Señor Director,
El Sistema Eléctrico Nacional está diseñado para entregar señales de precios, sugiriendo dónde se necesita nueva capacidad de generación y de qué tecnología. Con justa razón fue rechazado HidroAysén y su línea de transmisión en 2014: no es razonable construir capacidad instalada que sólo podrá ser aprovechada mediante una línea de casi 2.000 kilómetros, con el impacto ambiental que eso significa.
Sin embargo, el Plan de Descarbonización (condenado al fracaso por inviable e infundado) hoy justifica la construcción de la línea Kimal-Lo Aguirre, de casi 1.500 kilómetros de longitud, bajo una premisa similar: sólo así podrían aprovecharse en la zona central del país los dudosos beneficios de la (intermitente) generación renovable del Norte Grande. Si la monstruosa línea de HidroAysén ayer no tenía sentido, ¿por qué hoy Kimal-Lo Aguirre sí lo tendría?
Lo anterior es sólo una muestra del sinsentido del Plan de Descarbonización. La promesa de electricidad barata, sustentable y confiable de las renovables no convencionales ha fallado miserablemente en todos los países que nos llevan la delantera. Estados poderosos como Alemania, Reino Unido y California llevan años profundizando una crisis energética autoinfligida que terminan pagando los consumidores. Chile está cometiendo el mismo error y los efectos comienzan notarse.
Necesitamos mirar la experiencia internacional y enmendar rumbo antes de que sea demasiado tarde.
Por Ricardo Edwards Salas
