El Premio Nobel de Economía 2025 fue para Mokyr, Aghion y Howitt, tres economistas que demostraron algo que Chile parece haber olvidado: el crecimiento económico depende de la innovación.
Mokyr explicó que las sociedades progresan cuando combinan ciencia, tecnología y apertura al cambio. Aghion y Howitt, demostraron matemáticamente la teoría de la “destrucción creativa”: innovaciones que reemplazan lo obsoleto y empujan el progreso.
Este Nobel llega en un momento clave para nuestro país. Con la carrera presidencial ya en marcha, la economía vuelve al centro del debate. Todos prometen “recuperar el crecimiento”, pero pocos hablan de cómo hacerlo. Se evidencia que la innovación -el único camino para aumentar productividad, empleo y bienestar- sigue ausente del discurso político.
Hace un mes se publicó el Global Innovation Index (GII) 2025: Chile cayó al puesto 51, lejos del 39 que ocupaba en 2011. Si aspiramos al bienestar de países desarrollados, deberíamos estar al menos en el top 25. ¿Queremos ser como Suecia? Pues bien, Suecia está en la posición #2 del ranking. Mientras nosotros seguimos conformándonos con ser “los primeros de Latinoamérica”. Ese premio de consuelo ya no alcanza.
La excusa habitual es el bajo gasto en I+D. Cierto, pero insuficiente. Esta es sólo una de las 75 variables que mide el GII. El problema es más profundo: no transformamos conocimiento en resultados. No somos exportadores de tecnología, existe poca colaboración entre universidades y empresas, y nuestros niveles de educación están absolutamente al debe.
La fórmula es simple: Innovación = Talento + Capital. Sin talento no hay ideas. Sin capital no hay crecimiento.
En los últimos cinco años, más de 80 mil millones de dólares salieron del país. Sin confianza ni estabilidad, no hay capital que apueste ni talento que se quede. Si realmente queremos volver a crecer, necesitamos recuperar las condiciones que hacen posible innovar.
Los países más innovadores son los más libres, estables y prósperos. Esa es la lección del Nobel 2025. Chile puede hacerlo, pero requiere convicción política: dejar de ver la inversión y el mérito como amenazas, y entender que sin innovación no hay crecimiento sostenible.
En esta elección todos hablarán de salud, sueldo mínimo, seguridad o reformas al sistema. Pero la pregunta de fondo es otra: ¿Quién está dispuesto a innovar para que Chile vuelva a crecer a tasas por sobre el 4% anual?

Excelente!!