La discusión sobre IA suele centrarse en algoritmos, aplicaciones y regulación. Pero hay una pregunta previa, más concreta y más urgente: ¿dónde se ejecuta la IA que usamos diariamente? Hoy, no es en Chile. Cuando uno hace una consulta a ChatGPT, Claude o cualquier modelo de IA, esa consulta atraviesa océanos para llegar a centros de cómputo en Virginia, Oregon o North Carolina. Los data centers instalados en Chile, al menos por ahora, están aún dedicados a otra cosa: alojar datos, permitirnos ver nuestras series favoritas, o acceder a las redes sociales.

Esta distinción importa, porque revela una dependencia que no es solo tecnológica sino estratégica. Un país que no puede procesar su propia IA tampoco puede entrenar modelos con sus propios datos, ni garantizar que la información de sus ciudadanos e instituciones se procese bajo sus propias normas o decisiones. En un futuro cercano, cada hogar, cada institución y cada proceso productivo dependerán de la IA y, por tanto, de acceso confiable a capacidad de cómputo. Sin esa infraestructura, la IA simplemente no existe; y hoy, esa infraestructura no está en Chile.

Adicionalmente, los centros de datos actuales están concentrados cerca de centros de consumo, como Santiago, lo cual reproduce una lógica que en otras partes del mundo está demostrando ser una muy mala idea. A modo de ejemplo, en el estado de Oregon en EE.UU., los data centers ya consumen el 11,4% de toda la electricidad del estado y las tarifas residenciales han subido más de un 50%. Recientemente, se creó un comité de emergencia para proteger a la ciudadanía que está pagando los costos de una mala planificación, una lección a leer con atención.

Chile no debe mirar este proceso de lejos y como usuario pasivo. Tiene condiciones excepcionales para participar con una estrategia propia. El norte del país concentra una de las radiaciones solares más altas del planeta, energía limpia, abundante y con espacios disponibles. Instalar infraestructura de cómputo para IA en esas zonas, lejos de centros urbanos, cerca de la energía, permite capturar los beneficios económicos sin trasladar los costos a la ciudadanía. Transmitir los resultados del cómputo hacia los centros de consumo es perfectamente factible mediante redes de fibra óptica de alta velocidad, algunas ya existentes gracias a la astronomía.

En CENIA estamos avanzando en esa dirección. Con la Universidad de Tarapacá instalamos cómputo de alto rendimiento en Arica. Con el NLHPC impulsamos SCAI-Lab, el primer laboratorio público de supercómputo especializado en IA en Chile.

Instalar en el país infraestructura de cómputo para IA requiere visión de largo plazo, inversión sostenida, coraje político y una articulación real entre el Estado, la empresa privada y la sociedad civil. Es un proyecto de país, no de un sector. La IA no será solo software. Será una red física de energía, chips, cables y talento. La pregunta para Chile no es si esta infraestructura será necesaria, sino si seremos capaces de construirla a tiempo y con visión de país.

Participa en la conversación

1 Comment

  1. Excelente visión Alvaro ….Ojalá sean Uds. los primeros en hacerlo ….

Deja un comentario
Debes ser miembro Red Líbero para poder comentar. Inicia sesión o hazte miembro aquí.