“Estamos con un Niño que se está portando muy mal”, comentó Antonio Walker, presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), durante ENAGRO 2026. La frase resume el ánimo de estas semanas: lluvias primaverales, granizos, inundaciones y agricultores pendientes de un cielo que puede mejorar sus reservas de agua y, al mismo tiempo, arruinar su producción. El llamado Niño Godzilla nos tiene locos.

Pero cuando aparece La Niña también se nos alteran los nervios. Volvemos a mirar los embalses sin agua, los pozos cada vez más profundos y los pronósticos, esta vez esperando precipitaciones que no llegan. Aunque sus efectos varían según la zona y la estación, en Chile central La Niña suele favorecer condiciones más secas. Nuestra preparación sigue siendo insuficiente para afrontar ambos extremos.

Tampoco podemos suponer que después de este Niño tendremos varios años de tranquilidad hídrica. El término de un episodio intenso puede dar paso a condiciones de La Niña y a nuevas temporadas deficitarias. La posibilidad de volver a enfrentar una sequía prolongada debe incorporarse a la planificación, aunque su probabilidad y duración requieren pronósticos específicos. La abundancia actual es una oportunidad para prepararse.

Las últimas semanas muestran la urgencia. Los temporales provocaron anegamientos, evacuaciones e interrupciones del transporte en la zona central. Luego, el Biobío enfrentó inundaciones, un aluvión y una tromba marina. En los campos, la humedad retrasa las siembras y las lluvias coinciden con etapas sensibles del desarrollo de los cultivos

ENAGRO puso esta contradicción sobre la mesa. Walker valoró las reservas de nieve y agua, al tiempo que advirtió sobre los daños. Felipe Larraín recordó que una temporada lluviosa no modifica la escasez estructural. Jaime Campos insistió en la adaptación y la tecnología. Esas advertencias deben traducirse en inversiones y decisiones que sirvan durante los períodos húmedos y secos.

Una primera respuesta es ampliar el almacenamiento. Junto con los grandes proyectos, corresponde evaluar embalses de menor capacidad en cuencas laterales y reservorios fuera de los cauces principales, alimentados mediante derivaciones controladas. Frente a las crecidas asociadas a un Niño intenso, podrían retener parte de los caudales y reducir sus máximos, según su ubicación y capacidad. Durante La Niña o una sequía posterior, esas reservas podrían sostener abastecimiento y riego.

Para cumplir ambas funciones necesitan reglas de operación claras. Un embalse lleno tiene poco margen para recibir una crecida; uno permanentemente vacío no entrega seguridad para la sequía. Los pronósticos deben orientar cuánto reservar para almacenar agua y cuánto espacio mantener disponible ante nuevas lluvias. Cada obra requiere evaluar seguridad, sedimentos, ecosistemas y efectos aguas abajo.

La segunda respuesta es conectar esos sistemas con la recarga de acuíferos. Durante los excesos de El Niño, canales y áreas de infiltración pueden conducir parte del agua hacia terrenos adecuados, ayudando a disminuir escurrimientos y recuperar reservas subterráneas. En períodos secos, estas reservas pueden respaldar el suministro mediante extracciones sostenibles. Ello exige conocer el acuífero y controlar la calidad del agua infiltrada.

Otra tarea es proteger humedales, recuperar espacios de inundación y mejorar los drenajes. Durante lluvias intensas, estas medidas pueden retener o conducir agua y reducir daños. En temporadas secas, conservar suelos y ecosistemas favorece la retención de humedad. La eficiencia del riego complementa este esfuerzo: permite administrar mejor las reservas escasas y ajustar las aplicaciones cuando la lluvia ya cubre las necesidades del cultivo.

Todo ello exige información integrada y acuerdos por cuenca. Frente a El Niño, monitorear precipitaciones, nieve y caudales permite anticipar crecidas y acumular reservas. Frente a La Niña, monitorear niveles de pozos, extracciones y demanda permite ajustar el consumo antes de llegar a una emergencia. La tecnología resulta útil cuando existen responsables y protocolos para actuar.

El Niño y La Niña seguirán influyendo en nuestro clima. Chile necesita aprovechar los períodos húmedos para prepararse para los secos y proteger a las personas de los daños asociados a ambos escenarios. Debemos enfrentar los próximos episodios de El Niño y La Niña con obras, reservas y acuerdos en marcha. Si empezamos a trabajar desde ya, tendremos menos motivos para perder los nervios.

Consultor en Asuntos Hídricos y Sostenibilidad

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