Para avanzar en propuestas de política pública es indispensable contar con información de calidad y pertinente. Junto a ello, resulta esencial definir con precisión de qué estamos hablando.
En el caso de la gratuidad en educación superior, suele entenderse como ausencia de pago, pero el contexto exige ampliar la conceptualización. Una opción es definir una categoría de subsidio, como es el no pago durante el periodo de estudios, lo que puede materializarse en becas, créditos o combinaciones de instrumentos, incluyendo préstamos con pago posterior. Obviamente, para que tenga sentido, tiene que existir cobro y pago. Como no existe gratuidad desde el punto de vista del conjunto de la sociedad, la modalidad sin compromiso futuro significa que todos pagamos unos subsidios importantes, (por ejemplo, por encima del subsidio habitacional), para hacer una comparación.
Un problema recurrente en subsidios que se interrumpen a partir de cierto nivel socioeconómico es el incentivo para situarse bajo el corte. En la gratuidad de la educación superior vigente, ello se traduce en la llamada “desaparición del 7° decil”, pues el beneficio se otorga para quienes se ubican en el decil 6 o inferior. Esa práctica es posible porque ya se conoce cómo hacerlo, al basarse en autodeclaraciones y la existencia de revisiones deficientes; desgraciadamente, el juicio ético sobre esa trampa casi ha desaparecido. Si es posible hacer lo que conviene al bolsillo, se hace. Triste, pero extendido.
Una estructura con montos decrecientes de subsidios a medida que se avanza en los deciles es una manera de reducir los incentivos a la manipulación. Asimismo, deberíamos escapar del voluntarismo respecto a la disponibilidad de recursos del Estado, porque no es posible expandirlos en un contexto muy complicado. Un tema importante es reflexionar sobre la definición de “derecho social”; si la educación, en todos sus niveles, es un derecho, lo importante es definir sus límites, qué significa que exista, quienes la requieren, y que los servicios sean de calidad.
En países con educación superior sin pago se controla el total de los montos utilizados, lo que en Chile, si deseamos tener formación de calidad, significaría reducir el número de beneficiados. Por eso, es necesario tener aporte de las familias y estudiantes; no existen fórmulas mágicas.
No queremos que nadie deje de proseguir estudios hasta el nivel más alto de acuerdo a su capacidad y esfuerzo, con apoyos que hagan surgir talentos y vocaciones. ¿Eso significa gratuidad sin pago futuro?

👌👌
Claro que no, además que debe ser selectiva la entrega de gratuidad … Personalmente encuentro de muy mal uso la gratuidad a quienes no se comprometen con el estudio y si en actividades aparte (ej. políticas) y sé de casos de los que se nombran de personas con ingresos suficientes mal gastados que quitan la posibilidad a quien podría necesitarlo y merecerlo …. Como es todo, educación no instrucción ….