El vidrio sirve para protegernos y para ver mejor. Está en los lentes, en las ventanas, en los autos: muchas veces ayuda a mirar el mundo más nítidamente, pero también a no exponernos del todo. Es útil, necesario incluso, pero también crea distancia. Lo que está detrás del vidrio parece cercano, aunque en realidad está lejos. Cuando un político decide vivir detrás de ese vidrio, lo que se declara como protección se puede convertir en aislamiento: un modo de mirar sin ser mirado, de hablar sin escuchar.
En Chile, ese vidrio hoy se ha vuelto metáfora. Un candidato que se resguarda tras el cristal de sus bots, asesores, de sus declaraciones cuidadosamente editadas y de sus silencios calculados, levanta una muralla transparente que lo distancia del país que dice querer gobernar.
Porque gobernar exige exponerse. Exige escuchar lo incómodo, enfrentar lo imprevisto, sostener la mirada del otro. Un candidato que evita debates, que selecciona entrevistas, que filtra cada palabra como si el país fuera una sala esterilizada, demuestra que su liderazgo no está hecho de coraje, sino de control.
¿Puede un candidato gobernar protegido por un vidrio? ¿De qué se protege? ¿De la violencia cotidiana que vivimos las chilenas y los chilenos? ¿De la inseguridad que siente el ciudadano común al salir a la calle? ¿O se protege de algo más profundo: de la crítica, de la contradicción, de las ideas que no domina y de las preguntas que no puede -o no quiere- responder?
Quizás ese vidrio, al final, no lo protege a él sino a nosotros. A los electores. Nos protege de un liderazgo sin convicción, de un proyecto que teme a la conversación franca y a la exposición pública. Porque quien le teme a las ideas difícilmente sabrá conducir un país diverso, exigente y herido.
Chile no necesita un presidente detrás de un vidrio. Necesita una líder que escuche, dialogue y se atreva a enfrentar el ruido del mundo real. Una líder que no tema mirarnos a los ojos, aunque el reflejo le incomode. Chile necesita y merece a Evelyn Matthei.

Si Chile merece a Matthei es porque Chile merece seguir como está, con avances de la extrema izquierda y permanentes concesiones en valores, en educación, en institucionalidad y en desarrollo económico. Gracias a Dios, somos más los chilenos que creemos que Chile merece mucho más.