Chile ya no se prepara para envejecer: Chile está envejeciendo. Mientras seguimos pensando el futuro con la mirada de un país joven, el reloj demográfico avanza a un ritmo que nuestras políticas públicas aún no logran acompañar. Si las proyecciones se cumplen, hacia 2050 seremos el país más envejecido de América Latina, un cambio histórico que redefinirá nuestra economía, nuestro sistema de salud, el mercado laboral y la forma en que convivimos como sociedad.

Durante décadas hemos asociado la vejez con dependencia, enfermedad y gasto público. Sin embargo, los países que hoy lideran las políticas sobre envejecimiento han comenzado a recorrer un camino distinto: entienden la longevidad como una conquista social y, al mismo tiempo, como una oportunidad para impulsar innovación, empleo y desarrollo.

Un ejemplo inspirador es Iberlongeva, una iniciativa de cooperación entre España y Portugal, financiada por la Unión Europea, que propone un cambio profundo de paradigma. Su pregunta es simple, pero transformadora: ¿cómo lograr que las personas no solo vivan más años, sino que vivan mejor durante esos años?

La respuesta comienza por abandonar una visión que mide el éxito únicamente por el aumento de la esperanza de vida. Vivir más representa un enorme logro de la medicina y del desarrollo social, pero resulta insuficiente si esos años adicionales transcurren marcados por enfermedades, discapacidad o pérdida de autonomía.

Por ello, Iberlongeva sitúa en el centro un indicador mucho más relevante: la Esperanza de Vida Saludable (EVS), es decir, los años que una persona puede vivir con autonomía, bienestar y participación activa. Esa debería ser también la gran pregunta para Chile: no cuántos años agregamos a la vida, sino cuánta vida agregamos a esos años.

La evidencia científica demuestra que la mejor inversión para alcanzar ese objetivo no siempre comienza en un hospital. Se construye mucho antes, mediante hábitos cotidianos: actividad física para preservar la masa muscular y prevenir la fragilidad, una alimentación adecuada, estimulación cognitiva, vínculos sociales y prevención temprana. En otras palabras, una vejez saludable se construye a lo largo de toda la vida.

Pero existe otra enseñanza igualmente importante. Uno de los errores más frecuentes consiste en hablar de «las personas mayores» como si conformaran un grupo homogéneo. La realidad demuestra exactamente lo contrario. Poco tienen en común una persona de 66 años que continúa trabajando, emprendiendo o cuidando de sus nietos con otra que supera los cien años y requiere apoyos permanentes. Diseñar políticas públicas bajo una mirada uniforme conduce inevitablemente a soluciones insuficientes.

El envejecimiento está profundamente marcado por las desigualdades acumuladas durante toda la vida: nivel educativo, ingresos, territorio, acceso a servicios de salud y redes familiares. A ello se suma la denominada paradoja de género. Las mujeres viven más años que los hombres, pero con mayor frecuencia enfrentan enfermedades crónicas, discapacidad y dependencia. Además, siguen siendo quienes asumen mayoritariamente el trabajo de cuidados, muchas veces de manera invisible y sin reconocimiento económico.

Sin embargo, la principal lección que ofrece Europa trasciende el ámbito sanitario. Los países más avanzados han comprendido que el envejecimiento no debe ser visto únicamente como un desafío presupuestario, sino también como una extraordinaria oportunidad de desarrollo.

Como lo expresáramos en comentarios anteriores, la llamada economía plateada está impulsando nuevos sectores productivos vinculados a tecnologías para la autonomía, viviendas adaptadas, turismo accesible, servicios de cuidado, innovación médica, educación continua y empleo para personas mayores. La experiencia y el talento acumulados durante décadas dejan de percibirse como una carga para convertirse en un activo estratégico.

Chile posee condiciones excepcionales para incorporarse a esta transformación. Cuenta con universidades de excelencia, centros de investigación, un sistema de salud en permanente modernización y una creciente experiencia en innovación. Pero, sobre todo, dispone de millones de personas mayores que desean seguir participando, aprendiendo, emprendiendo y aportando al desarrollo del país.

El verdadero desafío consiste en abandonar definitivamente una mirada asistencialista para construir una política de Estado que considere el envejecimiento como un eje estratégico del desarrollo nacional. Invertir en prevención, ciudades amigables, innovación tecnológica, formación de cuidadores, empleo senior y participación social no representa un gasto: constituye una inversión con enormes retornos económicos y sociales.

El reloj demográfico no se detendrá. Cada año aumenta el número de personas mayores y disminuye el margen para improvisar. La diferencia entre un país que envejece con bienestar y otro que envejece enfrentando mayores desigualdades dependerá de las decisiones que adoptemos hoy.

Europa ya comenzó ese camino. Chile aún está a tiempo de aprender una lección fundamental: la longevidad no es el problema. El verdadero desafío consiste en decidir si la convertiremos en una carga o en uno de los mayores motores de desarrollo, innovación y cohesión social del siglo XXI.

El Acuerdo Marco Chile-UE, nos abre la oportunidad para adoptar la tecnología avanzada e inteligencia artificial del proyecto Iberlongeva, lo que permitiría la detección temprana del deterioro físico de los mayores de 60. Ello mejoraría la salud pública junto con obtener bases técnicas críticas para consolidar el sistema de cuidados. Asimismo, podría transformarse en una plataforma de cooperación triangular, con el respaldo de Bruselas y, coliderar la capacitación en otras naciones de la región.

Embajador (r), Presidente Fundación Sinergia Humanitaria

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1 Comment

  1. Excelente análisis, una luz en un Chile atrapado en el pesimismo.
    Tengo 69 años, trabajo en ingeniería, soy artista profesional, participo en voluntariados y disfruto con mi familia y amigos. Tengo un par de proyectos por empezar.
    Gracias a Dios tengo buena salud y una familia maravillosa.
    No faltan problemas, pero las ganas de enfrentarlos y tirar para arriba no decaen
    Se puede, con Fe, una familia unida y buenos amigos.
    La edad de oro es genial , solo hay que atreverse y vivir con ganas.

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