derecha

Hace algunos días tuve el agrado de participar como oyente en un panel que organizó la Fundación Para el Progreso de Concepción entre los presidentes (o representantes) de los partidos políticos de la centroderecha y la derecha de la Región del Biobío. El panel se titulaba Nueva Derecha, en un intento de la Fundación por forzar una conversación muy necesaria, pero completamente ausente: ¿Cuál es el diagnóstico del sector sobre los últimos años desde octubre de 2019? Y -en función de dicho diagnóstico- ¿cómo perfilan la construcción de sus respectivos proyectos políticos?

A primera vista constaté que no existen diagnósticos claros, pero sí diagnósticos instintivos muy distintos entre un porcentaje importante de los partidos de Chile Vamos y el Partido Republicano. Es precisamente aquí en donde al día de hoy pienso que está la mayor fractura del sector.

Mientras un porcentaje de Chile Vamos explica los últimos años en los códigos de una buena o mala gestión, oposición dura o blanda y ganar o perder elecciones, el Partido Republicano explica la historia reciente en función de procesos y de una idea propia un poco más precisa acerca de la forma en que a su juicio procede habitualmente su adversario político. Cuestión bastante lógica si tenemos presente que Chile Vamos ha sido protagonista en los últimos años debiendo tomar decisiones, mientras que el Partido Republicano ha participado más bien como espectador. En efecto, Chile Vamos ha debido administrar el día a día, mientras que el Partido Republicano ha tenido la oportunidad de observar más detenidamente el ciclo histórico que estamos viviendo y ha trabajado más su identidad y posición particular en la disputa por el poder.

Es cierto que cada situación histórica tiene múltiples factores que la pueden explicar, pero es precisamente el énfasis que los líderes otorgan a cada uno de dichos factores lo que determina sus posiciones y -por supuesto- cómo se paran de cara al futuro. Así, mientras Chile Vamos persevera en explicar los últimos años destacando sus decisiones y resultados como positivos, el Partido Republicano (consciente o inconscientemente) parece comprender mejor que estamos viviendo un proceso contrarrevolucionario iniciado más claramente junto con el gobierno de Gabriel Boric. En otras palabras, los chilenos dejaron de vivir en el horizonte de expectativas y comenzaron a vivir el espacio de experiencia.

Chile Vamos ha perseverado en comunicar que sus decisiones, como potenciar la participación de Amarillos y la centroizquierda en la campaña por el Rechazo de salida del 4-S, deben ser destacadas y celebradas (a pesar de que la centroizquierda no logró ningún consejero en la posterior elección del 7M) y que convenir abrir un nuevo proceso constituyente fue oportuno y correcto, entre otras razones porque los resultados de la elección del 7M fueron favorables al sector. Sin embargo, aquel diagnóstico está dejando fuera la parte más importante de la explicación: el proceso contrarrevolucionario que -incluso- pudiera terminar devolviendo la responsabilidad de resolver la discordia constitucional al Congreso Nacional.

Es importante invertir tiempo en definir un adecuado diagnóstico de nuestro pasado reciente -más allá de las defensas partidistas- para proponerle al país un proyecto político consistente y que le haga sentido a la ciudadanía, pero también a la militancia.

Una buena idea para aproximarse es hacerlo desde la observación crítica y la historia, pero con algunas sugerencias previas: primero, ganar la presidencia de la República es importante, pero no a cualquier costo ni con las banderas del adversario. Segundo, los acuerdos no son positivos en sí mismos, sino que deben evaluarse en virtud de su contenido. Tercero, no todo lo que uno hace o decide es per se positivo ni debe defenderse a toda costa, debemos esperar los resultados. Y, por último, la política no consiste únicamente en ganar elecciones, sino que muy especialmente en lograr que las ideas propias sean también las ideas del sentido común de las personas a través de la batalla cultural, porque la idea de gobernar es realmente avanzar y no únicamente transar, aunque nos demoremos más.

Abogado, académica y directora ejecutiva de Voces por Chile.

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