Hace dos semanas, Nicolás Maduro sorprendió en una conferencia de prensa cuando acusó a Estados Unidos de emplear “diplomacia de cañoneras” frente a las costas venezolanas, refiriéndose al despliegue de fuerzas navales norteamericanas para impedir el tráfico de drogas que fluye desde Venezuela hacia el norte. En su estilo sarcástico, intentó ridiculizar la operación, calificándola de estrategia con más de cien años. Lo curioso es que haya utilizado un concepto histórico y estratégico correcto. Seguramente alguno de sus asesores le explicó bien qué significa.
Lo que Maduro y sus asesores parecen ignorar es que esta “estrategia añeja” no es de hace cien años (cuando en el siglo XIX los británicos comenzaron a utilizar el término y que después fue sistematizado por James Cable en su libro “Diplomacia de Cañoneras” en 1971).
Este concepto se utiliza hace más de dos mil quinientos años, cuando Atenas ya paseaba sus embarcaciones frente a las costas de Esparta para enviar señales de disuasión antes de la Guerra del Peloponeso. Desde entonces, el poder naval ha servido para graduar la fuerza, desde la mera presencia hasta la proyección de fuego destructivo desde el mar sobre objetivos en tierra.
Este concepto también fue desarrollado hábilmente por el Almirante norteamericano Alfred Thayer Mahan, quien en “The Influence of Sea Power upon History” en 1890 argumentó que el dominio del mar no solo se logra en la guerra, sino que también en la capacidad de estar presente, controlar rutas marítimas y condicionar la política de otros Estados. La estrategia marítima norteamericana actual refleja ese principio. No se trata sólo de tener buques, sino de utilizarlos como instrumentos nacionales de disuasión e influencia política en escenarios claves.
No solo Estados Unidos aplica esta estrategia. Las grandes marinas del mundo entienden que el mar ofrece un espacio y amplitud de maniobra únicos. Sin ser invasivos, permite un uso gradual de presión diplomática y, llegado el momento, proyectar poder con precisión quirúrgica. Sin ir más lejos, Francia también desplegó buques hacia Martinica y Guadalupe para reafirmar su control sobre sus posiciones geográficas en el Caribe. Esto no es una provocación, es el lenguaje de las naciones que tienen intereses que proteger y las capacidades para hacerlo. Recordemos que Europa también es uno de los principales destinos de las drogas producidas y distribuidas desde Venezuela y otros países de la región.
En el caso de EE.UU., este despliegue no es simbólico. Existe un mandato judicial de captura contra el líder del llamado Cartel de los Soles, un grupo catalogado por Washington como narco-terrorista. Esto ya no es solo una señal diplomática, es una operación con un Estado Final Deseado (EFD) bien definido y respaldada por una planificación operacional que seguramente contempla todos los escenarios. Los medios norteamericanos (navales, aéreos y terrestres) no se despliegan sin un propósito político-estratégico claro. Destruir embarcaciones rápidas cargadas de drogas fue solo el primer paso. Si fuera necesario, estos mismos medios están en condiciones de interceptar buques, neutralizar instalaciones críticas e incluso ejecutar ataques de precisión en cualquier objetivo terrestre. De hecho en la última asamblea general de las Naciones Unidas, el Presidente Trump fue muy explícito con respecto a su visión en el corto plazo del uso de la fuerza (“mediante bombardeos”) en contra de quienes producen y distribuyen droga.
Nicolás Maduro está inquieto. Su lenguaje corporal y verbal lo delatan. Sabe que la presencia de buques norteamericanos frente a sus costas no es teatro. Estados Unidos no sólo está haciendo un uso gradual de sus medios, está enviando una potente señal de disuasión mediante la voluntad concreta de empleo de la fuerza. Al mismo tiempo, está diciendo que la impunidad tiene límites y que El Cartel de Los Soles ya cruzó la línea. Aunque no le guste a Nicolás Maduro, la “diplomacia de cañoneras” sigue vigente. De hecho estamos presenciando una lección de esta estrategia en tiempo real. Quien ostenta poder naval y demuestra la voluntad de usarlo, tiene la iniciativa, veremos cómo la utilizan.

Excelente
Muchas gracias Carlos
Excelente!!
Muchas por tu comentario Daphne