agua

Recientemente el Consejo de Políticas de Infraestructura organizó un seminario en que se abordó la importancia de las alianzas público-privadas en materia hídrica. Estuvo acompañado en este esfuerzo por la Asociación Nacional de Empresas de Agua y Saneamiento (Andess), la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA) y la empresa Aguas Andinas. El seminario, titulado “Alianza Público-Privada en gestión del agua: resultados y desafíos” tuvo un primer día de análisis acerca de los 25 años del modelo de concesiones para la provisión de servicios de agua y saneamiento, y un segundo día donde se abordó el desafío que enfrenta Chile respecto de avanzar en gestión de los recursos hídricos de manera integrada y con un enfoque de cuenca.

Respecto de este segundo día (video de la jornada), quisiera compartir algunas reflexiones que surgieron al conocer más sobre la experiencia de la Confederación Hidrográfica del río Ebro, en España, relatada a través de uno de sus dirigentes emblemáticos, Rafael Romeo García.

Las Confederaciones Hidrográficas nacen en España en 1926, hace casi un siglo, como resultado de un proceso que se inicia mucho antes y que finalmente les otorga un estatus legal a las fórmulas tradicionales de asociatividad entre los usuarios del agua. Este es un tema clave, pues éstas nacen, y se mantienen hasta el día de hoy, con los usuarios del agua como núcleo central, aunque no único, de su quehacer.

Entre las múltiples funciones de las confederaciones se destaca la elaboración de un Plan Hidrológico de Cuenca y todo lo relacionado con sus revisiones y seguimiento, para lo cual cuentan con equipos técnicos competentes. De manera coherente con lo anterior, tienen funciones en la proyección, construcción y operación de obras hidráulicas de relevancia para la cuenca, especialmente de acumulación, ya sean construidas con recursos propios o encomendadas por el Estado. Tienen, también, la misión de administrar el “dominio público hidráulico” que sería equivalente a nuestros “bienes nacionales de uso público” referido, por ejemplo, al cauce de un curso de agua y la administración y control de los aprovechamientos (equivalentes a nuestros derechos de aguas) de interés general o que afecten a más de una Comunidad Autónoma.

Cabe destacar que las Confederaciones reciben financiamiento público, pero gozan de autonomía consagrada por ley para la toma de decisiones en el marco de sus competencias.

La Confederación Hidrográfica del Ebro es la más antigua, y probablemente fue el territorio que motivó la creación de esta importante figura para todo el resto de la península ibérica. No es extraño pues la cuenca del Ebro es la más extensa de España, abarcando una superficie total de 85.362 km2 (similar a nuestras regiones de O’Higgins, Maule, Ñuble y Biobío agrupadas) y actualmente tiene una superficie de 900.000 hectáreas de riego (similar a todo nuestro país). En el aspecto presupuestario, para el año 2023 tuvo una asignación de más de 109 millones de euros (108 mil millones de pesos) desde el presupuesto público.

En Chile tenemos una legislación similar a la española en algunos aspectos relacionados con el agua, tales como el rol comunitario de los usuarios en la gestión local del recurso y el concepto del dominio público hidráulico, pero en la visión de la gestión de la cuenca como una unidad llevamos un retraso de 100 años. Probablemente dicho retraso explica en parte nuestro déficit de construcción de nueva infraestructura hidráulica de importancia en los últimos 50 años, algunas tensiones existentes entre el sector público y las organizaciones de usuarios, y la baja calidad de la discusión local de aguas, originada en parte por la falta de información validada por todos los actores. Por lo anterior, quisiera destacar algunas de las características que más me llamaron la atención respecto de las confederaciones hidrográficas españolas, probablemente porque son aquellas que no tienen un responsable definido en nuestro país:

  • Están enfocadas en alcanzar la sustentabilidad hídrica, teniendo a los usuarios del agua en el centro de su quehacer.
  • Poseen el mandato de realizar la planificación de la cuenca, incluyendo funciones de construcción de infraestructura.
  • Tienen capacidades técnicas para la elaboración de planes y proyectos de infraestructura.
  • Son autónomas en la toma de decisiones basadas en la realidad medible de cada cuenca.
  • Reciben financiamiento proveniente del presupuesto público.

La crisis hídrica que enfrenta gran parte de Chile desde hace 15 años nos está llevando a buscar nuevas maneras de enfrentar los múltiples desafíos del agua. En materia de institucionalidad nuestro actual sistema se compone de organizaciones locales autofinanciadas distribuyendo el agua disponible conforme a derecho y una autoridad centralizada, dictando pautas de carácter nacional, sin que haya nada entremedio. Bien podríamos aprovechar algunos de los principios y características que inspiraron y siguen inspirando a las confederaciones hidrográficas españolas, para adaptarlos o incorporarlos como una posible ayuda a solucionar nuestros problemas de agua.

Gerente de Políticas Públicas Sociedad Nacional de Agricultura

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