes para articular un programa de gobierno. Pero este requerirá ser acompañado por un relato actualizado y de alto impacto, basado en una idea fuerza diferenciadora que genere una propuesta “seductora” que, respetando la identidad ideológica del programa de gobierno, sea creíble y competitiva frente a las utopías “añejas” y ahora crecientemente “oportunistas” del modelo estatista históricamente fracasado.
En el futuro, estos modelos “progresistas”, como las marcas centenarias de productos de consumo, podrían aún gozar de buena salud, pero para subsistir requieren revitalizarse periódicamente. Lo hacen resilientemente y van probablemente a resurgir en los espacios de los próximos ciclos electorales en nuestro país. Esto a pesar de la ya inmunización política colectiva contra las políticas refundacionales de este Gobierno. Pero que, como muchas vacunas, pueden perder su eficacia con el tiempo.
Este nuevo relato debe ser más competitivo que en el pasado y no sólo articularse como un recurso táctico-electoral, sólo focalizado en la respuesta a problemas inmediatos de la población, sino también apropiarse estratégicamente, en mayor medida que el progresismo, de las necesidades emergentes de la ciudadanía, pero sin dejar de capitalizar proactivamente en los valores fundacionales libertarios.
Esto para mantener ideológica y emocionalmente conectadas a las personas con las aspiraciones de un proyecto de país a largo plazo, dándole estabilidad política a un proyecto, durante como así también después de un aún probable gobierno de centroderecha.
Es relevante considerar que la ideología neo-marxista, aggiornandose a la época, bajo distintos nombres y una nueva retórica, evitando mostrar la herencia ideológica, oculta su verdadera identidad.
Esta además trabaja a largo plazo y se ha ido adueñando crecientemente de las respuestas a las necesidades emergentes del electorado joven en Chile.
Esto facilitado por provenir de una generación expuesta al adoctrinamiento ideológico. Primero subliminalmente a través de una docencia sesgada hacia el progresismo en etapas tempranas del colegio y después abiertamente en la Universidad.
Me refiero a “añejas” porque los fundamentos ideológicos de la nueva izquierda en nuestros gobernantes heredan populismo y neo-marxismo, para poder plantearse como alternativa histórica al neoliberalismo.
Usan los conceptos de la doctrina de Gramsci de los 50 del siglo pasado que busca la hegemonía cultural o el dominio político sobre los valores y normas a ser consensuadas por la sociedad.
Estos han sido representados en América Latina, originalmente por el Foro de São Paulo y posteriormente en forma más pragmática, por el Grupo de Puebla, reformulando y actualizando las ideologías de izquierda en la región.
Me refiero a “oportunistas” porque están atentos y se hacen cargo de una multiplicidad de insatisfacciones populares en su discurso político. Hay un cambio en las ultimas décadas hacia una agenda más amplia que busca abordar diversas formas contemporáneas de desigualdad y discriminación en la sociedad.
Antes era la lucha de clases y la explotación del proletariado, clase “elegida” para la reestructuración de la sociedad y la economía como resultado de la revolución. Pero como la estructura social cambió y se derrumbó el relato clásico del materialismo histórico soviético, ahora apuntan ideológicamente a los nuevos focos del conflicto social, al aborto sin restricciones, al feminismo radical, al eco-radicalismo ambiental, a los derechos LGBTQ, a la salud universal 100% publica, a los sistemas de reparto de pensiones, al rechazo al crecimiento si conlleva desigualdad, etc.
Han microsegmentado eficazmente el “mercado” que atienden.
En síntesis, el progresismo se ha hecho en gran medida propietario de una propuesta de valor con un amplio menú para un “relato sexy” que seguirá alimentando sus programas políticos futuros, moviendo el timón táctico hacia dónde sople el viento.
El desafío es cómo diferenciarse construyendo “relevancia” en la opinión pública, con “cojones” y valentía y sin dejar de responder a temas contingentes en las encuestas, pero yendo esta vez a “back-to-basics”. Sin transar con “complejos” los componentes fundacionales de una sociedad libre y una economía moderna de mercado en Chile. Pero sin abandonar tampoco una estrategia pragmática de apropiación temprana de “ideas fuerza” emergentes pero alineadas a los valores libertarios fundacionales.
*Daniel Sansone, director de empresas y consultor

Así es, en el fondo ser auténtico, original, decir la ve4dad