El primer discurso del Presidente Kast ante la 81 Asamblea General de Naciones Unidas, marcó una diferencia que no se puede desconocer y es que llegó a esa tribuna, sin pedir disculpas por las convicciones con las que gobierna.

Su discurso se sintetizó en una frase que marcó el tono de la intervención: “Chile está de vuelta”. No vimos un discurso centrado en la presentación de cifras o en hablar de compromisos internacionales.

Lo que el Presidente hizo fue enfatizar que Chile estaría dejando atrás un ciclo marcado por la inseguridad, el estancamiento y la pérdida de confianza, para recuperar algo tan básico como el orden y la capacidad de crecer, señalando que el país  “comienza a caminar hacia el desarrollo, porque las reformas que estructuran el futuro ya están en marcha”

Con este énfasis en su intervención, se instaló una idea política que dejó de lado la percepción de que hablar de orden era sospechoso; que defender las fronteras era una falta de sensibilidad social y que reivindicar la inversión privada debía ser justificada, para que no fuera percibida como una concesión al poder económico.

El punto no es menor, porque el Presidente Kast hizo exactamente lo contrario. Ante el mundo, reivindicó que la libertad necesita seguridad y que el orden no es contrario a la libertad, sino que es una de las condiciones de ella. En este escenario, indicó que el Estado debe recuperar el control de sus fronteras y que el crecimiento económico es una condición para mejorar la vida de los chilenos.

Otro aspecto políticamente significativo, fue su cuestionamiento a la propia ONU. Dijo que la organización “no ha estado a la altura de los desafíos de nuestros tiempos” y planteó la necesidad de reformarla. Algunos podrán decir que fue una provocación innecesaria. Otros estimamos que es la señal de que Chile ya no está dispuesto a aceptar como intocable ninguna institución internacional y que el multilateralismo no puede convertirse en una excusa para la inacción.

Si las instituciones internacionales no son capaces de responder frente a lo que estamos enfrentando diariamente: crimen organizado; migraciones descontroladas; guerras o nuevas amenazas globales, estamos frente a lo que los analistas internacionales señalan que es una demostración de la pérdida de poder de la ONU.

El discurso tuvo, además, una dimensión regional. Chile se incorporó a la iniciativa “Escudo de las Américas”, orientada a fortalecer la cooperación contra el crimen organizado, en una señal coherente con la prioridad que el Gobierno ha puesto en seguridad.

En relación a América Latina, el Presidente señaló que “por primera vez los gobiernos se están coordinando de verdad, generando acciones concretas contra el crimen organizado, el control migratorio y forjando oportunidades de desarrollo conjunto”.

En concreto, el Presidente Kast fue a decir que en nuestro país existe un nuevo rumbo, definido en tres palabras que durante años parecieron políticamente incómodas: orden, libertad y crecimiento.

Sabemos que decir que “Chile está de vuelta” es fácil, pero la responsabilidad que el Gobierno y los chilenos debemos asumir es demostrarlo, porque la seguridad deberá traducirse en tranquilidad concreta; el crecimiento en empleos y oportunidades y la política exterior, en influencia real. Así tendremos la certeza que ésta no fue solamente una buena frase pronunciada en la ONU, sino el comienzo de una nueva etapa para el país.

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