Nueva York y Santiago podrían estar en las antípodas tanto del mapa como de la historia. El símbolo del capitalismo global concentra a 123 multimillonarios que acumulan más de US$759 mil millones; el doble del PIB chileno. El sueldo mínimo neoyorquino (casi CLP 3 millones) equivale a lo que en Chile gana un profesional con experiencia, y mientras Nueva York tiene 12.000 personas por km², Chile apenas 26.
Sin embargo, por casualidades del destino, en noviembre, mientras Nueva York elige a su alcalde, Chile elige a su presidente. Dos candidatos unen a estos polos en sus similitudes.
Jeannette Jara y Zohran Mamdani están separados por 8.200 kilómetros, pero esa distancia se acorta al analizar sus lecturas de mundo: comparten algo más que una ideología. Los une la necesidad de escapar de su pasado, ecos de un antisemitismo inquietante, una capacidad para incomodar a sus partidos, y carisma acompañado de un idealismo que saca canas a cualquier economista.
Cuando Jeannette Jara tenía poco más de quince años, se inscribió en las Juventudes Comunistas, convencida de que el cambio social debía venir de la lucha política y no del emprendimiento individual. Mamdani, inmigrante ugandés criado en un privilegio intelectual neoyorkino, se integró a los Democratic-Socialists of America con 26 años. Mientras Jara admiraba a Gladys Marín, Mamdani seguía los pasos de Bernie Sanders. Para Jara y Mamdani, esos ídolos se transformarían en fantasmas difíciles de esquivar. En el último debate, periodistas interpelaron a Mamdani por sus tuits de 2020, en los que llamaba a retirar el financiamiento de la policía de Nueva York y afirmaba que “el NYPD es racista, anti-queer y una gran amenaza para la seguridad pública”. Sus convicciones también lo llevaron a hacerle un gesto obsceno a la estatua de Cristóbal Colón en Columbus Circle. Si estas provocaciones le parecieron en su momento gestos idealistas, hoy le pasan una factura similar a la que enfrenta Jara por afirmar que “Cuba tiene un sistema democrático distinto del nuestro”.
Ambos muestran un desfase con la realidad al que sólo se acercan cuando el costo político los obliga. Se han disculpado, pero ni sus adversarios ni el votante centrista lo olvidan, como reflejó un reciente estudio de AARP/Gotham Polling.
El antisemitismo es otro lamentable punto en común. Amparados en la dialéctica marxista que divide el mundo entre opresores y oprimidos, han terminado por situar al pueblo judío -una minoría históricamente perseguida- como la encarnación del poder económico y político que buscan derrocar. Mamdani repite consignas contra el “Estado opresor israelí”, y evita condenar claramente a Hamas, mientras Jara afirma que “el bombardeo de Israel a Irán es una amenaza a la paz mundial”, pasando por alto que Irán es una dictadura que financia el terrorismo y reprime a su propio pueblo.
Jara y Mamdani son, en muchos sentidos, un espejo el uno del otro y las reacciones dentro de sus partidos así lo confirman. Se han convertido en un problema para sus propias izquierdas.
Para los republicanos, Mamdani es el adversario ideal: el hombre de paja que encarna todas las caricaturas que ellos mismos han construido sobre los demócratas. Elise Stefanik, probable candidata republicana a gobernadora de Nueva York, ya ha criticado a la actual gobernadora demócrata Kathy Hochul por haber respaldado a Mamdani, capitalizando el extremismo del propio candidato para fortalecer su narrativa contra la izquierda. Los demócratas, por su parte, enfrentan la amarga sorpresa de constatar que su supuesto “representante” es un radical que, como una hiedra, creció sobre los muros de su propio partido y hoy amenaza con destruirlos desde adentro. Algo similar ocurre en Chile, donde la izquierda aún no resuelve su propia batalla entre moderación y militancia.
Finalmente, Jara y Mamdani tienen en común lo que comparten con Salvador Allende, Hugo Chávez y Eva Perón: carisma y alergia a las clases de economía. Mamdani ha prometido supermercados gratuitos, congelar los precios del arriendo, transporte y guarderías sin costo y la propuesta favorita del socialismo: subir los impuestos. Todo ello con una sonrisa impecable y miles de seguidores en TikTok. Jara replica la fórmula en clave local, acumulando miles de seguidores diarios en redes sociales.
En fin, Nueva York y Santiago difícilmente podrían ser más distintas, pero quizás haya algo en el zeitgeist que las conecta. Es dudoso que Mamdani haya aprendido mucho de Chile en la universidad, pero su estilo frenteamplista es casi un manual de Boric. Hoy, Chile con Jara y Nueva York con Mamdani parecen condenados a repetir el mismo guion. De ser el caso, en la elección subsiguiente, el alcalde será Curtis Sliwa y Johannes Kaiser presidente chileno. Por ahora, sólo cabe esperar que tanto Nueva York como Santiago comprendan que la distancia entre el sueño y la gestión, más que la ideología, podría terminar siendo su verdadero destino compartido.
