La carta de Emilia García “Dios es trending topic” y el reportaje de este domingo titulado “Dios es tendencia” en El Mercurio han tenido mucha circulación, sobre todo en un rango etario que pasa poco tiempo en Instagram, no tiene Tik Tok y había escuchado poco o nada de Rosalía hasta ahora. El emergente interés religioso —que hasta donde tengo noticias es destacadamente cristiano, no de todas las religiones por igual— les llega de sorpresa, y entre los creyentes muchos ven este diagnóstico como una buena noticia que despierta entusiasmo. Efectivamente, es muy positivo que Dios vuelva a ser un tema aceptado y se reconozca la inquietud humana por la trascendencia y el sentido, que es una de las preguntas más antiguas de la filosofía. La persona tiene una dimensión religiosa que debe ser atendida por la cultura, y es sano que hoy ya no se perciba la cancelación de hace unos años atrás.
De todos modos, vale la pena profundizar un poco en qué significa ser tendencia y revisar los términos en que los creyentes podríamos sentirnos entusiasmados. Comienzo con algunas consideraciones: el álbum LUX de Rosalía, que levantó la premisa de que lo religioso volvía a estar de moda, tiene una inspiración en la tradición católica; sin embargo, frases que introducen una marcada sexualización al hablar de lo divino como “I´ll fuck you till you love me” en la letra de la canción “Berghain”, o el juego metafórico entre la parábola bíblica del mercader y la descripción de un manipulador emocional en la canción “La Perla”, entre tantos otros guiños, dan cuenta de una interpretación heterodoxa que no es precisamente una profesión de credo. El álbum LUX tiene correlato con la religión y los textos bíblicos, es perfectamente válido como manifestación artística, pero está lejos de ser una catequesis. Respecto a las redes sociales, hay que advertir que diagnosticar un auténtico resurgir de la fe en base a las apariencias que proyecta el contenido de consumo puede llevar a diagnósticos sociales equivocados. Dios es trending topic, pero eso no es necesariamente sinónimo de una población más creyente, piadosa o practicante. Distinto es el indicio del aumento de bautizos en Francia y el Catholic revival de los jóvenes en Inglaterra, noticias que sí hablan directamente de procesos de conversión.
Más allá del análisis caso a caso de los antecedentes, quizás lo que más importa es repensar qué importancia tiene ser tendencia para una religión que cree en un Dios que murió humillado en una cruz, abandonado por amigos deseosos de cuidar su propia fama. A las puertas de la navidad, recordamos a la Virgen María que tuvo a su Hijo en un pesebre porque nadie fue capaz de darle posada. Está bien alegrarse si hoy los católicos vivimos tiempos de misterios gloriosos, llenos de milagros, multitudes alimentadas con canastas rebosantes de peces y panes multiplicados y una imagen atractiva de Dios. Si esto realmente se traduce en personas que están abrazando la fe, hay razones de más entre los creyentes para celebrar. El norte está en no olvidar que las tendencias van y vienen, y la madurez de las convicciones siempre pasa por un proceso íntimo e interior que el sensacionalismo no percibe. Es común que las grandes figuras del catolicismo surjan de lo adverso.

Qué buena y profunda reflexión Ignacia. Espero que el florecimiento de la Fe surja por múltiples caminos, desde la adversidad de la violencia hasta la música de moda.
Pero ante todo por la necesidad de amar al prójimo.
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Excelente, gracias!