Fue el cientista político Guillermo O’Donnell quien, en 1994, advirtió sobre el surgimiento en América Latina de la llamada “democracia delegativa” (Journal of Democracy, 5:1).
Ante la impaciencia de las grandes mayorías nacionales frente a las carencias y frustraciones en el ámbito económico-social, dice O’Donnell, en un contexto de debilidad institucional y paulatina pérdida de legitimidad de las instituciones de la democracia representativa y de las élites dirigentes, las grandes mayorías recurren, en los años 90, a liderazgos fuertemente personalistas, como los de Alberto Fujimori en el Perú, Carlos Menem en Argentina, y Fernando Collor en Brasil.
Bajo esas condiciones, la población “delega” el poder en los nuevos gobernantes elegidos con grandes mayorías nacionales, dando cuenta de fuertes componentes personalistas, plebiscitarios, cesaristas, bonapartistas y caudillistas.
Estos líderes personalistas empiezan a gobernar por “decreto presidencial”, bypaseando a las instituciones de la democracia representativa, como los partidos, el parlamento, y hasta la independencia del Poder Judicial.
Este es el modelo que mejor calza y viste a la experiencia de Donald Trump en su segunda administración, bajo la fórmula de los executive orders (decretos presidenciales, en el lenguaje latinoamericano), que procuran bypasear a las instituciones de la democracia liberal o representativa (incluido el estado de derecho), acompañado de una batería de iniciativas destinadas a debilitar la independencia del Poder Judicial y la libertad de expresión.
Esa ha sido nuestra exportación no tradicional en el ámbito político.
Por otro lado, Celso Furtado y Raúl Prebisch deben estar revolcándose en la tumba al ver que al fin alguien los entiende en el ámbito económico.
Los principales pensadores de las teorías cepalianas de fines de los años 40 y años 50 construyeron todo su andamiaje intelectual sobre la base del “deterioro de los términos de intercambio”. En esas condiciones, los países latinoamericanos tenían que sustituir la estrategia de “crecimiento hacia afuera” por una de “crecimiento hacia adentro” a través de la industrialización sustitutiva de importaciones.
En buenas y apretadas cuentas, tenían que subir aranceles, cimentando las bases del desarrollo endógeno en torno a un marcado proteccionismo.
Esa es, precisamente, la fórmula adoptada por Trump en sus primeras semanas en el gobierno. La guerra comercial que ha declarado al mundo sobre la base del alza de barreras arancelarias y el proteccionismo parte de la base de que los EE.UU. han sido maltratados por el resto del mundo y que tiene que actuar en consecuencia.
Esa ha sido nuestra exportación no tradicional en el ámbito económico.
En una perspectiva más general, mientras los países latinoamericanos, con Uruguay, Chile y Costa Rica encabezando el ranking, hemos procurado acercarnos a la “Democracia de Instituciones” para ir dejando atrás la ampliamente extendida práctica latinoamericana de “Democracia de Caudillos” (el tema lo desarrollo en profundidad en mi libro “Democracia en América Latina”, Cieplan/Uqbar, 2009).
Los EE.UU., en la era Trump, se acercan a la “Democracia de Caudillos” con grave deterioro y amenaza para la “Democracia de Instituciones”, colocándose de espaldas a 250 años de democracia constitucional (ver Levitsky y Way, The path to American authoritarianism (what comes after democratic breakdown), Foreign Affairs, Marzo/abril, 2025).
“La historia se repite, primero como tragedia, luego como farsa”, ha escrito Marx en “El 18 Brumario de Luis Bonaparte” (1852). Marx la utiliza para describir cómo los eventos históricos pueden tener una primera manifestación seria o trágica, y luego una repetición distorsionada que se convierte en algo ridículo o absurdo.
Sea como fuere, como tragedia o como farsa, lo más probable es que el intelectual colombiano, Carlos Granés, nunca debe haber siquiera imaginado que su estupendo libro “Delirio Americano” (Taurus, 2022), referido a América Latina, iba a ser paradigmático del conjunto de las américas (western hemisphere), incluidos los EE.UU., en la era Trump.

Bien particular y sesgado punto de vista, entre los que gobiernan o gobernaron por decreto olvidó, será olvido???? a Correa, Chavez, Maduro, Kirchner, Morales, Castro y nnnn. El candidato Trump dijo claramente lo que iba a hacer, no engañó a nadie como lo hacen enanos caudillos de izquierda, sacó mayoría en ambas cámaras, expresión clarisima del Soberano Norteamericano, aunque les duela, se les acabó la fiesta gratis pagada por contribuyente NA. Ahora a trabajar no más y ganar el pan…….