Garretón

En medio de la discusión por el plan de Reconstrucción Nacional del Presidente José Antonio Kast, el economista, exsubsecretario de Salvador Allende y exmilitante del PS, Óscar Guillermo Garretón, aborda con El Líbero la relevancia del proyecto y la autocrítica que ha surgido en la izquierda respecto a la reforma tributaria realizada en el segundo gobierno de la ex Presidenta Michelle Bachelet, a cargo del entonces ministro de Hacienda Alberto Arenas. Garretón fue el primero en advertir los efectos que esa reforma podía tener en la economía y en la inversión.

12 años después, asegura que “todo lo que ocurrió a partir de la reforma de Arenas fue un desastre desde el punto de vista del país y de la gente” y que el proyecto actual «es una reforma para terminar con lo que fueron reformas tributarias contra los pobres». En la misma línea, defiende la rebaja del impuesto corporativo del 27% al 23%, pero afirma que si se quiere lograr el objetivo de recuperar la inversión, «lo lógico es bajar eso de inmediato».

Sobre el rol de la oposición y especialmente del PS, sostiene que “echo de menos una crítica de la izquierda sobre lo que hicieron durante 15 años. Toda persona honesta de izquierda sabe que lo han hecho mal”. Además hace un llamado para que el PS separe caminos con el FA y el Partido Comunista, enfatizando que “la unidad de la izquierda no es real. Aquí hay una izquierda democrática y hay otra izquierda que no cree en la democracia”.

-El exsubsecretario Alejandro Micco y la economista Andrea Repetto reabrieron el debate por la reforma tributaria de 2014, y el error en las estimaciones de lo que crecería el país. Un punto que usted advirtió hace 12 años en una carta al PS. ¿Pasado el tiempo cree que esta reforma impactó negativamente en el crecimiento y el desarrollo económico del país?

Los ricos no pagaron un peso de la reforma tributaria del exministro Alberto Arenas, porque se fueron con su plata a otros lados. Y en cambio, a diferencia de lo que decían, tuvo un impacto en los precios muy fuerte. La inflación ese año superó el 5% por la reforma tributaria principalmente y se desplomó la inversión. De hecho, la inversión había comenzado a caer en el año 2013 en cuanto se anunció. Esa reforma provocó una disminución del crecimiento, una pérdida de empleos, encarecimiento de los productos. Más allá de las intenciones, que pueden haber sido las intenciones más sanas y más nobles, a partir de ese momento es que tenemos una economía con un crecimiento del 2%, desempleo cada vez más alto, informalidad en los empleos, disminución del empleo privado y aumento de la burocracia. Todo lo que ocurrió a partir de la reforma del exministro Arenas fue un desastre desde el punto de vista del país y de la gente.

-¿En este contexto, cómo ve el proyecto de Reconstrucción presentado por el Presidente Kast?

-Más allá de que hay cosas que yo creo que se pueden mejorar y algunas cosas que no me gustan, lo más importante que tiene esta reforma es que es una corrección de las reformas tributarias desastrosas que han habido en los últimos años. La primera y más importante de todas, la de Arenas. En ese sentido, si hay algo que pagaron los pobres y no los ricos, son esas reformas tributarias partiendo por la de Arenas. Esta reforma lo que busca es revertir esa locura. Esta es una reforma para terminar con lo que fueron reformas tributarias contra los pobres. No se saca nada con tener un impuesto de 27% si no lo paga nadie.

¿Está de acuerdo con la rebaja de impuestos de un 27% al 23%?

-Si se quiere efectivamente que haya un aumento de inversión, lo lógico es bajar eso de inmediato del 27% al 23%.

-¿No de forma gradual? ¿Por qué?

-Porque si tú dices ‘voy a bajar un punto ahora, en dos años más voy a bajar otro puntito y toda esa cuestión’, ¿qué ocurre? Como nadie tiene garantía de quién va a gobernar dentro de cuatro años más, la verdad es que la gente se va a quedar con lo que tenga certeza, y no va a tener el mismo efecto de inversión que si se baja de inmediato. Bajarlo es volver a una normalidad donde la gente sí invertiría en Chile.

-Otro tema que ha cuestionado la oposición es la invariabilidad tributaria por 25 años, incluso con amenaza de llevarlo al Tribunal Constitucional.

-Es una estupidez. Las concesiones de las carreteras son contratos a 20, 25 años. Y se pueden hacer las concesiones de carretera y tener las carreteras que tenemos porque son concesiones a 20, 25 años. Además, de toda la inversión que hay en Chile, aquellos que van a aprovechar esa cuestión es un porcentaje muy chico, digamos, respecto de la inversión. Es una tontera efectivamente transformar esto en una especie de tema de soberanía cuando en el fondo se trata de inversiones que maduran en 15 o 20 años y como maduran en 15 o 20 años, necesitan tener certeza de qué es lo que va a ocurrir cuando comience a producir. Entonces, todo esto es de locos.

¿Y qué cosas no le gustan o cambiaría de esta reforma?

Lo de las contribuciones no tiene ningún sentido. Y creo que tampoco tiene sentido este impuesto preferente para retornar platas a Chile. Si tú lo haces una vez está bien, puede pasar y ya ocurrió. Pero si tú creas la expectativa que cada cuatro o cinco años tú vas a hacer un perdonazo, lo que estás estimulando es que la gente se lleve la plata para afuera para después volver a traerla con un impuesto menor. Entonces, no tiene ningún sentido. Pero esas son cosas menores.

-Y en medio de esta autocrítica surgida desde economistas del sector, ¿cómo ve el papel que está jugando la izquierda y especialmente el PS en el debate de la reforma?

-Me parece mejor que reconozcan los errores a que no los reconozcan. Y me gustaría que lo hicieran también otros, porque no fueron ellos los únicos que le avivaron la cueca a Arenas. Hubo muchos otros que también lo hicieron y que siguen guardando silencio. Y entre los muchos otros están todos los parlamentarios que hoy día están reclamando con las rebajas que se quieran hacer. Echo de menos una crítica de la izquierda sobre lo que hicieron durante 15 años. Toda persona honesta de izquierda sabe que lo han hecho mal. Hoy día están todos felices yéndose encima de la reforma, acusando que es de los súper ricos. Están todos en eso, pero están todos calladitos con lo que pasó en los últimos 15 años.

-¿Debería apoyar el PS y la centroizquierda esta reforma?

-Yo no estoy pidiendo que apoyen el proyecto. Yo lo que esperaría es que fueran una oposición decente, que fueran una oposición responsable, que no estuvieran en la banalidad ni simplemente en el boicot, sino en tratar de mejorar el proyecto. Y yo creo que tiene muchas cosas que mejorar. Si el Partido Socialista tiene conciencia de que tiene responsabilidad en la pérdida de dinamismo de la economía chilena y del empleo en Chile, lo que debería hacer es preocuparse de qué forma y con qué medidas puede colaborar para corregir eso, y no simplemente bloquear todo lo que pueda hacer el gobierno. Y esta es una oportunidad de hacerlo. Hasta ahora no lo han hecho. No pierdo las esperanzas de que pueda corregirse. Pero hasta ahora no lo han hecho.

-Hasta ahora el acuerdo con el gobierno lo ha alcanzado el PDG. ¿Puede terminar ocupando el PDG el espacio histórico que había ocupado el PS y la centroizquierda?

-Supongamos que tienen éxito, que logran que le vaya pésimo a este gobierno, que logran paralizarlo todo. ¿Van a volver a gobernar para hacer qué? ¿Lo mismo que hicieron antes? Yo no veo en ninguno de ellos un cambio en eso y creo que esa cuestión es muy grave para el futuro. Si no le va bien a este gobierno, que puede no irle bien, lo que va a hacer la gente es buscar una alternativa que no sea ni de izquierda ni de derecha para gobernar. Y creo que en ese sentido, la izquierda está trabajando para Parisi. La izquierda está ayudando a que acumule fuerza una alternativa que no es de izquierda, porque en el fondo no tiene nada nuevo que ofrecer.

-¿Debería haber sido el PS el que tomara ese rol de buscar los acuerdos como hacía históricamente la centroizquierda?

-Yo habría esperado que hubiera un intento de recomponer una centroizquierda, separando aguas con el Partido Comunista y con el Frente Amplio. Pero no están en eso. Están en acumular indicaciones contra el proyecto del gobierno y callando con todos los errores que se cometieron durante el tiempo.

-¿Espera que la actitud del PS sea distinta en el Senado?

-Es lo que estamos esperando varios. En el fondo, de alguna manera, si el gobierno logra sortear la actitud del boicot más banal de la Cámara de Diputados y va a una discusión más de fondo en el Senado… a mí me gustaría ver una actitud distinta de los senadores en eso.

-En la comisión de Hacienda del Senado las únicas dos figuras de oposición son Daniella Cicardini y Paulina Vodanovic, las dos PS, de estilos muy diferentes. ¿Cuál debiera primar? Hace algunas semanas además el diputado Manouchehri dijo que el Senado tenía que adaptarse a la forma de hacer política que tiene Cicardini ¿Cómo ve eso?

-Tengo un gran cariño al Partido Socialista, y siempre evito entrar en la discusión sobre su gente. Lo que sí diría es que ojalá el Partido Socialista reaccionara y analizara, como lo hicimos en su tiempo, que nos habíamos equivocado en la Unidad Popular para luego sacar la renovación socialista. Ahora, en el Senado me parece que es mucho más posible confiar en Paulina Vodanovic y me alegro mucho que sea ella la presidenta del partido.

-El PS tendrá esta año un congreso ideológico y a comienzos del próximo probablemente elección. ¿Cree que en estas instancias el PS puede tomar un rumbo en favor de reconstruir la centroizquierda?

-Espero que por lo menos en esta oportunidad se discuta lo que han hecho en los últimos 15 años. No puede ser que terminemos discutiendo del faranduleo de las redes sociales o si el proyecto es de los súper ricos. Se tiene que ver qué es lo que va a ser la propuesta del Partido Socialista para los próximos años. Y a mí me gustaría, y voy a mirarlo con esperanza, que fuera una bifurcación de caminos. Que se entienda que aquí hay izquierdas distintas. La unidad de la izquierda no es real. Aquí hay una izquierda democrática, pero que tiene que demostrar que lo es, siendo un opositor constructivo. Y hay otra izquierda que no cree en la democracia.

-¿Cómo ha visto los dos primeros meses del gobierno?

-Creo que lo que no tiene, o tiene menos, es política. No basta con creer que uno tiene la razón y estar convencidísimo de eso, sino que tiene que convencer a la mayoría para poder gobernar. Cuando alguien dice, ‘mire, a mí nadie me ha contratado para ser simpático’, se equivoca. O sea, efectivamente, todo ministro y todo gobierno, si hay un deber que tiene, es que le resulte simpático a la mayoría del país. Y tengo la impresión de que ese deber de la política es un deber que no han asumido bien en el gobierno. Creo que ha sido un gobierno en ese sentido políticamente débil.

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