El Plan de Reconstrucción Nacional superó este martes su tercer trámite en la Cámara de Diputados, aunque no logró cerrar por completo su paso por el Congreso. El gobierno consiguió aprobar el corazón de su principal reforma económica, incluida la rebaja gradual del impuesto corporativo desde el 27% al 23% y la nueva fórmula de invariabilidad tributaria, que fue ratificada por 84 votos a favor y 61 en contra. Sin embargo, la norma que compensaba a los municipios por la exención de contribuciones obtuvo 76 respaldos, dos menos que el quórum requerido, y deberá ser resuelta por una comisión mixta.
En entrevista con El Líbero, el diputado y presidente de la UDI, Guillermo Ramírez, abordó las opciones que tiene el Ejecutivo para sacar adelante el proyecto, el complejo equilibrio político que enfrenta el oficialismo en el Congreso y las negociaciones con los distintos sectores de la oposición. Además, analizó el debate sobre una eventual coalición oficialista y el regreso de Pablo Longueira a la primera línea de la UDI.
«Este es un proyecto que va a generar un muy buen efecto en la economía, pero estamos contra el tiempo«
—¿Cómo ha visto la tramitación del Plan de Reconstrucción?
—Este es un proyecto que va a generar un muy buen efecto en la economía, va a traer inversión, va a generar pega, pero estamos contra el tiempo. Ha sido negativo que el desempleo haya seguido subiendo. Que esto se alargue un mes más, al final, conspira contra el objetivo del gobierno de poder tener o empezar a ver resultados antes de que termine este año y no solo a principios del próximo.
—¿Por qué dice que están contra el tiempo?
—Acá hay una lista de proyectos muy importantes. Por ejemplo, después de este viene un proyecto de reforma al mercado de capitales. Están en la fila, hay una cola de espera. Por lo tanto, si nosotros queremos aprobar todos esos proyectos durante el primer año, es muy importante que esto salga rápido. ¿Por qué queremos aprobar todos estos proyectos durante el primer año? Porque la experiencia nos muestra, en los últimos tres o cuatro gobiernos, que los gobiernos suelen tener mayoría en el Congreso durante el primer año. Luego, todo se desordena y es muy difícil aprobar proyectos complejos como los que queremos aprobar, por lo tanto, tenemos que hacerlo ya. Como el anatocismo, el interés sobre interés, ya está aprobado, eso se va a abordar con un veto del Presidente de la República. Hay otros temas que también son negativos que se van a abordar yendo al Tribunal Constitucional o con un veto. De ese modo, la ley va a quedar, para decirlo entre comillas, “arreglada”.
—¿Cómo visualiza el escenario en el Tribunal Constitucional?
—Hay tres presentaciones al Tribunal Constitucional por parte de la izquierda, sobre todo para ir en contra de la invariabilidad tributaria, pero en ese aspecto nosotros estamos tranquilos. La verdad es que la invariabilidad tributaria no es inconstitucional. De hecho, es parte de la tradición jurídica de Chile. La primera invariabilidad tributaria se estableció en julio de 1974 y esa invariabilidad tributaria terminó el 1 de enero de 2016. Estamos hablando de casi 42 años. En las leyes que hemos tenido, por ejemplo, en materia minera, una del Presidente Boric en 2023, al aumentar el royalty minero, se respetó la invariabilidad o se estableció invariabilidad para el nuevo régimen. Con lo cual, la invariabilidad que se ha votado en gobiernos como el de Lagos o como el del propio Presidente Boric es parte de la tradición de la legislación tributaria en Chile. Por lo tanto, yo no veo cómo eso puede ser inconstitucional. Entonces, en el Tribunal Constitucional estamos tranquilos. Creemos que eso se va a rechazar, pero, por supuesto, esperamos que el Tribunal Constitucional lo haga lo más rápido posible para que la ley esté luego vigente.
«Aunque estuvieran Cicardini y Manouchehri en la mixta no van a tener mayoría»
—¿Interpreta la comisión mixta como una derrota para el gobierno y para el oficialismo?
—No es tan dramático. Es una demora, pero no es tan dramático. La comisión mixta está compuesta por diez miembros. Cinco miembros son los mismos cinco integrantes de la Comisión de Hacienda del Senado, y en esa comisión nosotros tenemos mayoría, tres a dos. Luego hay cinco miembros de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados. Son trece miembros y nosotros tenemos ocho. Como se tienen que mantener las proporciones, también sería tres a dos a favor nuestro. Con lo cual, en la comisión mixta, la realidad sería que el oficialismo tendría seis parlamentarios y la oposición tendría cuatro. Eso significa que, aunque estuvieran Cicardini y Manouchehri en la mixta, que siempre es una opción, eso no basta, no van a tener mayoría. Entonces, sería un retraso.
—¿No le preocupa, entonces?
—Todo esto tiene una lógica más política: poner en aprietos al gobierno, salir defendiendo algo que es popular. Pero efectos prácticos yo no creo que tenga muchos. Por lo tanto, soy de la idea de que esta reforma que estamos viendo, este proyecto de Reconstrucción, ya pasó las etapas más difíciles, donde se podría haber trancado la pelota. Lo que queda es que algunos van a tratar de acelerarlo y otros van a tratar de retrasarlo, pero la suerte está más o menos echada.
—Pepe Auth lo decía en Política para Adultos. Desdramatizaba el escenario e incluso decía que, “aún cuando vaya a la mixta, ya está resuelto el problema. El gobierno ya hizo su tarea, tiene aprobado lo fundamental”…
—Estoy de acuerdo con esa afirmación.
«Veto presidencial va a haber«
—¿Cómo ve la posibilidad del veto presidencial?
—Veto presidencial va a haber, porque hay una norma, que es la del anatocismo, que básicamente prohíbe el interés compuesto en Chile. Se aprobó en la Cámara de Diputados y luego se refrendó en el Senado. Está firme. Esa norma es como prohibir la ley de gravedad o tratar de derogar la ley de la oferta y la demanda. La verdad es que hace mucho daño. Básicamente, lo que hace esa norma es prohibir el interés compuesto. Eso significa que, por ejemplo, por todos tus ahorros de la AFP, en vez de pagarte intereses por todo lo que tú tienes ahí, te van a pagar intereses solamente por lo que tú has aportado. Eso, al final, destruye las pensiones de los chilenos. Es completamente absurdo prohibirlo, porque la norma dice que se prohibirá todo tipo de anatocismo. Uno puede regular el interés compuesto para personas que están en mora, y de hecho en Chile se hace. Pero aquí lo que se hace es prohibir todo anatocismo. Eso finalmente genera un perjuicio muy grande para los ahorrantes y puede provocar un problema muy grave también para las inversiones en Chile. Esa norma tiene que ser vetada porque no hay otro camino para que finalmente caiga.
—¿Y el veto podría aplicarse en otras normas?
—Lo que pasa es que el veto va después de la tramitación de la ley. Se termina la tramitación y recién ahí el gobierno decide qué cosas vetar o no.
—¿Cómo ve el escenario en la izquierda, luego del fallido acuerdo con el PPD?
—Partamos por lo que ocurre con la izquierda. Ellos nos regalan la oportunidad de mirarnos como en un espejo, porque lo que está ocurriendo en la izquierda es básicamente lo siguiente: la semana pasada, o hace dos semanas, siete senadores de izquierda querían llegar a un acuerdo con el gobierno en materia del proyecto de ley de Reconstrucción. Querían llegar a un acuerdo en invariabilidad tributaria. Llegaron a un acuerdo, de hecho, en esa materia. Un acuerdo que, si uno lo mira, es razonable y está bien hecho. Había dos o tres senadores que están en la lógica de que conversar con la derecha es una traición, que no se puede llegar a acuerdos con la derecha porque son el demonio, que aquí lo que tenemos que hacer es ser una oposición firme y dura, que con el gobierno de Kast no se negocia. Esos dos o tres senadores arrastraron a todo el resto, “denunciándolos”, pongo esa palabra entre comillas, porque estaban conversando, como si conversar fuera una cosa muy terrible. Finalmente, por el miedo de recibir críticas de la propia izquierda, esos senadores terminaron cediendo. Hoy día, el ministro Quiroz y el gobierno podrían poner un cartelito afuera de La Moneda diciendo: ‘Se busca interlocutor‘. Estos dos o tres senadores convencieron a todo el resto de que quien se atreva a sentarse a la mesa con el gobierno va a ser tildado de traidor, le van a hacer bullying en redes sociales y el público de izquierda lo va a rechazar. Esto es pésimo para la democracia, es pésimo para Chile, es pésimo para las buenas políticas públicas y es exactamente lo mismo que hemos visto en la derecha no hace mucho tiempo.
—¿A qué se refiere?
—A que, por ejemplo, en la ley de pensiones, que es una ley que yo reivindico como una gran ley, pasó exactamente lo mismo. Quienes estuvimos dispuestos a resistir ese bullying lo hicimos porque considerábamos que era lo mejor para Chile. Y hubo quienes no fueron capaces de resistir esa presión. Aquí, en la izquierda, no hubo ninguno que fuera capaz de resistir la presión, ninguno. Lamentablemente, este gobierno que está empezando, se hace la siguiente pregunta: ¿Con quién voy a poder conversar mañana?’. Y si finalmente, por razones judiciales, quedamos en minoría en el Senado, ¿cómo vamos a poder aprobar un proyecto de ley? ¿Cómo va a ser lógico que finalmente la legislatura, si eso llegara a ocurrir, se congele en Chile porque no van a estar dispuestos a aprobar ningún proyecto con el gobierno? Entonces, este es un escenario preocupante, que también nos debe invitar a una reflexión respecto de cómo nos vamos a comportar en la derecha, cómo nos vamos a comportar el día de mañana, cuando, ojalá en mucho tiempo más, nos toque ser oposición en algún momento.
«El PDG sabe que, por ser la bisagra, pueden negociar. Pero a veces la cuerda se puede romper«
—¿Y cómo ve al PDG? Zandra Parisi decía en una entrevista que es el partido más importante de la oposición y que el gobierno lo sabe.
—Nosotros, incluyendo al Partido Nacional Libertario en este análisis, tenemos 76 votos. En la Cámara de Diputados, para tener mayoría, se necesitan 78. El PDG es el que te da esos votos. Por lo tanto, ellos saben que, por ser la bisagra entre darle el triunfo en una votación a la derecha o a la izquierda, pueden negociar. Pero a veces la cuerda se puede romper. A mí me parece bien, porque es parte del juego de la política, que ellos, estando en la posición en la que están, la aprovechen, se sienten en la mesa, conversen y negocien con el ministro Quiroz. Eso me parece legítimo. Pero estas cosas tienen un límite.
—¿Por qué lo dice?
—Porque el ministro Quiroz y el gobierno habían llegado a un acuerdo con el PDG en este proyecto de ley. El PDG dijo ‘mire, exención del IVA para adultos mayores en medicamentos y pañales’. El proyecto está y la urgencia entiendo que ingresó ayer. Entonces, el gobierno cumplió con su parte de la palabra. Ahora el proyecto vuelve a la Cámara de Diputados y el PDG quería conversar como si nunca hubiésemos conversado o como si este fuera otro proyecto. Eso no es correcto, porque es el mismo proyecto y es el mismo acuerdo. Este gobierno está empezando. El PDG, si usa esta herramienta que tiene, esta posición privilegiada que tiene, con sabiduría, va a terminar siendo el interlocutor del gobierno durante los cuatro años, porque en la izquierda, al parecer, no va a haber una.
Pero, si abusan de esa posición, la cuerda se va a terminar cortando y el gobierno va a intentar conversar, al menos en la Cámara de Diputados, con fuerzas moderadas de la izquierda para conseguir los dos votos que le faltan. Entonces, el PDG está en una posición privilegiada, pero creo que en esta primera pasada, en esta primera conversación respecto de este proyecto, que es importante, puede que esté calculando mal. Puede que esté presionando más de lo que a ellos mismos les conviene para poder ser protagonistas de todas las reformas que vienen hacia adelante, que son muchas.
Ramírez y posible coalición: «Todavía no hablamos de matrimonio, pero sí de pololeo. Creemos que ese es el camino»
—¿Y cree que este proyecto demuestra la necesidad de institucionalizar la relación entre los partidos del gobierno y formar una coalición formal? Publicamos en exclusiva un manifiesto de Pablo Longueira en el que hablaba de la necesidad de impulsar bases estratégicas para un ciclo de gobernabilidad en Chile…
—Hoy día hay partidos oficialistas que no se quieren juntar entre sí. La UDI siempre abogó por una lista única parlamentaria. Siempre abogó por una lista única a nivel municipal, de alcaldes y de gobernadores regionales. Siempre manifestamos, después de esas elecciones, cuánto mejor nos habría ido si hubiéramos ido juntos. La UDI, en eso, ha intentado ser un factor de unidad. Lamentablemente, no se puede doblegar la voluntad de otras personas. Ni Dios puede hacer eso. Entonces, de una manera pragmática, cuando el Presidente Kast fue electo, la UDI planteó una idea. Dijo ‘¿Saben qué? Ustedes no se quieren juntar entre sí, pero, para un gobierno de emergencia, hagamos una coalición de emergencia’. Lo que es de emergencia es, por definición, temporal. Es, por definición, algo que está orientado hacia un objetivo. Por lo tanto, juntémonos para sacar adelante a este gobierno de emergencia, que se autodefinió como un gobierno de emergencia, en esta coalición de emergencia, y después vemos.
Al ir logrando objetivos, puede empezar a generarse un cierto afecto, se pueden empezar a establecer lazos de confianza, para que finalmente terminemos con lo que nosotros creemos que es mejor: que todo lo que esté a la derecha de la izquierda esté unido en una sola coalición y que, de ese modo, podamos darle ocho o 12 años seguidos de gobiernos de derecha al país. Pero, para eso, hay que pololear primero. Todavía no hablamos de matrimonio, pero sí de pololeo. Creemos que ese es el camino.
—¿Y qué le pasa, en ese sentido, con el PNL?
—Cuando miro al Partido Nacional Libertario, que decide no participar del gobierno y que ni siquiera quiere pololear, pienso que ellos tienen el legítimo derecho de aspirar a la Presidencia de la República. Toda esta estrategia es para que finalmente ellos puedan llegar a la Presidencia de la República. Pero a veces se exagera o se paga demasiado caro por llegar a la Presidencia de la República. Siento que quizás el Partido Nacional Libertario está vendiendo demasiadas cosas para conseguir esa perla.
—¿Qué es lo que está vendiendo?
—Una coalición que te dé mayorías en ambas cámaras, la posibilidad de sacar adelante reformas y proyectos que le hagan bien a Chile. Al decidir no entrar en este pololeo, lesiona gravemente las posibilidades que tiene el gobierno de poder ser un gobierno exitoso con nuestras ideas. Eso es lo que está en juego. Me parece que, en cierta forma, hay una mezquindad al decir ‘estoy dispuesto a sacrificar todo esto, a perder todo esto, para quedarme con la perla de gran precio, para llegar a la Presidencia de la República’. Yo los invitaría a competir por la Presidencia de la República, a aspirar a la Presidencia de la República, a que Johannes Kaiser siga apareciendo en los medios, tenga un rol protagónico y el día de mañana vaya a una primaria. Háganlo, el espacio va a estar. Pero creo que la decisión de ni siquiera pololear es una decisión demasiado cara para ese objetivo que ellos quieren conseguir en cuatro años.
—¿Y eso es lo que termina dañando la posibilidad real de formar una coalición?
—Mira, hasta ahora, en el Congreso, unidos somos imbatibles. Jorge Alessandri es presidente de la Cámara de Diputados. El PDG fue el que presentó al otro candidato, que era Pamela Jiles. Sin los votos del PDG logramos esa mayoría. Pero cuando estamos todos juntos y nos falta conseguir dos votitos de los otros 87, la verdad es que juntos podemos sacar adelante la tarea. Ayer Johannes Kaiser decía, no sé si textualmente, lo voy a parafrasear, que el gobierno está bailando al ritmo del Partido Nacional Libertario. Lo decía con orgullo. ¿En verdad ese es el objetivo del Partido Nacional Libertario? Cuando tenemos la posibilidad de hacer reformas en todos los ámbitos, esta reforma que estamos sacando adelante es muy profunda y es una gran reforma. Pero todavía podríamos hacer reformas en el mercado de capitales, que es lo que viene, en materia de permisología, en el sistema de salud, y en temas laborales, para dar más flexibilidad laboral. Todo eso lo podemos lograr si trabajamos juntos, porque tenemos las mayorías para hacerlo. Pero hay algunos que, en esta pasada, están intentando desde ya empezar a sembrar para una eventual candidatura presidencial dentro de cuatro años. A mí me parece que eso es mezquino. Si quieren competir, es legítimo. Por último, háganlo durante los últimos dos años de gobierno. Pero partir en esta lógica, al final, le hace daño a Chile.
«Para mí es un orgullo que Jorge (Alessandri) esté dispuesto a sucederme«
—¿Y cómo interpreta el regreso de Pablo Longueira a la política? Va a asumir como secretario general en una lista encabezada por Jorge Alessandri.
—Lo que ocurrió fue súper público. Jorge Alessandri y Pablo Longueira querían competir para ser presidentes de la UDI. Con Jorge hemos compartido siempre, desde el día uno, oficina, periodista y secretaria. Somos muy cercanos. Estuvimos juntos, además, en esa directiva de emergencia de Hernán Larraín hace 10 años, cuando yo era secretario general. Nos hemos hecho muy amigos durante todo este tiempo. Por supuesto que para mí es un orgullo muy grande que Jorge (Alessandri) esté dispuesto a sucederme. Tengo la impresión de que no va a haber otra lista. Es legítimo que la haya y puede que alguien se levante. Yo creo que eso no va a ocurrir. Por lo tanto, cuando termine mi período, que puede ser en enero, febrero o marzo, por ahí, a principios del próximo año, vamos a tener un traspaso que yo me imagino que va a ser tranquilo. Eso, para un partido, siempre es bueno.
—En este mismo manifiesto Pablo Longueira habla del rol estratégico que debe tener la UDI. Dice que es el partido que debe tomar la bandera y liderar este proceso de formación de una nueva coalición, porque está situada en el “centro geográfico” de este nuevo mapa político, entre la izquierda y la derecha. También señala que debe ser «el articulador, el facilitador y el garante de la unidad de la derecha». ¿Cree que efectivamente es así?
—Sí, por supuesto. Por eso hemos sido nosotros los que hemos insistido. Solo la UDI, y nadie más que la UDI, insistió en que en las elecciones municipales y parlamentarias fuéramos todos juntos. Es la UDI la que hoy ha acuñado este concepto, esta idea que los demás han recogido bastante bien, de la coalición de emergencia. Fue la UDI la que levantó la voz cuando algunos amigos del Partido Republicano decían que se sentían más cómodos con el Partido Nacional Libertario. Yo les decía ‘cómo te vas a sentir más cómodo con un partido que se declara de oposición, aunque sea una oposición amistosa, que con los partidos que están apoyando al gobierno’. La conversación fue muy buena. Siento que las relaciones, y lo digo en serio, no es una frase bonita para la televisión, salieron muy fortalecidas de ese debate en términos del ánimo de asociarnos.
—¿Y el «pololeo» puede avanzar en el futuro?
—Estoy convencido de que, cuando se tienen éxitos, cuando termine la mixta, el pololeo puede transformarse en matrimonio y llegar más lejos. Para eso estamos trabajando, para que al gobierno le vaya bien. La UDI ha sido un partido extremadamente leal por una razón muy sencilla, nosotros entendemos la responsabilidad que significa gobernar. Hemos dejado nuestros gustitos de lado por el sentido de responsabilidad que significa estar en el gobierno. Vamos a actuar con esa misma responsabilidad siempre. Lo hemos hecho en el pasado y lo estamos haciendo hoy. Ojalá el pololeo se transforme en matrimonio y podamos darle a Chile dos o tres gobiernos con nuestras ideas.
—Eso mismo plantea Longueira… tres gobiernos consecutivos.
—Ese tiene que ser el objetivo. La alternancia en el poder es positiva, pero que haya alternancia en cada elección no es tan positivo. Es bueno tener ocho años para poder consolidar un programa, para poder empezar y cosechar los frutos que uno mismo sembró. Tengamos una primaria presidencial donde haya diez candidatos: el de Renovación Nacional, el de la UDI, el de Republicanos, el del Partido Nacional Libertario, algún independiente. Que sea competitiva, que nos cuadremos todos detrás y que podamos ganar en primera vuelta. Porque ganar en primera vuelta significa, al mismo tiempo, de manera casi automática, por nuestro sistema político, ganar con mayoría en ambas cámaras. Eso no tiene precio.
«El gobierno no fue, bajo ningún punto de vista, pasivo«
—Estamos en una emergencia a raíz de los temporales y hemos visto al Presidente Kast en terreno. ¿Cómo ha visto el despliegue del gobierno y el manejo de esta crisis?
—Esta fue la primera prueba para el Presidente Kast y fue una prueba difícil, porque estamos hablando de un tren de frentes, una cosa que no habíamos visto en mucho tiempo, con lluvias desde Atacama hacia el sur. Atacama no suele recibir lluvias. De hecho, Atacama es famoso por lo seco. Al tener esta coordinación con el Estado Mayor Conjunto, al suspender las clases, al habilitar los albergues, al empezar a enviar ayuda antes de que empezara a llover, al desplegar a sus ministros y al establecer el Estado de Catástrofe en toda la Región de Coquimbo y en una parte de la Región de Atacama, al final, lo que quiero decir es que se está haciendo todo lo humanamente posible. Creo que el gobierno no fue, bajo ningún punto de vista, pasivo. No lo ha sido. Prefirieron pecar de exagerados antes que quedarse cortos. Muchas veces uno tiene que tomar una decisión y, si se va a equivocar, es mejor equivocarse hacia el lado correcto. Creo que se hizo todo muy bien. ¿Se hizo perfecto? No, nunca se hace todo perfecto. ¿Se pudo haber hecho algo más? No se me ocurre qué, pero estoy seguro de que sí. Creo que la evaluación es positiva y que la ciudadanía, en general, evalúa bien el actuar del gfobierno ante esta emergencia. ¿Va a causar daño? Sí. Hay pérdidas por US$400 millones, según algunas estimaciones. Pero también la reconstrucción genera una oportunidad para la creación de empleo y para la reactivación económica, para poder darle pega a gente que lleva mucho tiempo en una situación muy angustiante.
