La reforma constitucional en materia de seguridad impulsada por el Gobierno abrió un debate que rápidamente se instaló en el terreno político: las acusaciones de una supuesta deriva “iliberal” del Ejecutivo, principalmente por las atribuciones contempladas en el nuevo estado de excepción. Pero la controversia también puso bajo escrutinio a quienes hoy levantan esa crítica, especialmente a sectores de izquierda que respaldaron la propuesta constitucional de 2022.
En el programa Mirada Líbero, Max Colodro, filósofo y analista político, conversó sobre este debate y afirmó que la izquierda y la centroizquierda carecen de “autoridad moral” para acusar al actual Gobierno de iliberal después de haber respaldado el texto elaborado por la Convención Constitucional.
«La izquierda y centroizquierda no tienen autoridad moral para criticar por iliberal al gobierno, después de haber apoyado la propuesta de la Convención«
—Usted planteó en su columna dominical que «la oposición ha recibido en sus manos un obsequio precioso, los fundamentos para sostener que efectivamente existe en el corazón del Ejecutivo una pulsión iliberal». Pero también sostuvo que “la izquierda no tiene mucha legitimidad para salir a denunciar riesgos iliberales”, ¿a qué se refiere exactamente?
—El Gobierno, en mi opinión, dio un paso en falso. El Mercurio, en la Semana Política del domingo, hablaba de un duro traspié del Gobierno. Yo coincido con eso, creo que efectivamente el Gobierno cometió el error de focalizar esta discusión en una reforma constitucional y, particularmente, en un aspecto muy delicado, que es el estado de excepción. Y quitarle, por lo tanto, el foco a las leyes que se debían tomar en materia de seguridad. Yo creo que la propuesta del Gobierno es una propuesta arriesgada, no porque le tenga temor o preocupación al Gobierno actual, sino porque una reforma que permite decretar un estado de excepción tan gravoso como el que el Gobierno está planteando es un factor de incertidumbre para el futuro. Más que temor a este gobierno y a lo que puede hacer eventualmente el actual Presidente Kast, dejar abierta la puerta a que un futuro eventual gobierno de cualquier característica, populista de izquierda o de derecha, pueda tener ese instrumento, ese estado de excepción constitucional, es un riesgo. Y a eso me refería cuando decía que hay un riesgo o una pulsión iliberal en el corazón de esta decisión.
—Un «obsequio precioso»…
—La izquierda, es cierto, ha recibido esto como un regalo precioso. Poder cuestionar y criticar. Ya se venía instalando el tema de si este Gobierno era o no era un gobierno iliberal o con ciertos rasgos autoritarios. Lo había planteado, entre otros, el propio Carlos Peña en algunas de sus columnas. Yo creo que este Gobierno, en ese sentido, le entrega a la oposición un arma política para cuestionarlo, para plantear eventualmente la posibilidad de que el Gobierno tiene una pulsión iliberal o una tendencia autoritaria. Pero, sin lugar a dudas, y a lo que me refería en la segunda declaración que tú mencionas, es que creo que la oposición, es decir, la izquierda y la centroizquierda, si hay algo que no tienen es autoridad moral para cuestionar o criticar por iliberal o por riesgo iliberal a un gobierno de cualquier signo después de haber apoyado la propuesta constitucional de la Convención.
«La propuesta constitucional de la Convención fue, a todas luces, una apuesta autoritaria»
—¿A qué se refiere con eso?
—Me refiero a que la propuesta constitucional de la Convención fue, a todas luces, una apuesta autoritaria, una propuesta que limitaba severamente la democracia, buscaba eliminar el Senado, buscaba eliminar la igualdad ante la ley a través de 11 sistemas de justicia de origen étnico que tenían que ver con los pueblos originarios y que, en rigor, lo que hacían era que los chilenos, ante las mismas condiciones, los mismos eventuales delitos, íbamos a ser juzgados de manera distinta en función de nuestro origen étnico. Eso es lo más iliberal que uno puede imaginar, es decir, romper con la igualdad ante la ley, que fue lo que terminó apoyando la izquierda e, increíblemente, también la centroizquierda chilena. Creo que después de eso no hay mucha legitimidad ni mucho piso para cuestionar nada de iliberal o de eventual riesgo autoritario en el actual Gobierno.
—¿Quiénes considera que han sido los principales actores iliberales de la política chilena?
—La izquierda y la centroizquierda en su conjunto. Cuando recuerdo, por ejemplo, la frase del expresidente del Senado, que fue también presidente del PPD, el senador Jaime Quintana, advirtiéndole al Presidente Piñera que si quería llegar al final de su período iba a tener que aceptar un parlamentarismo de facto. Funcionar de esa manera, en esa lógica, saltándose la legalidad, poniendo al Congreso en una posición de poder que nuestra institucionalidad y nuestra legalidad no le concede. Bueno, eso es lo más iliberal que hay. Entonces, que esos mismos sectores, desde la Democracia Cristiana hasta el Partido Comunista, estén hoy día intentando cuestionar al actual Gobierno por iliberal en función de una propuesta que yo no comparto, parto de esa base, pero de ahí a que sea la oposición de izquierda y de centroizquierda la que se siente con el derecho y la autoridad para cuestionar una eventual iliberalidad del proyecto, me parece literalmente escandaloso.
—¿El tejo pasado también es de la izquierda?
—Absolutamente. La izquierda tuvo una apuesta para el país, que fue su proyecto constitucional, que ponía en riesgo las bases mismas del sistema democrático.
—¿Hay un doble estándar, entonces?
—Sin duda. Hay un doble estándar. Efectivamente, el Gobierno, a mi juicio, y es parte de mi crítica, le concede a la oposición, le entrega a la oposición un regalo, un elemento para poder cuestionar y para poder reforzar esta idea de que el Gobierno tiene una pulsión o una tendencia iliberal o autoritaria, pero creo que nadie en la izquierda y en la centroizquierda tiene mucha autoridad para poder cuestionar eso.
—Adriana Delpiano sostuvo que no volvería a votar Apruebo a la propuesta de la Convención, ¿considera esto un mea culpa o qué puede haber detrás?
—Hay un mea culpa en ciertos sectores, pero lo importante en este caso, si es que eso es sincero, es que te expliquen en qué dejaron de estar de acuerdo con esa propuesta. Qué es lo que dejó de ser apoyable para esos sectores que hoy día hacen una crítica o una autocrítica respecto de lo que intentaron apoyar. En general, lo que tú ves, lo que uno escucha, es que hay mucha gente a la que le cuesta hoy día reconocer que votó Apruebo, sobre todo de la centroizquierda más moderada, pero todavía no han hecho un reconocimiento de por qué terminaron apoyando esa propuesta y qué, eventualmente, es lo que hoy día los hizo cambiar de opinión.
«El Gobierno de Boric tenía una concepción iliberal, autoritaria y populista»
—Respecto al gobierno de Gabriel Boric, que apostó políticamente por el triunfo del Apruebo, ¿cree que tuvo una concepción iliberal de la democracia o no?, ¿o hubo una transformación política?
—La propuesta del Gobierno fue la propuesta de la Convención… El Gobierno hizo campaña por esa propuesta, imprimió un millón de ejemplares de esa propuesta constitucional, los repartió frente a La Moneda. El exdiputado y exministro Giorgio Jackson llegó a decir que esa propuesta era la columna vertebral del programa de Gobierno y que, por lo tanto, era muy importante que se aprobara. Es decir, el compromiso y el respaldo del Gobierno a esa propuesta fue unánime y absoluto. Y yo creo que esa propuesta era una propuesta que le hacía mucho daño al país, que de alguna manera debilitaba las bases del sistema democrático de la República, y nos ponía en la senda de un populismo de izquierda que podía llevarnos eventualmente a vivir cosas como las que se han vivido en Bolivia, en Venezuela y, por lo tanto, yo creo que esa propuesta era una propuesta, en el fondo, profundamente iliberal.
El Gobierno estaba completamente comprometido con esa propuesta. Yo no hago una distinción. Todos los ministros votaron Apruebo, no hubo ninguna voz disidente en los partidos que respaldaban al Gobierno respecto de esa propuesta. Carolina Tohá fue una de las voceras del Apruebo, ministra del Interior del PPD. No hubo disonancias ni hubo voces disidentes respecto de esa propuesta en el oficialismo… Ese proyecto era el proyecto constitucional del gobierno de Gabriel Boric y de la izquierda histórica y de la centroizquierda también. Esa frase de Michelle Bachelet de que esa propuesta era lo más cercano a lo que ellos siempre habían soñado, estaban juntos con Boric y se pusieron a escuchar a Pablo Milanés, para precisamente usar esa frase como una reafirmación del compromiso con esa propuesta constitucional.
—O sea, ¿se puede decir que el gobierno de Boric tenía una concepción iliberal?
—Iliberal, autoritaria, populista, sin duda. Entonces, hoy día se hace muy difícil y muy impresentable que cuestionen una propuesta de reforma constitucional y un estado de excepción que para mí supone ciertos riesgos, sin duda, pero que sea precisamente la izquierda la que levanta la voz después de haber apoyado esa propuesta constitucional de la Convención me parece bien impresentable.
—Gonzalo Cordero dijo en El Líbero que «hace mucho que el Congreso se viene comportando de manera iliberal». ¿Estás de acuerdo?
—Estoy de acuerdo en que ha habido muchas manifestaciones, expresiones de iniciativas parlamentarias que han estado al margen de la legalidad y al margen del respeto a la Constitución. Creo que la más importante y la que más recordamos es la iniciativa de los retiros de fondos previsionales. No había atribuciones para que los parlamentarios tomaran una iniciativa que iba a tener perjuicios económicos en el erario fiscal. Eso está prohibido por la Constitución. Sin embargo, esas iniciativas se llevaron adelante. Y el haber planteado la idea de un poder parlamentario que se pone al margen de la legalidad, en un sistema presidencialista y le dice al Presidente: “Usted tiene que aceptar un parlamentarismo de facto”, también, un Senado en ese caso, que se pone al margen de la legalidad.
—¿Y las acusaciones constitucionales al expresidente Piñera?
—Las acusaciones constitucionales, por último, son parte de la institucionalidad. Uno puede cuestionar el motivo. Es un recurso que está planteado en la institucionalidad y al menos la oposición de la época, la izquierda y la centroizquierda, aceptaron que no habían logrado que esas acusaciones constitucionales fructificaran y, por lo tanto, no insistieron en algo que al menos en los votos habían perdido.
—¿Está de acuerdo en que ha existido señales de debilitamiento de la institucionalidad?
—No me voy a olvidar nunca tampoco de una declaración de la expresidenta del Senado, también PPD, Adriana Muñoz, cuando dijo en medio del estallido social que prefería apoyar una norma que, aunque sea inconstitucional, permite dar satisfacción a ciertas necesidades o demandas sociales. O sea, demandas sociales que, aunque sean inconstitucionales, están por sobre la norma.
«Me sorprende que en el mundo de la centroizquierda no haya ningún problema moral en seguir siendo aliados del Partido Comunista«
—El Partido Comunista fue uno de los partidos centrales del gobierno anterior, y apoya la revolución y la dictadura cubana, ¿puede un sector político reclamar para sí una superioridad en materia de democracia liberal y finalmente apoyar un régimen como el cubano?
—Yo, respecto al Partido Comunista, no tengo ninguna duda y valoro del Partido Comunista su consistencia, nunca ha cambiado de línea, nunca ha cambiado de posición respecto a estos temas. Apoya dictaduras, las ha apoyado históricamente, los países socialistas, partiendo por la Unión Soviética, por la República Democrática Alemana, la Alemania comunista, a esos regímenes los ha respaldado siempre. El Partido Comunista, hasta el día de hoy, cuando tiene que mandar condolencias al régimen de Corea del Norte, las sigue mandando en un tono de compromiso y de respaldo. Y al régimen cubano lo sigue apoyando hasta el día de hoy. No esconden lo que son, no esconden lo que apoyan. A mí lo que realmente me sorprende es que en el mundo de la centroizquierda no haya ningún problema moral ni de consistencia política en seguir siendo aliados del Partido Comuxnista. Creo que eso es lo realmente sorprendente. Que la Democracia Cristiana, que el PPD, que el Partido Radical en su momento, incluso el Partido Socialista, que son partidos que han manifestado un cierto compromiso y una cierta renovación y crítica a lo que fueron y a lo que siguen siendo los pocos países socialistas que siguen existiendo en el mundo, no sientan y no tengan ningún inconveniente ni ninguna dificultad en seguir siendo aliados del PC.
—¿Volvemos al doble estándar?
—A la derecha chilena no le van a perdonar jamás el haber apoyado una dictadura en Chile. A estos otros partidos, como el PC, no hay ningún problema en que sigan apoyando hasta el día de hoy dictaduras en Corea del Norte, en Cuba. No tienen ningún problema en pactar con ellos, en gobernar con ellos, en ser aliados en todo, en participar en primarias, si es que ellos terminan ganando la primaria, en votar por su candidata presidencial, como ocurrió en la última elección… Entonces, creo que también en eso hay una gran inconsistencia en el mundo de la centroizquierda y creo que, en buena medida, esa inconsistencia es lo que explica el porqué la centroizquierda hoy día está en la situación de debilidad y desmedrada en la que está.
—¿Y piensa en alguna figura en particular de parte de la centroizquierda?
—Pienso en todos. En Carolina Tohá, en todos los dirigentes del PPD, pienso en Yasna Provoste, pienso en el senador Huenchumilla. Ellos no tienen ningún problema en pactar, en ser aliados del Partido Comunista. Vienen de una tradición que ni siquiera es una tradición marxista como el PS, vienen de una tradición vinculada al humanismo cristiano, y, sin embargo, no tienen ningún problema en ser parte de una alianza electoral o, cuando corresponde y es necesario, ser parte del mismo Gobierno con un partido que sigue apoyando Cuba y que sigue respaldando Corea del Norte.
—¿Qué significa realmente el concepto de “iliberal”? Se utiliza como un sinónimo de autoritarismo, de extremismo, antidemocrático…
—Ser iliberal, básicamente, es no respetar los principios doctrinarios de la democracia liberal: la separación de poderes, la vigencia del Estado de Derecho, la libertad de expresión, la libertad de asociación, de reunión, de pensamiento. De alguna manera, ser iliberal es tener un compromiso con ciertas lógicas, ciertas prácticas, ciertas políticas públicas que pueden llevar a poner en riesgo esos principios.
—¿Y se está abusando de la palabra iliberal?
—Sí, hoy día se está abusando de manera excesiva para muchas cosas, pero básicamente a lo que se refiere es a que hoy día se pueden llevar adelante ciertas iniciativas o apoyar ciertas políticas que pueden poner en riesgo o debilitar la democracia, los principios que sustentan el Estado de Derecho, la República, los principios republicanos y, sobre todo, la posibilidad de seguir teniendo alternancia en el poder.
«No creo que estemos frente a un gobierno iliberal (….) no tengo temor de que Kast vaya a tener una tentación autoritaria»
—El hecho de que el Presidente Kast haya aceptado la crítica, retirado la urgencia y abierto la puerta a incorporar controles parlamentarios, ¿es una señal relevante de que no estamos ante un Gobierno iliberal?
—Yo no creo que estemos frente a un gobierno iliberal. Creo que esta iniciativa supone ciertos riesgos, que los pienso en función de lo que puede ser un futuro gobierno, más que en el actual. Yo, sinceramente, no tengo temor de que Kast vaya a tener una tentación autoritaria o una tentación iliberal. Sinceramente, no he visto ninguna señal hasta ahora, de lo que conozco de la trayectoria política del Presidente, ha sido candidato tres veces, lo he visto siempre reconocer sus derrotas, lo he visto responsable en la manera en que ha ejercido el poder en estos primeros meses de Gobierno. Entonces, no me preocupa por ese lado.
—¿Y qué le preocupa?
—Me preocupa más bien por sentar un precedente y dejar instalada una institucionalidad hacia adelante, no sabiendo muy bien cuáles son los gobiernos que vamos a tener en el futuro. Podemos correr ciertos riesgos. Ahora, a mí lo que me preocupa de esta propuesta, más allá de la propuesta misma, que la considero delicada y contraproducente, es que el Gobierno no haya calculado cuáles iban a ser los efectos, las consecuencias y los reparos que iban a surgir en el propio oficialismo. Eso es lo que me parece más delicado, o sea, la falta de análisis, de capacidad de proyectar un escenario; que el Gobierno no haya sido capaz de socializar esta propuesta para evitar tirarla a la piscina sin saber si había agua o no.
—Se hablaba de la estrategia del tejo pasado, para después negociar…
—Yo no lo creo… Yo sinceramente creo que esta propuesta no tiene ninguna viabilidad. Tal como está, no tiene ninguna viabilidad. Yo creo que ya las señales son claras de que en el oficialismo hay un sector importante que no la va a respaldar y que, por lo tanto, el Gobierno va a tener que hacerle modificaciones sustantivas. Y eso complica al Gobierno, en el sentido de que, de nuevo, muestra a un Gobierno que no fue capaz de anticipar el escenario en el que se iba a recibir esta propuesta y que tiene que empezar de nuevo a modificar sobre la marcha (…) Y terminamos con el foco puesto en una reforma constitucional, en un estado de excepción constitucional y no en las otras propuestas y proyectos que ya incluso están muchos de ellos en trámite legislativo.
—Se está discutiendo por la participación de Kast en el Foro Madrid, que se realizará el jueves 3 de septiembre en Santiago, justamente en medio del debate sobre el “iliberalismo”, ¿ve acá una crítica legítima? considerando que también Boric, siendo Presidente, envió un saludo al Grupo de Puebla
—Creo que sería mejor y preferiría que los presidentes no tomaran partido por ciertas alianzas doctrinarias, ideológicas, mientras están en el ejercicio del cargo. No me gustó lo de Boric, me acuerdo que vino Petro, Sánchez, Lula, no me acuerdo si estuvo la Presidenta Sheinbaum también, pero México era parte también de esta alianza de grupos de izquierda. Creo que fue una mala señal del Presidente Boric y esta señal tampoco la considero buena, que el Presidente Kast participe, dé señales a favor de una alianza de partidos de derecha o de fuerzas políticas de derecha. Pero, dado que ya estamos en un escenario en el que se ha permitido que los presidentes puedan manifestar sus opciones ideológicas, bueno. Ahora sería bien impresentable, de nuevo, que la izquierda salga a cuestionar a Kast por hacer exactamente lo mismo que hizo Gabriel Boric en su momento.

En mi opinión el plazo hoy vigente para el Estado de Excepción de Emergencia, 15 días prorrogables por otros 15 días, carece de toda efectividad y lo vimos durante el intento de golpe de estado de Octubre de 2019.
Durante ese período los violentistas se pueden ir para sus casas, descansar, organizarse y el día 31 «le déluge». Tal vez 240 días sea mucho, pero 30 son claramente insuficientes.
Colodro acierta al recordar las inconsistencias democráticas de la izquierda y su respaldo al proyecto constitucional de 2022. Sin embargo, confunde dos cuestiones: la autoridad moral del crítico y la validez de la crítica.
Que la izquierda haya sido iliberal ayer no vuelve liberal una institución riesgosa hoy. La hipocresía puede desacreditar al denunciante; no elimina el peligro denunciado.
El propio Colodro entrega el argumento decisivo: no teme especialmente a Kast, sino al precedente que quedará para futuros gobiernos. Precisamente por eso las democracias no diseñan poderes extraordinarios pensando en el gobernante en quien confían, sino en aquel en quien jamás confiarían.
El Estado de derecho no pregunta quién tiene autoridad moral para criticar el poder. Pregunta cuánto poder estamos dispuestos a entregar.