Hace unos días vi a una mujer y una niña entrando en el Subway. Pidieron, se sentaron y la señora entregó a su hija una bolsa con cinco o seis galletas grandes, una Coca Cola y un tablet. La madre acompañó el sándwich con un sonriente scroll en el teléfono. La hija, por su parte, se dedicó a los videos cortos (a todo volumen) mientras mordisqueaba sus hogazas de azúcar.
Cuando veo cosas así, y las veo cada vez más a menudo (no tanto lo del azúcar, sino lo de la pantalla como “chupete digital”: en la micro, salas de espera, filas de la farmacia…), puedo sentir cómo ese cerebro infantil se llena de imágenes basura que, en pocos años, florecerán transformadas en destemplanza, distracción, aburrimiento.
En todo caso, no juzgo. No es fácil ejercer el papel de madre en este mundo tan acelerado y extenuante. Sin embargo, es llamativo que la mitad de los padres en Chile no pongan reglas a sus hijos en su consumo digital (Radiografía Digital 2026, estudio de Claro VTR y Criteria). Por eso no puedo sacarme la pregunta de la cabeza: ¿estamos haciendo todo lo posible para educar bien, en virtudes, a los niños de nuestro país?
¿Qué reveló el informe PISA? En 2025, el rendimiento promedio de los países de la OCDE alcanzó sus niveles más bajos registrados hasta ahora en lectura, matemáticas y ciencias. Entre 2015 y 2025, la puntuación media cayó 28 puntos en lectura y 22 en matemáticas. Un desplome insólito. Según los autores del informe, una causa principal de este descalabro fueron las pantallas.
La decepción se acumula en numerosos países. Por eso, la tendencia mundial se orienta a desescalar en el uso de recursos digitales “educativos”. En el año 2025 miles de escuelas adhirieron a la política “libre de celulares” -Chile lo hizo por ley a partir de marzo-. Este 2026 crece la tendencia a elevar a 16 años la edad mínima para abrir cuentas en redes sociales, en nuestro país hay todo un Plan de Entornos Digitales Seguros que apunta en esa dirección. Y la tercera ola que predice el psicólogo social Jonathan Haidt es el retroceso de las políticas que entregan computadores portátiles o tabletas personales a cada estudiante. En esa línea, países como Dinamarca y Suecia están reduciendo el uso de dispositivos en las escuelas para volver a poner el énfasis en los libros, los lápices y el papel.
En conclusión, si hace un par de décadas hubo una campaña para combatir la desnutrición infantil, ahora estamos delante de un problema distinto: la obesidad digital de nuestros niños.

😇😇😇😇😇😇😇😇😇😇😇😇😇