Rusia amenaza con usar armas nucleares contra los países de la OTAN en plena escalada de tensión en el Báltico. En concreto, Moscú ha advertido a la alianza en una nota diplomática en la que sostiene que no se debe intentar aislar Kaliningrado, región situada entre Polonia y Lituania. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, afirmó que está observando las declaraciones que llegan de las capitales europeas sobre los planes de bloquear Kaliningrado.
Fuera cierta o no esta afirmación, debemos comprender que estamos frente a un escenario de aumento de hostilidades, el cual podría significar que cualquier error de cálculo o apreciación podrían gatillar un nuevo umbral en el conflicto entre Rusia y la OTAN.
Es decir, podríamos estar en la antesala de que los ataques de las fuerzas militares se extiendan más allá del territorio ucraniano y que en estas incursiones se empleen capacidades nucleares, condiciones que nos ingresan a una etapa bélica desde la que nos situamos en la destrucción mutua asegurada.
En ese sentido, la voluntad manifestada respecto de hacer uso de las armas nucleares debiera ser un asunto de preocupación global, pero los hechos se están desencadenando precisamente por disputas por control e influencia territorial entre las potencias globales. Esto es consistente con el estado de las instituciones internacionales creadas para la resolución de controversias, las cuales han sido desacreditadas y relegadas a la obsolescencia particularmente por Rusia y Estados Unidos, mientras que los países europeos habían apostado a que su seguridad estaría cubierta por el paragua protector de Washington. Hoy una Europa dividida y con visiones encontradas delibera entre negociar, disuadir o contener a Rusia.
Por otra parte, la alianza atlántica acusó a Moscú de usar una “retórica nuclear irresponsable”, jugando un papel diplomático menor, ya que Estados Unidos está en sus propias “guerras”, por lo que la OTAN -sin mayores argumentos- pareciera intentar no elevar innecesariamente la tensión entre las partes.
En consecuencia, la actuación de los Estados europeos pareciera evidenciar no tener claridades respecto de contar o no con las capacidades para disuadir a Rusia. El proceso de rearme de los europeos se ha impulsado hace poco tiempo, particularmente desde que la administración Trump les señaló que no les seguirá subsidiando la seguridad. Todo indica que los europeos en unos cinco años más podrían tener una menor dependencia de los Estados Unidos.
Escenarios más o menos probables en materia de contención o disuasión que se barajan, no nos puede sacar el asunto de fondo, ya que lo demostrable es que Moscú está aprovechando el reparto mundial y disputa de territorios e influencias entre China y Estados Unidos. Así Putin avanza hacia los espacios que controló en los tiempos de la Rusia zarista.
Todo ello sucede entre el pedregoso camino que pudiera llevarnos a caer al barranco de una guerra nuclear o, en el mejor de los casos, a una ignominiosa situación de avance de la subordinación o vasallajes de los pueblos del mundo a un orden mundial impuesto por esas potencias globales que asfixian nuestras soberanías y extirpan nuestras libertades.
