El comunicado del “Comando Sur” del Ejército de los Estados Unidos (Southcom) de 4 de agosto anunciando la creación de un “Grupo de Trabajo Conjunto del hemisferio Occidental” que reúne a 18 países, entre ellos Chile, considerados como “aliados y socios confiables”, no debiera dejar indiferente a nadie.
Aparentemente, el objetivo podría aparecer como loable e inocente, como es combatir a los carteles en el hemisferio occidental (las américas); sin embargo, esta iniciativa debe ser vista en un contexto mucho más amplio dirigido a asegurar la hegemonía de los Estados Unidos en la región. En ese afán hegemónico, es evidente que lo de aliados y socios “confiables” se refiere a aquellos gobiernos que muestran afinidades políticas e ideológicas con la administración Trump.
Tal fue el sentido del “Escudo de las América” lanzado a comienzos de marzo en el “Doral Trump Resort” por el presidente de los Estados Unidos, con asistencia, entre otros, del presidente electo, José Antonio Kast.
El marco general de esta política está dado por la estrategia de “Seguridad Nacional” lanzada por el presidente Trump en noviembre último, más conocida como el “corolario Trump” a la “doctrina Monroe”. Se trata de una reedición o actualización de la lógica de las “esferas de influencia” que hemos conocido en la historia contemporánea, en términos de las políticas e intereses de las grandes potencias.
Una de las materializaciones de esa política en la región ha sido la “Operación Lanza del Sur”, en base a los bombardeos contra embarcaciones, con un total de 53 ataques, resultando en 215 muertos. Técnicamente, bajo la mirada del Derecho Internacional, esas acciones se conocen como “ejecuciones sumarias”, al margen del estado de derecho.
¿Será esa la lógica que se viene por delante, pero ahora en una acción conjunta con los aliados “confiables” de los Estados Unidos en la región?
Más recientemente, el secretario de Estado, Marco Rubio, ha convocado en Washington DC a representantes de 66 países a una cumbre para hacer frente al “auge del terrorismo político de la extrema izquierda” en el mundo, incluidas sus ramificaciones en la región. Ya sabemos la amplitud con la que Estados Unidos aplica el criterio de “extrema izquierda”.
En estos días, el gobierno de Trump y el secretario de Guerra Pete Hegseth han hablado de que Chile, entre otros 40 países, es parte de un “caballo de Troya” en términos de la supuesta “gran estafa de trasbordo” en beneficio de las exportaciones chinas y en desmedro de la recaudación vía aranceles de Estados Unidos. También han presionado para que los países que adhieren, renuncien e la Corta Penal Internacional, de la cual Chile fue pionero. El país del norte actúa vía presión y no persuasión, mientras que China actúa vía persuasión y no presión.
Estados Unidos está haciendo lo suyo; una política exterior y de defensa que se basa en el America First, como un aspecto del MAGA (Make America Great Again).
La pregunta que nos hacemos es muy simple: ¿la administración del presidente José Antonio Kast va a bailar al ritmo del tono y la música impuestos por los Estados Unidos, bajo la administración Trump, o vamos a guardar algún sentido de autonomía en materia de política exterior y de defensa, entendidas como políticas de Estado? Las recientes declaraciones del canciller chileno en su reunión con el secretario Marco Rubio en el sentido que los EEUU constituyen el “principal socio estratégico” de Chile nos dan alguna pista sobre el tema. Ya hemos visto la “reciprocidad” de la administración Trump en materia de aranceles.
Todos sabemos lo que fue la experiencia de la Guerra Fría en América Latina. Lo que empezó como la suscripción del TIAR (“Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca”), firmado en 1947, en una lógica de defensa colectiva frente a la amenaza del comunismo, devino en un entrenamiento de generaciones de oficiales de América Latina en técnicas de contra-insurgencia, incluidos el uso y practica de la tortura.
El pragmatismo, y no la ideología, ni menos el vasallaje -como el de la presidenta Delcy Rodríguez en Venezuela, la nueva mejor amiga de Donald Trump en América Latina- debiera ser la política de Chile, con una política exterior y de defensa al servicio de los principios, objetivos e intereses permanentes de Chile.
Genaro Arriagada
Ignacio Walker

Hay una evidente y clarisima contradicción entre las supuestas buenas y sanas expresiones de tener e implementar en Chile » una política de Estado en RREE y Defensa», con las visiones, sarcasmos y otros modos de política chica y contingente por uds expresados. Por ejemplo, hace pocos meses atrás ante las groseras e ideologicas intervenciones de Boric contra EEUU e Israel y sus líderes,-lo que no es política de Estado- uds dos no solo callaron, sino que, la justificaron y apoyaron. Pareciera que en vuestros conceptos, política de estado = políticas de la izquierda chilena……es bueno el cilantro…….pero no tanto
Nuevamente salen las posturas de los 2 extremos …. Sólo recordar, lo que fue para enorgullecerse, cuando el presidente Lagos le dijo NO a Bush para apoyar la invasión a Irak por las supuestas armas biológicas …. Chile estuvo primero y eso debe primar siempre ….