Fernando Schmidt

La sorpresiva reelección de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, tras revertir su derrota en primera vuelta frente a Flávio Bolsonaro, abrió un nuevo escenario de tensión política y judicial en ese país. Luego de cuestionar inicialmente los resultados, este último recibió una orden del juez del Supremo Tribunal Federal, Alexandre de Moraes, que le prohibió abandonar Brasil y lo obligó a entregar sus pasaportes. Sin embargo, este martes la Policía Federal canceló ambos documentos después de que incumpliera la orden judicial, mientras se investiga una posible fuga hacia Estados Unidos, vía Argentina.

En medio de esta controversia, Fernando Schmidt, diplomático de carrera, exsubsecretario de Relaciones Exteriores y dos veces embajador de Chile en Brasil, abordó en «Mirada Líbero» el papel del Poder Judicial brasileño, al que acusó de estar «cooptado por la política», y sostuvo que podría existir persecución política contra Bolsonaro.

El exembajador también analizó las claves de la remontada de Lula, las dificultades económicas y de gobernabilidad que enfrentará durante su cuarto mandato y las repercusiones para Chile. Sobre la decisión del Presidente José Antonio Kast de felicitar a Lula y asistir a su cambio de mando, afirmó que «está actuando con talla de estadista» y destacó la importancia de mantener una relación bilateral que trascienda las diferencias ideológicas.

«El ejercer una oposición cerrada, férrea, que bloquee la gobernabilidad brasileña, se ve bastante difícil«

—¿Qué ocurrió en Brasil y cómo remontó Lula el resultado de primera vuelta?

—Aparentemente, hubo una movilización importante de los votantes a través de las redes sociales. Millones se constituyeron en una suerte de ejército cibernético, por decirlo así, de Lula, y por lo tanto hubo un cambio en la abstención. El segundo elemento que uno tendría que tomar en cuenta es la cantidad de promesas que hizo Lula en su última etapa de la campaña, y obviamente eso motivó a la gente a salir a votar para poder ganar parte de esas promesas populistas. En tercer lugar, hay un susto en general sobre lo que significa Flávio Bolsonaro. A Jair Bolsonaro ya se lo conoce muy bien, pero un retroceso democrático puede haber influido también. Y un cuarto tema fueron los distintos errores que Flávio Bolsonaro cometió en los dos debates presidenciales que hubo en la segunda etapa.

—¿Cuánto cree usted que corresponde a una verdadera victoria de Lula y cuánto al rechazo que genera el apellido Bolsonaro en una parte de la sociedad brasileña?

—Hay dos rechazos, no podemos dejar de mencionar el rechazo a Lula y el PT, quienes despiertan un rechazo bastante importante y el rechazo a Bolsonaro, por cierto. Son rechazos, no equivalentes, pero muy amplios en la población brasileña. Y eso se suma a todos los elementos anteriores. Esta segunda vuelta no fue una con propuestas especiales, sino que más bien fue del estómago, fue una suerte de votante que no vota por aspectos racionales, excepto en los temas programáticos pequeños, como son las promesas de campaña, pero en el resto son percepciones más que otra cosa.

—¿Es posible que Lula haya obtenido una victoria electoral que termine complicando económicamente su próximo gobierno, considerando las promesas de beneficios sociales, el aumento de asignaciones y otras medidas anunciadas durante la campaña?

—Ese es el gran problema, porque obviamente que todas esas promesas de campaña hay que hacerlas realidad en algún momento. Y en este momento Brasil está en una deuda que, según el FMI, es prácticamente del 100%, 98 y algo (…). El endeudamiento del país es tremendamente alto. Por lo mismo, eso significa que el presupuesto brasileño ya está comprometido en una parte importante a pagar los intereses de la deuda. Es decir, esto constituye una suerte de camisa de fuerza para poder realizar las promesas de campaña que se hicieron en esa segunda vuelta.

—El lunes posterior a esta reelección, la Bolsa de São Paulo se desplomó cerca de un 14% y el real sufrió una fuerte depreciación. ¿Cómo interpreta esta reacción? ¿Los mercados están exagerando su temor a Lula o existen motivos fundados para desconfiar de su conducción económica? 

—Yo creo que hay bastante de temor y bastante de un temor irracional frente a todo. Lula es Lula y sus circunstancias. ¿Qué significa eso? Que Lula no es solamente el PT, Lula es el presidente del PT que va a gobernar con un Congreso en contra, que va a gobernar con una cantidad de gobernadores de un Estado federal que están en contra, los gobernadores de los estados más poderosos del país están en contra suya. Lula tiene al mismo tiempo un Poder Judicial muy dividido internamente y, por lo tanto, con una serie de problemas de tipo político-constitucional que va a tener que resolver. Es decir, hay problemas económicos, hay problemas políticos. Pero también, por otro lado, no teniendo una mayoría parlamentaria como la que debería tener, no puede gobernar sino a través de acuerdos. Pero no sería de extrañar que haya acuerdos con la Federación de Industrias, es decir, con todo el sector empresarial, hay acuerdos con un elemento fundamental en la economía de Brasil, que es el agronegocio y que tiene una relación importante. Es decir, Brasil es Brasil. Brasil no es un país que se define por blancos y negros.

—Lula asumirá un cuarto mandato con 81 años y un Congreso políticamente adverso. Usted ha escrito que la gobernabilidad es uno de los grandes problemas de Brasil. ¿Qué tan complejo será este nuevo gobierno?

—Los partidos políticos muchas veces en Brasil son más bien vientres de alquiler, digamos las cosas como son, y por lo tanto, se prestan a las distintas componentes. Incluso muchos partidos políticos en su interior están fragmentados y van a tratar de subirse al carro de una gobernabilidad. También es cierto que los grandes estados, partiendo por el estado de São Paulo, están fuertemente endeudados. ¿Y con quién están endeudados? Con la Unión, con el Tesoro Nacional. Es decir, 65% de la deuda paulista es con Brasilia. Por lo tanto, el ejercer una oposición cerrada, férrea, que bloquee la gobernabilidad brasileña, se ve bastante difícil.

«Existe un victimismo que Bolsonaro quiere aprovechar»

—¿Y qué podría hacer Lula al respecto?

—Lo que tiene que hacer Lula en este minuto es construir determinadas confianzas, hacia el agronegocio, confianzas hacia el mundo empresarial, confianzas hacia el mundo económico en su conjunto, confianza hacia los gobernadores. Todas esas confianzas las tiene que encarnar alguien. Y se ha hablado mucho de Geraldo Alckmin, que es ni más ni menos que el vicepresidente y podría ser el ministro de Hacienda eventualmente, pero hasta ahora es una especulación. Alckmin fue competidor de Lula en la campaña presidencial del 2006 y ha transitado por cuatro partidos políticos, es decir, es una persona conocida en distintos frentes, es una persona que da confianza a los mercados. Y puede ser eventualmente el sucesor de Lula… Un hombre de 81 años, con una campaña presidencial tremendamente desgastadora, que probablemente le pase la cuenta desde el punto de vista de la salud.

—Bolsonaro inicialmente desconoció el resultado. ¿Cómo interpreta esa reacción y cómo ve al bolsonarismo y su figura en Brasil?

—Los bolsonaristas hablan generalmente de mito. Lula también es un mito, ambos son mitos. Estamos hablando de una política que se construye sobre la base fuertemente de emociones. No digo con esto que no haya programas, que no haya tendencias, pero sobre todo hay emociones. Hay una emoción lulista, hay una emoción bolsonarista y, por lo tanto, hay rechazos en ambos sectores. ¿Qué va a pasar con el bolsonarismo? Seguirá existiendo como un mito. El bolsonarismo, por lo demás, está fuertemente sentado tanto en la mujer de Jair Bolsonaro, es decir, la madrastra de Flávio Bolsonaro, en Carlos Bolsonaro, en Renan Bolsonaro, en otros cuñados de Jair Bolsonaro, y que todos han tenido cargos de elección popular. Vale decir, hay una emoción, no necesariamente un programa, que llevó al votante a elegir el apellido Bolsonaro antes que el programa.

—La Policía Federal investiga si Flávio Bolsonaro abandonó Brasil a través de Argentina para viajar a Estados Unidos, pese a que la justicia le había prohibido salir del país y ordenado entregar sus pasaportes. ¿Qué lectura hace de este episodio?

—No sé cuál es el contexto de la decisión del juez Alexandre de Moraes para retirarle el pasaporte, tanto el diplomático como el normal, a Flávio Bolsonaro y evitar que él se vaya del país. Pero también, existe detrás todo un aprovechamiento, un victimismo que él quiere aprovechar para tratar de construir más la imagen de una familia perseguida políticamente en Brasil y generar en un electorado una suerte de compasión con ellos y mantener el fuego del bolsonarismo. Eduardo Bolsonaro está en el exterior ahora, eventualmente Flávio Bolsonaro estaría, según dicen algunas agencias noticiosas, en Argentina y de ahí probablemente vaya a otro país.

«Hay sangre en el ojo de Alexandre de Moraes hacia los Bolsonaro«

—¿Aprovechamiento de parte de quién? Hay quienes señalan que habría persecución política, y que en Brasil no estaría muy clara la separación de poderes. ¿Es así o no?

—No es inocente el Poder Judicial brasileño, evidentemente. El Poder Judicial brasileño se ha ensañado con quienes hablan en su contra, no es criticable el Poder Judicial. El Poder Judicial está dividido internamente por jueces que son nombrados por distintos presidentes. Han sido jueces nombrados por Lula, jueces nombrados por Bolsonaro, y por lo tanto, esta presidencia iba a resolver a favor de Bolsonaro un trasvasije prácticamente del Poder Judicial hacia el sector de Bolsonaro. Es decir, el Poder Judicial está en este minuto cooptado por la política. Hace ya muchos años que comenzó a estar cooptado por la política.

—¿Acá habría persecución política?

—Yo pienso que sí, es decir, si uno mira por qué a esta persona le están retirando el pasaporte… pero habría que ver obviamente la resolución (…), pero la resolución habría sido tomada minutos después del resultado final de las elecciones. Es decir, vaya coincidencia, ¿no? Qué curiosa la coincidencia. Hay que dar una cierta explicación de por qué esta resolución del juez Alexandre de Moraes se produce prácticamente en forma coincidente con la derrota de Bolsonaro.

—Y cuando usted habla de un aprovechamiento político, ¿a qué se refiere exactamente?

—Yo creo que hay un aprovechamiento político. Hay sangre en el ojo, tanto de Alexandre de Moraes hacia los Bolsonaro y de los Bolsonaro hacia Alexandre de Moraes. Ellos han jurado que iban a iniciar un juicio político, si ganaban el poder, iniciaban un juicio político para destituir a Alexandre de Moraes y para destituir a otros jueces de la Corte Suprema que podrían serles rebeldes.

«El Presidente Kast está actuando con talla de estadista y no con talla ideológica

—En Chile, el Presidente José Antonio Kast llamó a Lula para felicitarlo por su reelección, pese a que no son afines políticamente y anunció que va a asistir al cambio de mando el próximo 5 de enero. ¿Qué le parecen esas señales y gestos diplomáticos?

—El Presidente José Antonio Kast es Presidente de todos los chilenos y como tal está actuando muy correctamente, reconociendo el triunfo que, según las reglas brasileñas, le corresponde a Lula da Silva. Por lo tanto, bien por el Presidente José Antonio Kast, que aun cuando no comulgue con sus ideas, felicite a una persona que ganó las elecciones. Segundo, el asistir al cambio de mando en enero del 2027 también es un elemento importante. Y eso está demostrando que el Presidente Kast, es más un estadista, está actuando con talla de estadista y no con talla ideológica, que tiene todo el derecho a tenerla. Y una persona que está teóricamente en sus antípodas puede perfectamente ir a darle la mano, un abrazo y desear lo mejor para que las relaciones entre Chile y Brasil se desarrollen. No nos olvidemos que entre Chile y Brasil no solamente hay inversiones, no solamente hay comercio, no solamente hay turismo, es decir, dependemos mucho recíprocamente. Por lo tanto, desde el punto de vista político, el diálogo entre Chile y Brasil es un diálogo que nosotros tenemos que acercar lo más posible.

—¿Cómo avizora la relación entre ambos gobiernos? ¿Qué es lo que tiene que hacer el Presidente Kast para sacarle el máximo provecho posible?

—Yo creo que seguir en esa misma línea, es decir, no creo que vaya a haber, por razones o por diferencias ideológicas, un cambio de posición en la relación entre Chile y Brasil. Es decir, si está justo demostrando que él es capaz de superar la ideología y felicitar al Presidente Lula, por la victoria que obtuvo el 25 de octubre, es decir, estamos hablando de que está con ese mismo gesto abriéndole el camino a una relación mucho más amplia en todos los términos, no solamente en el económico, que obviamente es importante ese gesto también para el inversionista chileno en Brasil, sino también en el político, en el cultural, etc.

—¿Y cuáles son los desafíos más urgentes en la relación Chile-Brasil?

—El primero va a ser el crimen organizado. Es obvio que nosotros tenemos células del Primer Comando de la Capital o el Comando Vermelho y de otros grupos brasileños dentro de nuestro territorio, operando en nuestro territorio, aun cuando no somos los más afectados. Segundo, tenemos que seguir ampliando lo que es una relación más profunda, más simbiótica con Brasil. Y ahí no es solo la vinculación económica o comercial la que vale, sino que cuánto podemos hacernos depender recíprocamente. Y la complementación de inversiones es fundamental. No es solamente que unas determinadas compañías madereras inviertan en Brasil, me parece importante, pero ¿cuánto podemos también sacar provecho de esas inversiones ? Desde el punto de vista político, para estrechar relaciones con los gobernadores donde esas inversiones se encuentran, número uno. Número dos, ¿cuánto es lo que se puede producir en tanto encadenamientos productivos entre Chile y Brasil en ese mismo sector?

—¿Qué tan pragmático es Lula da Silva en sus relaciones internacionales? ¿Cree que efectivamente es capaz de dejar de lado las diferencias ideológicas cuando están en juego los intereses de Brasil?

—Yo creo que es absolutamente pragmático. Lula siempre ha dicho que uno de sus mejores amigos en política internacional fue el Presidente George Bush de los Estados Unidos. No hay que olvidar también la relación que tuvo Lula con el ex Presidente Piñera. Es pragmático, pragmático, pragmático. Lo que convenga a los intereses de Brasil, él lo va a seguir. Vale decir, ese es el marco en el cual nosotros deberíamos considerar la relación. El ideológico pasa a un segundo plano.

—¿Cree que la cercanía política que mantiene el Presidente Kast con Donald Trump en Estados Unidos, puede representar una ventaja para Chile o, por el contrario, podría complicar la relación con Brasil?

—Van por carriles separados. La relación entre Chile y Estados Unidos, y la relación entre Chile y Brasil, tiene su propio canal, sus propias complejidades y sus propias características. No creo que Lula vaya a forzar a Kast, al menos públicamente, a sostener una postura antinorteamericana, ni mucho menos. Sabe que nosotros no podemos caer en ese juego.

—¿Piensa que la incertidumbre generada por el triunfo de Lula podría generar consecuencias para las empresas chilenas que operan en Brasil?

—Yo creo que no. Yo creo que no va a tener consecuencias en las empresas, pero obviamente que eso dependerá mucho de quién nombre en el equipo económico Lula en esta cuarta presidencia. Si llega Geraldo Alckmin, como se rumorea que es, yo creo que no hay absolutamente nada que temer. Entiendo que las grandes empresas chilenas tienen además una relación con el vicepresidente brasileño bastante estrecha, por lo tanto, no veo una relación causa-efecto de un lado y otro. Brasil es Brasil, Brasil es una anomalía. Es donde un partido opositor puede jugar también a votar a favor del Presidente. El propio Jair Bolsonaro, cuando era diputado, votaba muchas veces alineado con el PT. Eso es Brasil, Brasil es el arte de lo posible en su máxima dimensión.

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