El buen funcionamiento del mercado de trabajo es clave para alcanzar un alto nivel de vida. Pero en Chile no se desempeña adecuadamente. Si bien es clave para la productividad, el crecimiento y las trayectorias salariales de las personas, lamentablemente no funciona bien. No hace la pega. No contribuye al aumento de la productividad y genera trayectorias salariales muy planas, en particular para los más jóvenes.
El aporte a la mayor productividad se da a través de que las personas llegan por “prueba y error” a los trabajos que les permiten aprovechar a full su “paquete” de habilidades, a alcanzar su mayor productividad y su más alto salario.
Para ello, en especial al principio de la vida laboral, las personas se mueven mucho, en búsqueda de ese puesto de trabajo que genera altos salarios. Si se hace costosa dicha movilidad, entonces las personas no alcanzan su nivel más alto posible, y se pierden oportunidades: de un mayor producto por el lado de la empresa, y de un mayor salario por el lado de la persona.
Además, una economía expuesta a shocks como la chilena requiere una continua readecuación de la planta laboral en los diferentes sectores: los trabajadores deben moverse desde sectores que reciben shocks negativos, a sectores que reciben shocks positivos. Estos últimos son sectores en que los trabajadores enfrentarán mejores oportunidades. Ese reacomodo de la fuerza laboral entre sectores está demostrando que es una fuente muy importante del aumento de la productividad de una economía. Este proceso de reacomodo beneficia a todos, a las empresas, a los trabajadores, al país.
En Chile, dicho proceso de reacomodo es perjudicado, entre otras cosas, por la indemnización por años de servicios (IAS). Que funciona como un impuesto a dicho reacomodo. Hay que destacar que Chile es el país con mayor IAS de la OECD.
Por ello y otras razones, el funcionamiento del mercado de trabajo chileno está afectado por el hecho que los contratos indefinidos son “caros”, y eso hace que en muchos casos se utilicen los contratos cortos (“baratos”) disponibles, aunque no sean los óptimos para la tarea. Esto ha contribuido a una segmentación del mercado de trabajo, en que un grupo de trabajadores tiene puestos con contratos caros y baja movilidad, y otro grupo tiene contratos baratos con mucha (demasiada) movilidad.
La baja movilidad de aquellos con contratos caros hace que se queden trabajando en un puesto de trabajo que no es el más adecuado para ellos. Por otro lado, con contratos cortos tenemos a un grupo de trabajadores que se mueve con excesiva frecuencia y que no alcanza a acumular capital humano en ninguno de los puestos que ocupa, dando lugar a una trayectoria laboral con salarios que nunca crecen.
En resumen, el funcionamiento del mercado laboral no contribuye como podría al aumento de la productividad, pero tampoco lo hace al aumento de los salarios, al menos de un grupo de trabajadores. Este grupo está integrado por los jóvenes y por aquellos con bajos niveles de capital humano.
Esta última dinámica contribuyó a generar las condiciones para el estallido social. Todo parte por una inadecuada regulación del mercado laboral que debe corregirse con algún sentido de urgencia. Dejemos que el mercado de trabajo haga la pega que debe realizar para contribuir a generar mejores niveles de vida.
