Hace unos días conocimos un dato que debería remecer nuestras conciencias y nuestras decisiones públicas: si Chile aplicara nuevas y más exigentes pautas de medición, la pobreza en 2022 no sería del 6,5 %, como indican las cifras oficiales, sino del 22,3 %, según estimaciones de la Comisión Asesora Presidencial (diciembre 2023 – mayo 2025). Es una diferencia brutal. No es un pequeño ajuste técnico, es una realidad que cambia completamente el mapa social del país.
No puede ser que vivamos creyendo una historia que no es, una que presuponíamos, que quizás olfateábamos, pero que por años decidimos no mirar de frente. Conocer la verdad es el primer paso para transformarla. No se trata solo de cifras, se trata de la realidad que viven muchas y muchos chilenos.
Desde 2014, según diversos estudios académicos, el país ha experimentado una desaceleración persistente, donde no solo influyeron factores internacionales, sino también decisiones internas que frenaron el crecimiento. Hoy, con los nuevos datos sobre la pobreza, se vuelve aún más urgente retomar la senda del desarrollo, con foco en la equidad y en el empleo de calidad.
Chile no es un país condenado a esta nueva pobreza. Tenemos las capacidades, el talento y las instituciones para dar vuelta este escenario. Pero se requiere voluntad política, liderazgo claro y un sentido de urgencia que no siempre se percibe.
Durante décadas, especialmente en los gobiernos de la Concertación, Chile avanzó con decisión en la superación de la pobreza. Hubo políticas públicas serias, crecimiento económico sostenido, inversión en protección social y acceso a derechos. Se cambiaron los datos, pero más importante aún: se cambió la realidad de millones de chilenas y chilenos.
Hay medidas que debemos implementar con urgencia: a) reactivar la economía, mediante proyectos e inversión pública que impulsen crecimiento real, sostenible y descentralizado, b) fomentar el empleo digno, con apoyo a pymes, formación para el trabajo, formalización laboral e incentivos responsables que no desincentiven la contratación, c) fortalecer la seguridad social, con redes de protección robustas, subsidios bien focalizados y mejoras estructurales en pensiones, salud y educación, c) actualizar e institucionalizar las mediciones de pobreza, incorporando nuevas para dejar de engañarnos con cifras que esconden desigualdades profundas.
Nuestros compatriotas necesitan una dosis diaria de esperanza. Necesitan saber que su esfuerzo vale la pena. Que el país no los dejará atrás. El liderazgo político, económico y social debe estar a la altura. Porque cuando un país vuelve a mirar la pobreza con los ojos bien abiertos, tiene dos opciones: negarla o cambiarla. Que elijamos lo segundo.
Y en ese camino, el liderazgo político no solo está llamado a actuar: está éticamente obligado a hacerse cargo, a asumir con responsabilidad tanto el diagnóstico como en las soluciones.

Reforma PGU..
Inmoral que casa marido y mujer cobren ambos 500 mil pesos..independiente así reciben una pensión por ejemplo de hasta un millón de pesos..
No es posible- inmoral que actual gobierno en 3 años le haya incrementado presupuesto al congreso en 50 mil millones mientras nadie se arruga- sonroja en este país por los 20 mil muertos al año listas de espera..
El país debe congelar todo gasto por al menos 4 años que hoy se destinan a ONGS- Fundaciones que solo cumplen objetivos de financiamiento disfrazado de partidos..movimientos ideologicos…mientras déficit habitacional afecta medio millón de personas( plan nacional vía licitación internacional viviendas industrializadas- cuestan la mitad vía serviu hoy)