Roberto Ruiz conoce de cerca las distintas caras de la política exterior chilena. Diplomático de carrera, abogado de la Universidad Diego Portales y magíster en Derecho por la Universidad de Freiburg, durante su trayectoria en el servicio exterior estuvo destinado en Suiza, Alemania y Venezuela, donde fue enviado por el Presidente Sebastián Piñera como encargado de negocios a la embajada en uno de los momentos más complejos de la relación bilateral.
También fue cónsul de Chile en Río Grande, Argentina, y ocupó distintos cargos en la Cancillería, entre ellos el de director de Planificación Estratégica.
En mayo de este año, el Presidente José Antonio Kast lo ascendió al rango de embajador y lo designó como cónsul general de Chile en La Paz. Cinco meses después, Ruiz fue uno de los encargados de coordinar los detalles del histórico viaje del Mandatario, quien el viernes 16 de octubre estuvo en la capital de Bolivia en lo que fue la primera visita de Estado de un Presidente chileno desde 1955.
En esta entrevista con El Líbero, Ruiz se refiere a los acuerdos que se firmaron y a las posibilidades que existen de que Chile y Bolivia puedan restablecer una relación diplomática a nivel de embajadores, la que está rota desde 1978.
«Se necesita que en ambos países se instale la convicción de que esta relación conviene a todos los sectores. Chile respeta los tiempos de Bolivia; nuestra parte es ser un socio confiable», dice.
-¿Qué evaluación hace de la visita del Presidente Kast a Bolivia, la primera visita de Estado de un mandatario chileno desde 1955? ¿Qué significado histórico y político tiene para la relación bilateral?
-El Presidente Kast dijo en La Paz: “Hoy dejamos de darnos la espalda”. Después de 71 años, un Presidente de Chile llegó a Bolivia llevando acuerdos, voluntad de acercamiento y una visión de Estado que trasciende gobiernos y coyunturas. Esto fue posible porque coincidieron dos decisiones. En Bolivia se abrió un nuevo momento político, con un gobierno que apuesta por la apertura y una integración práctica y pragmática con Chile, y eso permitió destrabar una agenda que llevaba años esperando. Nuestro canciller, a su vez, adoptó una decisión estratégica: situar la relación con Bolivia como un tema de primera importancia, algo lógico cuando compartimos casi 860 kilómetros de frontera. Lo que hemos estado construyendo en estos meses es una vinculación con sólidos fundamentos en una amplia variedad de temas y que esperamos siente la bases para avanzar a un siguiente nivel en la relación bilateral.
Detrás de este resultado también quiero destacar el gran trabajo de mis colegas en la Cancillería. Armaron esta visita con un trabajo silencioso, profesional y de relojería, tal como debe actuar la diplomacia. También fue un acierto la presencia de los gobernadores de Arica y Parinacota, Tarapacá y Antofagasta, de distintas tendencias políticas. Con ellos, los gobiernos regionales pasan a ocupar un lugar central en la agenda de Chile con Bolivia en el ámbito de la integración a todos los niveles, una aspiración de larga data. Los presidentes Kast y Paz decidieron reservar un espacio para reunirse a solas con los tres gobernadores chilenos y con los de La Paz, Oruro y Potosí. Esto alberga un giro de proporciones: las regiones tendrán una voz más fuerte en esta nueva página de la relación bilateral.

-Más allá del carácter histórico de la visita, ¿cuáles fueron los acuerdos concretos que se alcanzaron y cuáles de ellos podrían producir resultados más rápidamente? ¿Hay plazos definidos para su implementación?
-Se suscribieron cuatro instrumentos, todos orientados a una agenda de integración pragmática y realista: primero, los términos de referencia para modernizar el acuerdo comercial, vigente desde 1992, que permitirá ampliar el comercio entre los dos países. Segundo, un memorándum para conectar a Bolivia al cable submarino de fibra óptica Humboldt; tercero, un memorándum de cooperación minera; cuarto, una declaración sobre integración energética, que es el primer paso hacia la interconexión eléctrica.
Cada acuerdo genera beneficios para ambos países. El cable Humboldt es un buen ejemplo. Con Bolivia, el cable gana escala y Chile se consolida como puerta digital de Sudamérica hacia el Asia-Pacífico. A su vez, Bolivia entra a una liga global de conectividad de primer nivel y en plena expansión. Eso es integración con resultados: cada parte gana y la relación se fortalece.
Lo minero y lo comercial pueden dar resultados antes, porque ya hay equipos trabajando y empresas interesadas. Cada instrumento debe tener ahora un cronograma técnico. Mi tarea es que, cuando el Presidente Paz realice la visita a Chile anunciada para el primer semestre del próximo año, estos acuerdos estén en marcha o en etapa de cierre.
-Chile no tiene relaciones diplomáticas a nivel de embajadores con Bolivia desde 1978. ¿Esta visita acerca la posibilidad de poder establecer una relación a ese nivel? ¿Es uno de los objetivos que le ha encomendado el Presidente y el canciller?
-Queremos avanzar en una mayor integración. Esta visita oficial del Presidente Kast así lo demuestra. La invitación al Presidente Paz es una señal clara de nuestro país. El canciller Pérez Mackenna me instruyó avanzar con velocidad y consolidar cada etapa antes de abrir la siguiente. Lo que nos corresponde hoy es sembrar acuerdos concretos, una integración pragmática y resultados que se puedan ver. La cosecha llega a su tiempo, y cada acuerdo que se cumple la acerca.
-¿Qué condiciones o pasos faltan para que eso ocurra?
-No es un tema de condiciones ni pasos. Estamos construyendo las confianzas que nos van a permitir avanzar. Y esto tiene que ver con generar resultados que se puedan ver: más comercio, pasos fronterizos más ágiles y una frontera más segura. Y se necesita que en ambos países se instale la convicción de que esta relación conviene a todos los sectores. Chile respeta los tiempos de Bolivia; nuestra parte es ser un socio confiable.
-¿Estamos en el mejor momento de los últimos 40 años para dar ese paso?
-Hay buenas razones para pensar que sí. Ambos gobiernos apuestan por la apertura y el pragmatismo. Bolivia busca puertos, energía y mercados, y el norte de Chile busca integrarse con su vecino. Pocas veces la política, la economía y la geografía apuntaron en la misma dirección. Cuando el viento sopla a favor, hay que desplegar las velas.
-Bolivia mantiene su reivindicación histórica de una salida soberana al mar. ¿Esto fue un tema que se conversó durante la visita?
-La posición de Chile es conocida: se funda en el Tratado de 1904 y en la sentencia de la Corte Internacional de Justicia de 2018. Conocemos la mirada boliviana, el propio Presidente Paz lo mencionó en su declaración, pero ambos países reconocemos que debemos tener una mirada de futuro en beneficio de nuestros pueblos. Tenemos una agenda muy ambiciosa en muchos temas que son positivos para ambos: libre tránsito más eficiente, puertos competitivos, energía y conectividad. Ese es el terreno donde podemos mejorar de inmediato la vida de las personas.

-¿Es posible avanzar hacia una relación diplomática plenamente normalizada mientras Bolivia mantiene esa reivindicación? ¿Se puede trabajar bajo la lógica de ‘cuerdas separadas’?
–Por nuestra parte, creemos que sí, pero con realismo y entendiendo que tiene que ser una voluntad de los dos. Más que de cuerdas separadas, hablaría de una agenda que crece por sus propios méritos, con un paso que dure y no un trote que canse. Cuando el comercio, la energía y la seguridad unen intereses concretos, la relación gana una solidez que ningún desacuerdo histórico puede deshacer.
-Aparte del acercamiento que hubo en materia económica, energética y minera durante esta visita, también hay una agenda profunda para enfrentar de manera conjunta al crimen organizado. ¿Cómo se está avanzando en eso?
-La seguridad está en el centro de la agenda bilateral. El crimen organizado no tiene fronteras y, por lo tanto, tenemos que enfrentarlo juntos. El Compromiso Regional de Santiago, firmado en mayo, y las reuniones entre mandos policiales de Chile y Bolivia de este año ya fijaron el rumbo. Ahora se trata de fortalecer los pasos de Chungará y Tambo Quemado, y de Colchane y Pisiga, con una frontera abierta al comercio legítimo y cerrada al crimen organizado. Nadie se cuida solo; nos cuidamos entre todos. Esa es la máxima con que Chile y Bolivia enfrentan este flagelo.
-En agosto hubo una reunión de Altos Mandos Policiales y Unidades Especializadas de Chile y Bolivia. ¿Habrá intercambio de inteligencia, información migratoria y antecedentes sobre narcotráfico, trata de personas y contrabando?
-Ese es el camino. La reunión de agosto abrió canales directos entre policías y unidades especializadas. El paso siguiente es convertir esos canales en protocolos permanentes de intercambio sobre narcotráfico, trata de personas y contrabando. Mientras más eficaz sea la persecución del delito, más fácil será el paso de quienes cruzan por razones legítimas.
-Chile está intentando controlar la migración irregular y Bolivia es un país clave en las rutas de ingreso. ¿Hay un compromiso de Bolivia para colaborar con Chile en esta materia?
-La migración irregular afecta a ambos países. Las redes que lucran con ella usan territorio boliviano y chileno, y explotan a personas vulnerables. Lo que Chile busca con Bolivia es coordinar la frontera, compartir información y controlar mejor los pasos no habilitados. Es un problema que ningún país puede resolver por separado.
-La visita se produjo en medio de la controversia por los cargamentos de madera boliviana incautados en Chile. ¿Se conversó este caso durante la visita? ¿Qué posición transmitió Chile al gobierno boliviano?
-Es un asunto que Chile y Bolivia han tratado con franqueza. La posición de Chile tiene dos partes. La primera es el respeto pleno a la autonomía del Ministerio Público y de los tribunales. La segunda es que Chile distingue con claridad entre el uso criminal de un cargamento y el comercio legítimo boliviano, que valoramos y queremos ampliar. Nos interesa que el sector forestal boliviano recupere sus exportaciones, con trazabilidad y controles coordinados. Con ese fin, ambas Cancillerías acordamos convocar al Grupo de Libre Tránsito para discutir modelos de acompañamiento de la carga boliviana por territorio y puertos chilenos. El desafío es conjugar dos bienes jurídicos: el libre tránsito que establece el Tratado de 1904 y la seguridad de nuestro territorio y de nuestras comunidades. A esa tarea nos abocaremos en las próximas semanas.
-¿Hay otras materias en las que Chile debiera acercarse a Bolivia?
-La gran tarea es que la voz de las regiones se traduzca en agenda. Arica y Parinacota, Tarapacá y Antofagasta viven la relación todos los días: sus puertos, sus pasos fronterizos, sus comunidades del altiplano. El diálogo que se abrió entre gobernadores y entre nuestras cancillerías debe tener continuidad y contenidos concretos: gestión conjunta de las cuencas compartidas; apertura a los alimentos del oriente boliviano y su salida al Asia por nuestros puertos; energía solar del norte para Bolivia; vínculos entre universidades. Chile y Bolivia tienen mucho futuro por construir juntos.

Gran trabajo del embajador Ruiz, quizás peca de modesto, pero siempre vio las oportunidades que una mejor relación entre ambos países nos puede brindar. Un gran acierto del gobierno designarlo en La Paz.
Trabajo silencioso, profesional y de relojería … ! Gran embajador.
Esperemos que muchos de nuestros diplomáticos de carrera tengan la oportunidad de demostrar esta manera de hacer por el mundo 80/20