Bolivia se encuentra amenazada en su democracia por grupos que han tomado la calle y pretenden derrocar el presidente Rodrigo Paz, elegido por el pueblo boliviano hace unos pocos meses. Los grupos insurgentes están coordinados por organizaciones poderosas, que disponen de grandes recursos económicos, políticos y sociales, una especie de poder en las sombras, que trata de despojar al pueblo de Bolivia de lo más preciado que tenemos: la soberanía popular.
En América Latina hay grupos muy bien entrenados en la captura de la soberanía popular, para usurpar el principal derecho del pueblo.
Nuestros mayores: José de San Martín, Bernardo O’Higgins, Antonio José de Sucre y Simón Bolívar, se jugaron la vida para arrancar la soberanía de la corona española, y entregarla a nuestros pueblos. Pero luego surgieron los traficantes del poder, que saben cómo hacer para despojarnos de esa soberanía, y ponerla en manos de una minoría de aventureros, expertos en el despojo.
Esto lo vivió Argentina en la década de 1930, con el fraude patriótico de la derecha conservadora. Perón dio el golpe de Estado de 1943, y cambio el método: de fraude patriótico pasó al fraude fiscal. Instaló la cultura del gasto fiscal expansivo, a costa de la macroeconomía, y puso en marcha una fuerza política hegemónica durante 80 años; duró hasta 2023, cuando entregó al país con 58% de pobreza e inflación de 219% anual.
¿Argentina con 58% de pobreza? ¿Ese país que era el más próspero y rico de América Latina? ¿El que tuvo su Metro en Buenos Aires en 1913, 60 años antes que Chile? ¿El que en 1924 tenía 100.000 autos, sobre el total de 250.000 que había en toda América Latina? ¿El que recibía 6,5 millones de inmigrantes europeos, porque Argentina era mejor y más próspera de Italia, Francia, Suiza y España? Sí. Ese país terminó en la ruina, gracias a la doctrina del fraude fiscal creada por Perón y sostenida por sus sucesores durante 80 años.
Con esos recursos, el peronismo movilizó sus militantes para impedir la gobernabilidad de cualquier fuerza política que no fuera peronista, lo cual logró con éxito durante casi 80 años. Entre Perón y el peronismo participaron en los golpes de Estado de 1930, 1943, 1958 y 1966; contribuyeron a la agitación que condujo a la caída de Alfonsín en 1989 y De la Rúa en 2001; y lo intentaron reiteradamente durante los gobiernos de Macri y Milei. Tienen decenas de miles de militantes rentados y privilegiados para asegurar movilizaciones masivas, lo cual se tradujo en los cortes de rutas y piquetes constantes, además de las 13 toneladas de piedras que lanzaron sobre el Congreso argentino en la gestión de Macri.
Esa misma metodología se muestra ahora en Bolivia, con el apoyo explícito del ex Presidente Evo Morales que exhibe un deseo incontenible de recuperar el poder para asegurarse la impunidad de los delitos sexuales, estupros y abusos de menores en los cuales está denunciado y prófugo de la justicia. En vez de dar la cara y defenderse con argumentos legales, Evo se enroca en su bunker cocalero, con epicentro en el Chapare, donde se cultiva coca no apta para uso tradicional pero sí para fabricar cocaína. El cuadro se complementa con las grandes sumas de fondos públicos que durante los veinte años del reinado de ese grupo se desviaron para fortalecer la militancia rentada que ahora sale a la calle para defender sus intereses corporativos.
¿Qué va a pasar en Bolivia? No lo sabemos. ¿Seguirá Rodrigo Paz el camino de Frondizi, Illia, Alfonsín y De la Rúa, todos ellos desalojados del poder antes de cumplir sus mandatos constitucionales, ante la arrolladora fuerza del vandalismo y el golpismo financiado desde las sombras? ¿Podrá completar su mandato a duras penas, sin solucionar los problemas de la macroeconomía nacional debido al constante acecho del evismo, como lo ocurrió a Mauricio Macri con los kirchneristas? ¿O logrará enderezar el barco, reconstruir la paz del país y enderezar la macroeconomía, como lo hizo el actual gobierno, con particular liderazgo de Patricia Bullrich? (¿Alguien pudo imaginar que Buenos Aires podría recuperar tan rápido su paz y tranquilidad, gracias a su gestión?).
No sabemos qué va a pasar en Bolivia. Lo que sí se sabe, y coincidimos con Loreto Correa (Bolivia: La democracia acorralada) es que, si se pierde la democracia, el futuro se torna oscuro para los pueblos. Bolivia seguirá hundiéndose en la pobreza (fue el país más rico de América, más incluso de Argentina). Y arrastrará a sus vecinos, tanto Argentina como Chile, que sufrirán los efectos de la nueva crisis humanitaria (al estilo Venezuela y Cuba), con migraciones masivas debido a la pobreza, el derrumbe de las instituciones y la entronización del autoritarismo, esta vez, apoyado en el narco.
