jóvenes

Chile ha cambiado en algunas cosas para bien y en otras para mal. El despliegue estatal de ofertas por mayores beneficios y derechos y el olvido deliberado de obligaciones y deberes de los ciudadanos, está llevando a Chile por mal camino.

El problema nace del hogar, en que los padres hoy sobreprotegen y educan mal a los hijos. Quienes tenemos más de 60 años, recordamos con cariño, cómo nuestros padres nos despertaban temprano, íbamos a la ducha caliente o fría y partíamos al colegio de amanecida. El colegio era estricto, nos quedábamos a hacer deportes y más tarde a hacer tareas en la casa. Cursos numerosos, familias largas, profesores fabulosos, muchos amigos, juegos en el barrio, juguetes sencillos y mucha vida familiar.

Hoy estamos en un mundo de mamones. Los papás, y también las mamás, aceptando todo tipo de extorsiones o pataletas de cabros chicos. Se les regala lo que piden, cuando quieran y lo peor de todo, es que los padres creen que le están haciendo un bien a sus hijos. En la mayoría de los colegios y en todo Chile, se les pasa a buscar en “liebre”, están la mayoría con sobrepeso, no se les puede retar, no se les puede expulsar de la sala de clases si se portan mal y no se les puede dejar repitiendo. A la primera que un profesor le dice algo a “la niña”, se dejan caer los apoderados a reclamar al colegio. Muy pocos saben leer y menos escribir y no se les enseña historia de Chile. Los “proyectos educativos” repletos de temas sexuales, feminismo y lenguaje inclusivo. En la universidad, los niveles de exigencia han caído. Es ya antiguo el porcentaje de reprobados en Ingeniería Civil de la U. de Chile. Hoy la cuestión es conceder, permitir, otorgar y “facilitar”.

Los jóvenes de antes, ni hablar de aquellos que defendieron a Chile en tantas batallas, eran sacrificados, humildes y eran patriotas. Hoy se les ve en las tardes paseando perros, con celular en la mano, subiendo y bajando fotos o despotricando en redes sociales. Muchos jóvenes no se quieren casar, no quieren tener hijos, quieren trabajar de la casa. La Patria poco les importa, la religión menos y el egoísmo se apodera de muchos.

Nuestro país atraviesa por una severa crisis, la cual no se resolverá si nuestros jóvenes siguen pensando sólo en ellos. Las generaciones mayores no son respetadas, y menos veneradas, como debería ser. Las autoridades a todo nivel y de todos los poderes del Estado, también algunas empresas, no han encontrado nada mejor que fomentar el trabajar menos. Creen que en el ocio el ser humano encontrará la felicidad. Grave error, pues el trabajo dignifica. No se trata de trabajar demasiado, pero tampoco es razonable trabajar poco.

Chile necesita productividad y eso es trabajar más y mejor. ¿Cuánto tiempo dedican los hijos mayores de 18 años a sus padres? ¿Cuánto tiempo dedican los jóvenes a sus abuelos? Se supone que los adultos mayores, tras cumplir su etapa laboral y tras educar y mantener a sus hijos, merecen descanso y cariño de sus hijos y nietos. Hoy se observa que muchos hijos se olvidaron de sus padres. Esto es algo que se ve y tristemente, es indesmentible. Los viejitos viven más, y por esa razón, más requieren de sus hijos y de sus nietos. Un banco les otorgó a sus trabajadores un día libre por la muerte de la mascota. Les sugiero que, en la próxima negociación colectiva, cambien ese día de regalo por el día en que se muera el abuelo o un hermano. Parecería más humano.

Una buena idea sería también volver a la obligatoriedad del uniforme escolar y también enseñar normas de urbanidad en los colegios. Las clases de Educación Cívica deberían ser obligatorias y también mucho más deporte. Los celulares deberían prohibirse en los colegios lo mismo que los alambres que se cuelgan en la cara. Chile sería mucho más productivo si a los jóvenes se les enseñara a organizar su agenda desde temprano, para avanzar más en la semana y descansar el fin de semana. Una agenda desordenada es poco productiva.

Hay que recordar que cuando uno es joven debe producir y ahorrar, para no llegar a viejo suplicando al Estado que me aumente la pensión. Si quiero a futuro tener una buena vejez, debo trabajar de joven responsablemente y así seré más feliz. Hoy que tenemos un gobierno plagado de jóvenes inexpertos, se habrán dado cuenta ellos que la vida no es fácil, que la experiencia importa y que es bueno sacrificarse cuando la salud lo permite, pues más tarde será muy tarde. Tras haber trabajado 45 años de mi vida, le ofrezco asesoría gratis a las autoridades de gobierno, para ayudar a cambiar la flojera por el esfuerzo, el desorden por la eficiencia y la indolencia por el compromiso.         

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7 Comments

  1. Fuerte, pero todo verdad. Qué lamentable, hemos perdido el norte, me cuesta vislumbrar un horizonte con luz, Dios nos ayude a encontrarlo y aplicarlo

  2. Felicitaciones toda la razón ya no hay respeto para nada todo el mundo hace lo que quiera

  3. Imposible no estar de acuerdo. En estos días, a raíz del lamentable fallecimiento de un conscripto en actividades de instrucción y otras situaciones que se investigan, han partido las madres a rescatar a los niños y la presión mediática y política ha sido irresistible. Se les ha dejado ir sin terminar con su servicio, cuando quizás existían otras alternativas que no hubo tiempo de analizar.

  4. Andrés Montero, en su lúcida columna, dice que a muchos jóvenes la patria poco les importa. Yo pienso que es peor: ni siquiera conocen el significado de esa expresión.
    El diccionario de la RAE la define como: “Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos; lugar, ciudad o país en que se ha nacido”.
    Rogando disculpar la autocitación, vengo en transcribir lo que escribí sobre la patria en un artículo de mi autoría titulado “La patria y las Fuerzas Armadas”:
    “La patria es el valor fundamental de quienes profesan la carrera de las armas; valor cuestionado a veces, hoy como en el pasado, pero que mueve a los hombres desde la antigüedad. Y es un valor tan grande, que lleva a los hombres a dar su vida por él; y si algo se valora más que a la propia vida, es porque se considera superior a ella. Y lo superior a ese ser limitado que es el hombre resulta, para él, en algún modo, incomprensible y misterioso.
    Confusos prejuicios impiden a algunos acercarse intelectualmente a la esencia de la patria, que comprende bienes diversos: físicos, como el territorio; humanos, como los hombres que son sus hijos; históricos, culturales y morales.
    Pero la existencia de bienes, implica la de un sujeto que les asigna un valor. Por ello es posible afirmar que la patria es un producto del amor. La patria es lo que se ama; es el sentimiento de un lazo común en el presente y en el pasado, que junta en una unidad corazones y conciencias; es la comunidad moral e histórica de la que nos reconocemos parte; es la conciencia y el sentimiento de la nación.
    La patria es en gran parte la obra de todos los que la sienten; es como el ser amado, que, para serlo, necesita que alguien lo ame. Pero la patria no es algo abstracto: es la tierra en que nacimos y nos formamos, son sus hombres, sus valores, todo aquello que supone su defensa. Por ello es la patria un valor supremo, que trasciende al hombre y que es, evidentemente, algo más elevado que la política contingente o que la política partidista.
    La patria designa a la heredad completa del hombre; ella no sólo está formada por los ciudadanos que en un momento dado habitan en su territorio, sino por la memoria y el recuerdo de cuantos chilenos, a través de la historia, escribieron en ella páginas brillantes y nos han legado su nombre y sus hazañas. Y está formada, también, por la esperanza en quienes han de sucedernos y continuarán el relato interminable de nuevos esfuerzos, de nuevos sacrificios. Por eso, al defender la patria, defendemos nuestro mañana no nuestro ayer” (Revista de Marina 855 marzo-abril 2000).
    Adolfo Paúl Latorre
    Capitán de navío
    Abogado
    Magíster en ciencia política

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