107 años debieron pasar para que una mujer asumiera el cargo de rectora en la Universidad de Concepción, posición que fue asumida ayer por Jacqueline Sepúlveda, quien ganó las elecciones el pasado mes de abril y liderará dicha casa de estudios hasta 2030.
Sepúlveda es química farmacéutica de la Universidad de Concepción y doctora por la Universidad Karl-Franzens de Graz, Austria. Tiene una gran trayectoria académica y profesional, combinada con una extensa formación científica y experiencia en investigación. Desde 1994 se desempeña como académica de la Universidad de Concepción, donde actualmente es profesora titular del Departamento de Farmacología de la Facultad de Ciencias Biológicas.
En Mirada Líbero, la nueva rectora de la UdeC da su primera entrevista. Habla sobre su visión respecto de la violencia en las universidades, la gratuidad y el financiamiento de la investigación y desarrollo, y los desafíos de la Universidad de Concepción.
-¿Cómo está y cómo se siente tras asumir como rectora?
-Contenta, es un grupo de emociones, pero muy contenta, con mucho optimismo, con mucha esperanza de asumir como la primera rectora en 107 años de la Universidad de Concepción. Ya había sido la primera mujer vicerrectora, pero no es lo mismo ser rectora. Así que muy contenta, con sentimientos muy encontrados, por supuesto, con mucha emoción y con un gran desafío por delante.
-¿Cuál sería un gran desafío que tiene para la Universidad de Concepción?
-En estos minutos nuestra universidad necesita hacer una transformación digital, creo que necesita modernizar todos los aspectos que están vinculados, porque tenemos que reducir un poco la carga administrativa. Cuando hicimos nuestra campaña, uno de los puntos que detectamos en la comunidad universitaria, de manera transversal, es que existe mucha carga administrativa y eso no nos permite ser tan eficientes. Entonces, ahí tenemos que trabajar como principal desafío. El rol público que tiene la Universidad de Concepción es algo que hay que destacar. La formación de profesionales, la movilidad social ascendente, el impacto de su investigación y de la transferencia tecnológica, de su investigación tiene que tener un reconocimiento a nivel nacional. Entonces, hay que empezar a incorporar un factor adicional en la toma de decisiones en el ecosistema de educación superior. Porque hoy día se habla mucho de educación superior. Se habla de calidad, se habla de recursos, se habla de que existen pocos recursos para investigación y desarrollo, se cuestiona también los resultados de investigación asociados a estos procesos, pero no he visto en la discusión, y esperamos incorporarlo, el factor descentralización. Es decir, también las regiones, las distintas universidades que están insertas en todas las regiones, desde Arica a Punta Arenas, hacemos un aporte trascendental al desarrollo científico-tecnológico. Y eso yo no lo veo en la discusión y lo queremos instalar.
«Incorporar más burocracia no va a mejorar los niveles de empleabilidad en Chile»
-¿Cómo toma las declaraciones del President Kast cuestionando los fondos que se entregan a las universidad, puesto que no generan empleos?
-No conozco exactamente el contexto total de esas declaraciones, porque fue una cuña. Pero aquí hay que decir dos cosas importantes, independiente de que lo haya dicho el Presidente Kast o no. Yo creo que las reglas en investigación y desarrollo están claras para todo el ecosistema de investigación y desarrollo de Chile. Se le entrega a usted recursos para investigar, para hacer transferencia tecnológica, a cambio usted hace papers, publicaciones y patentes. Entonces, si nos vienen a cambiar las reglas, es complejo, porque todo esto es como un círculo, puede ser virtuoso o no virtuoso, como sea, pero Chile es un país que invierte muy poco en investigación y desarrollo, tan solo un 0,4 del PIB. Entonces, si además le vamos a incorporar que los procesos de investigación tienen que estar asociados a la generación de empleo, bueno, pero póngannos las reglas antes. Las reglas hoy no son así. Hoy se entregan recursos de investigación y desarrollo y todos, a cambio de esos recursos, generamos publicaciones, capítulos de libros, patentes, hacemos transferencias de ese conocimiento generado.
-Es decir, ¿va más allá de la mera generación de empleo?
-Claramente. Inclusive para la acreditación de los programas de posgrado, no todos los profesores pueden participar, por ejemplo, como guía dando tesis en programas de doctorado. Tienen que ser personas que tengan publicaciones, que tengan patentes, que tengan cierto nivel de transferencia tecnológica. Pero nadie nos dice que además tenga que tener ese profesor la capacidad de promover el empleo. Yo encuentro que está correcto en todo caso, me hace sentido, porque es verdad, muchas publicaciones que se desarrollan a veces están en un buen nivel de índice de impacto, pero son pocas las personas que lo leen. Y eso es investigación básica, pero la investigación básica es absolutamente necesaria.
-Se ha dado, también, un debate sobre hacer seguimiento a los recursos del Estado para la academia, ¿qué opina del debate que se ha dado entre libertad versus transparencia académica?
-Creo que el seguimiento de los recursos públicos siempre ha estado. Yo creo que si queremos incorporar más burocracia al sistema, lo único que va a hacer es agotar a cada uno de los investigadores. Las reglas están sumamente claras, rendición de fondo, se adjudica el fondo, entonces no sé exactamente a qué se refiere con mayor nivel de transparencia. La verdad, cuando uno tiene acceso a estos recursos que son públicos, existe todo un protocolo en los cuales uno va rindiendo y que es tremendamente engorroso y demanda mucho tiempo para los investigadores. Entonces, incorporar más burocracia a esto, la verdad que no sé si va a mejorar los indicadores, y más aún, tampoco sé si va a mejorar el nivel de empleabilidad en Chile. O sea, incorporar más burocracia al sistema, creo que justamente no va por donde debiera ir hoy día. Hoy día la idea es disminuir los niveles de burocracia para que los investigadores podamos definitivamente dedicarnos a lo que sabemos hacer. Pero si le incorporamos más burocracia al sistema, la verdad que lo que vamos a hacer es ralentizar todo aún más.
«Cualquier persona que sufra una agresión debe ser igualmente rechazado y repudiado»
-A raíz de la agresión a la ministra de Ciencias, Ximena Lincolao, ¿cómo ve el tema de la violencia y la violencia política que se genera en distintas universidades?
-Nuestra universidad, y vamos a trabajar para que eso así se mantenga, está al alero de dos valores fundacionales. Uno es el pluralismo y la autonomía. Acá en nuestra universidad lo que nosotros queremos perseguir es efectivamente que exista la libertad de opinión, independiente de la posición política que tenga cada cual. Porque esa es la única manera de poder relevar y dar más competencia a nuestros estudiantes, tolerancia y diálogo. Con respecto a lo de la ministra, sí, tuvo un rechazo transversal, pero hay algo que hay que agregar. Tuvo trascendencia mediática porque es una autoridad. Pero yo quiero agregar una cosa. No por ser solo una autoridad, cualquier persona que tenga una agresión física o verbal debería haber sido igualmente rechazado y repudiado en la comunidad. Pero como es una autoridad, por supuesto que tuvo trascendencia y yo digo, claro, es un repudio transversal. Pero esto tiene que ser válido para cualquier persona, para un estudiante que quiere expresar una idea diferente. Entonces, yo creo que claramente hoy, el rol de nuestras universidades es permitir el diálogo, tener la capacidad de disentir, pero sin fragmentarnos. Eso es tremendamente relevante hoy día como nueva competencia de desarrollo para los futuros profesionales que van a estar encargados o liderando el nuevo modelo de desarrollo que Chile necesita.
-Es decir, no dejarse amedrentar por este tipo de situaciones.
-Más que eso, es que respetemos diversas posturas. Seamos capaces de sentarnos y conversar. Libertad de expresión, pero además que podamos disentir, podemos tener posiciones diferentes, pero eso no puede traducirse en violencia absoluta. Y eso es lo que yo creo que no tan solo lo que pasó en la Universidad Austral, está pasando en muchas partes de Chile y en muchas partes del mundo también. Y creo que eso es una competencia a desarrollar en nuestros estudiantes, en la comunidad en su conjunto. Y eso uno también lo puede traspasar a lo cotidiano. Hay mucha violencia también cotidiana al manejar, en los supermercados, la sociedad en general está inmediatista y está bastante reactiva.
-¿Cómo se hace frente a situaciones como esta?
–Nosotros pensamos que los estudiantes tienen derecho a expresarse con respeto. Respeto y diálogo son las dos palabras claves que nosotros queremos conversar con ellos. Todos hemos tenido 18 años, todos hemos sido soñadores y todos tenemos derecho a expresar nuestra opinión. Sin embargo, cuando en algún minuto hay una falta de respeto a un estudiante o a un profesor, creo que ahí ya no se puede permitir.
«Tenemos que analizar si tenemos los recursos para seguir con la gratuidad«
-¿Cuál es su posición respecto de la gratuidad universitaria? ¿Afecta la sostenibilidad financiera de las universidades?
-En un mundo ideal donde los recursos abundan, ¿quién se podría oponer a tener un 100% de gratuidad? Podría haber alguien que sí, pero estamos en un mundo que no es así, donde hay un sinnúmero de otras prioridades. Entonces, yo creo que la gratuidad es un tema de reflexión y tenemos que colocar los recursos donde más se necesiten. Eso es el primer punto. Creo que tuvimos un gran avance en Chile de lograr un nivel de gratuidad y ahora tenemos que seguir analizando si realmente tenemos los recursos para hacer eso. Y hay dos puntos adicionales. Uno, los aranceles diferidos y los aranceles reales, porque si tenemos gratuidad, la vamos a tener con cierto nivel de aranceles, y ahí es donde nuevamente tenemos que incorporar el concepto de calidad que hoy en día no se toca. Hoy en el ecosistema de educación superior se habla de recursos, se habla de gratuidad, se habla de la violencia en los campos, ¿dónde está la calidad? Lo que nosotros tenemos que hacer como una universidad es vigilar que los procesos académicos estén en estándares internacionales de calidad. Y eso significa que no podemos seguir reduciendo el monto o el valor de los aranceles. Entonces, esa también es una discusión que hay que darla. Porque si tenemos los aranceles reales, por supuesto que no hay problema, pero es que los aranceles son referidos. Ese es el punto.
-Esta semana el gobierno ingresó una indicación, con la que se abre a la condonación de ciertas deudas del CAE, ¿qué opinión tiene respecto al CAE?
-En el gobierno anterior se prometió, y por eso que ahora mismo nuevamente va a aparecer el concepto de vamos o no definitivamente como sociedad a cobrar el CAE, a permitir el CAE. Aquí hay algo que yo echo de menos y es que aprendamos a tomar decisiones en base a evidencia científica. Muéstreme cifras y yo le respondo. Porque si no, estamos trabajando de manera muy subjetiva. Y ese no es el Chile que queremos. El Chile que queremos es aquel que es capaz de argumentar y decir ‘aquí está el estudio’, no solamente lo que yo pienso o lo que opina el otro. Tenemos que aprender como sociedad y para eso estamos las universidades. Las universidades son la reserva ética, son las que buscan la verdad, las que van a tener que estar encargadas de hacer estos análisis para poder colocar sobre la mesa. Dato mata relato. Eso es lo que yo espero. Ahora estamos hablando de sí o no. Y eso es muy básico para un ecosistema de educación superior. La toma de decisiones es en base a la evidencia.
«Queremos poner nuestras capacidades a disposición del sector productivo»
-La Universidad de Concepción tenía como proyecto el Parque Científico Tecnológico, que no pudo seguir adelante. ¿Qué otros proyectos tienen en mente para convertir a la UdeC en un hub de tecnología regional?
-El Parque Científico Tecnológico fue un gran proyecto que fracasó. Y lo que nosotros estamos proponiendo en esta nueva rectoría es efectivamente trabajar de manera colaborativa con el sector productivo, porque Chile invierte poco en I+D, pero tampoco las universidades han logrado diseñar una estrategia más efectiva, más robusta, que permita entusiasmar al sector productivo y trabajar de manera colaborativa. Nosotros aspiramos a captar recursos del sector productivo. Una de las iniciativas que queremos crear en este año es la mesa colaborativa con el sector productivo para poder poner a disposición del sector productivo nuestras capacidades, pero al mismo tiempo escucharlos, saber cuáles son los problemas que tiene y cómo la universidad a través del desarrollo científico y tecnológico puede resolver esos problemas.
Pero además algo adicional que guarda relación con que nuestras universidades tienen que estar constantemente conversando con el sector productivo para conocer cuáles son hoy día las competencias que el sector productivo necesita de nuestros futuros egresados. Entonces son dos cosas. Uno, captar recursos, trabajar colaborativamente, resolver problemas con ciencia y tecnología con el sector productivo, pero al mismo tiempo estar siempre pendiente y en constante modernización de las mallas curriculares, de las nuevas ofertas, de las nuevas propuestas de valor para las carreras, porque podemos formar excelentes profesionales, pero a lo mejor no son las competencias que hoy, en un mundo dinámico, tremendamente cambiante, donde la única constante es el cambio, tenemos que también incorporar lo que nos está diciendo el sector productivo, porque es lo que ellos están pidiendo para los futuros profesionales.
-En ese sentido, ¿qué ocurre con la retención de talentos?
-Nuevamente, la descentralización. Nosotros formamos excelentes profesionales, pero también tenemos un alto nivel de cesantía ilustrada, que está casi alcanzando el 10%. Y lo que queremos efectivamente es dar oportunidades para que nuestros profesionales también se queden en la región de Ñuble y Biobío y hagan un aporte al desarrollo de estas regiones.
