AGENCIAUNO

El fondo del debate presidencial no está solo en quién gobernará Chile, sino en cómo el país enfrentará la automatización. Que ya redefine el trabajo y la productividad.

Hace dos años, los robotaxis de Waymo -la división de movilidad autónoma de Google- apenas registraban 13 mil viajes pagados sin conductor. Hoy superan los 870 mil. Lo que parecía ciencia ficción, se volvió rutina.

El dato no sólo marca un avance tecnológico. Anticipa un cambio estructural. En América Latina, más de seis millones de personas viven de conducir: entre taxistas, transportistas y conductores de aplicaciones. Si la conducción autónoma avanza al ritmo actual, millones de familias podrían perder su principal fuente de sustento en la próxima década.

El fenómeno no es exclusivo del transporte. Amazon ya cuenta con más de un millón de robots en su operación global y proyecta automatizar el 75% de su cadena logística. En servicios, la inteligencia artificial gestiona atención al cliente, contabilidad y revisión de contratos.

Cada salto tecnológico trae progreso, pero también consecuencias que muchas veces se subestiman. Vivek Wadhwa lo anticipó en su libro The Driver in the Driverless Car: el futuro no se define por lo que la tecnología puede hacer, sino por lo que decidimos hacer con ella.

Chile, en pleno ciclo electoral, no está ajeno a este dilema. Mientras los candidatos discuten sobre pensiones, seguridad y crecimiento, el país carece de una política nacional de reconversión laboral y tecnológica. En un contexto donde la productividad se estanca y la educación técnica sigue rezagada, la automatización amenaza con aumentar la brecha entre quienes pueden adaptarse y quienes quedarán fuera del mercado.

La conversación de fondo no es si estas tecnologías llegarán, sino cómo responderemos.

¿Cómo reconvertimos talento en lugar de reemplazarlo? ¿Cómo diseñamos políticas que acompañen la transición y no solo reparen los daños? ¿Cómo aseguramos que este brutal aumento en productividad no se transforme en desempleo estructural?

Chile tiene fortalezas que pueden jugar a favor: ecosistemas de innovación en desarrollo y un sector empresarial que ya impulsa proyectos de automatización. Pero falta una visión país que entienda la innovación como política de desarrollo.

El desafío del próximo gobierno no será solo administrar el presente, sino preparar a Chile para un futuro donde el trabajo, la educación y la economía dependerán de nuestra capacidad de innovar.

Porque el progreso no se mide por cuántos autos se manejan solos, sino por cuántas personas logran seguir avanzando cuando el volante desaparece.

Deja un comentario

Debes ser miembro Red Líbero para poder comentar. Inicia sesión o hazte miembro aquí.