AGENCIAUNO

En momentos en que el monumento del General Baquedano ha regresado a la plaza que lleva su nombre, debemos reflexionar acerca del tremendo déficit que existe en cuanto a educación histórica de Chile.

Tras el gobierno militar, desaparecieron de los colegios y liceos los actos patrióticos y la canción nacional se escucha cada vez menos. Los programas de estudio de historia de Chile, adolecen de profundidad y se han concentrado en los últimos 50 años para transmitir de manera sesgada lo que sucedió en Chile. Los vándalos que atacaron a Baquedano, no sabían quién era y qué representó él en los grandes episodios bélicos en qué Chile consolidó su soberanía.

La juventud chilena es completamente ignorante acerca de nuestros próceres y también de aquellos pueblos originarios y conquistadores españoles que dieron origen a la nación chilena. Lamentablemente los profesores de historia no tienen mayor influencia en los establecimientos educacionales. Si nos remitimos a los profesionales recién egresados de las universidades chilenas, la ignorancia de nuestra historia patria es abismante. No se aprecia el orgullo de ser chileno.

En Argentina, el amor a la Patria se refleja en cada lugar y en cada celebración. Las iglesias católicas argentinas tienen en su interior la bandera argentina y en Chile no. Los mapas argentinos en todas partes exponen la pretendida Antártica Argentina y en Chile ni los organismos públicos se ocupan de incluirla en sus presentaciones. El gobierno del Presidente Kast, tiene una oportunidad única de exigir de manera urgente la incorporación de más horas de historia de Chile en los programas de estudio, como también mayor énfasis en el conocimiento de nuestra geografía. Las facultades de derecho, economía y administración, las ingenierías y periodismo debe incluir más ramos electivos de historia.

No es posible proyectar un país si no conocemos su historia. Lo sucedido con Baquedano debe generar un cambio más profundo que la mera reinstalación del monumento. En un medio de prensa se informó del nacimiento de un canal de televisión para mascotas. Este hecho da cuenta de la decadencia de nuestra sociedad, en que no hay canales de historia de Chile. ¿Qué se puede esperar de nuestros jóvenes si no saben quién fue O’Higgins, San Martín, Prat, Portales, Carrera, Baquedano o Carrera? El Ministerio de las Culturas y el Ministerio de Educación tienen la palabra.

También se debe abordar a esos dos millones de inmigrantes que quieren ser chilenos. En las escuelas donde estudian se les debe exigir conocer y aprender de nuestros himnos, nuestros símbolos y nuestra historia patria. La cohesión social se construye a partir de una historia común, tradiciones y ceremonias solemnes que recuerdan a nuestros héroes y a quienes nos antecedieron.

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4 Comments

  1. Totalmente de acuerdo, se debe hacer un esfuerzo para que se conozca nuestra historia, y también nuestro país, de norte a sur.
    No puede ser que existan viajes de estudios de escolares al exterior, sin que se viaje por Chile primero, Norte, Sur y Chile Austral.

  2. No podría estar más de acuerdo. Pero también es parte del abandono de los gobiernos por la formación escolar temprana, más preocupados por el favor de la educación superior donde ven réditos electorales por tratarse de personas en edad de votar. Así la educación escolar y la formación de profesionales resultan mediocres, muy lejos de la necesidad de ser un país competitivo, capaz de superarse humana, técnica y económicamente.

  3. Diego Portales decía que los gobernantes debían ser modelos de virtud y patriotismo. Fue el mismo Portales quien, con gran visión, advirtió el peligro que entrañaba para Chile la amenaza de la Confederación Peruano-Boliviana y que, cuando la espada victoriosa de Bulnes abate a Santa Cruz en el campo de Yungay el 20 de enero de 1839, como nuevo Cid de la leyenda, gana la batalla después de muerto. Ese día, Chile adquirió conciencia de nación
    Lamentablemente el sentimiento de amor a la patria —como bien señala Andrés Montero— se ha debilitado en nuestra nación, lo que ha llegado al extremo de que un gobernante condecoró a exdirigentes sindicalistas de la empresa Rolls Royce que se negaron a trabajar y a entregar los motores de los aviones Hawker Hunter de la FACH enviados a Gran Bretaña para su reparación; y que también condecoró al senador Edward Kennedy por impulsar la enmienda que prohibía la venta de armas estadounidenses a Chile, en circunstancias que nuestra patria estaba amenazada de guerra por Argentina.
    Sobre el concepto de patria podríamos decir que es un valor tan grande que lleva a los hombres a dar su vida por él, y si algo se valora más que a la propia vida es porque se considera superior a ella.
    La patria es la tierra en que nacimos y nos formamos, son sus hombres, sus valores, todo aquello que supone su defensa. Por ello la patria es un valor supremo.
    La patria es el sentimiento de un lazo común en el presente y en el pasado, es la comunidad moral e histórica de la que nos reconocemos parte. La patria es lo que se ama. Ella es como el ser amado que, para serlo, necesita que alguien lo ame.
    La patria no está formada solo por los ciudadanos que en un momento dado habitan en su territorio, sino que por la tradición y el recuerdo de los chilenos que, a lo largo de la historia, escribieron en ella páginas brillantes y nos han legado su nombre y sus hazañas. Y está formada, también, por la esperanza en quienes han de sucedernos y continuarán el relato interminable de nuevos esfuerzos, de nuevos sacrificios. Por eso, al defender la patria, defendemos nuestro mañana no nuestro ayer.
    En cuanto a la educación, cabría comentar que el abogado e historiador Gonzalo Vial Correa decía: “La única forma de vencer la pobreza es una enseñanza básica y media de calidad. Sin ella no habría cultura, civilidad, vida en comunidad, ni democracia estable, ni desarrollo económico en el país”.
    Lamentablemente ha habido en Chile gobernantes socialistas filocomunistas que, con su envidia igualitaria, su ideología marxista y su eslogan de “fin al lucro, al copago y a la selección” en lugar de fomentar una educación “de calidad” destruyeron establecimientos educacionales de excelencia tales, como el Instituto Nacional, que promovían la movilidad social.
    Al respecto y como exinstitutano, no puedo dejar pasar esta ocasión para manifestar que tuve el privilegio de estudiar en sus aulas, pudiendo comprobar su nivel de exigencias, su disciplina, su rigor académico, la calidad de sus profesores —que no solo nos daban clases, sino que nos enseñaban a pensar—, su estupenda biblioteca y modernos laboratorios, el ambiente de respeto y la diversidad social de sus alumnos; lo que nos permitió acceder, sin dificultades, a las mejores universidades y a llevar a cabo exitosas actividades profesionales, empresariales o de otra índole, concretando así el sueño de superación que nuestros padres nos habían inculcado.
    Lamentablemente del antiguo y prestigioso Instituto Nacional —cuyo lema es labor omnia vincit (el trabajo todo lo vence)— que privilegiaba el mérito, que seleccionaba a sus alumnos mediante rigurosos exámenes de admisión, y que contribuía a la movilidad social, no queda nada.
    Adolfo Paúl Latorre

  4. Se me había quedado en el tintero:
    Parafraseando a Miguel de Unamuno, me duele el Instituto. Me duele ver como se apagó el “primer foco de luz de la nación”. ¿Será posible volver a encenderlo?
    Adolfo Paúl Latorre

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