Y parece que la Pandora se pegó su unboxing… qué les puedo decir, mis queridos lectores. Los guionistas celestiales están detonadísimos. Como será la semanita que estamos teniendo, que volvió el Meruanista.
Yo iba a escribir, como se podrán imaginar, acerca del quinto aniversario de la pasión de aquello que llamamos octubrismo. Aunque últimamente sus adalides lo han negao’ más que yo a un par de ex. Pero, pasaron cositas, no sé si supieron. Entre el estrés post traumático que me cargo con el 2019 y esto, ya como que le estoy agarrando susto a octubre, sabí.
Porque ¿quién tenía en su tarjeta de apuestas que prendiera la acusación constitucional al juez de la Corte Suprema, Sergio Muñoz? Así, con certeza. O sea, había muy buenos argumentos, que nada tenían que ver con las afiliaciones políticas más o menos evidentes del mencionado juez. El rector Peña había ya hecho el caso respecto a cómo entendía esa pugna eterna entre ley y justicia el mentado juez y por otra parte don Tomas Mosciatti llevaba, y nos consta, meses, papelito y Melipass en mano contándonos sobre lo buen padre que es, dateando a su hijita pa’ que no perdiera plata en su jobi inmobiliario. Eso sin contar, que le prestara el closet completo pa’ trabajar desde Italia. Y aquí como que no la culpo tanto, otseah, yo todos los días despierto preguntándome porqué de nuevo no amanecí en Italia, o en Paris, representando a Chile ante la OCDE… maldita desigualdad. La cosa es que parecía bastante probable que la acusación constitucional no se aprobaría, porque el gobierno y sus amigues intentaron una defensa basada en fallos pretéritos del juez Muñoz. No seamos cándidos, desde luego que el componente político y más en un año electoral, pesa. Pesa caleta y siempre está presente para los más agudos, esa piedra en la chalupa que es el empate y los chivos expiatorios cuando la opinión pública quiere ver restituida alguna sensación de orden y justicia. Entonces con la ministra Vivanco fuera, todo aquello del ojo por ojo, animal print por animal print, parecía una interpretación atractiva. Pero dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo; todo lo anterior es algo cierto, pero también es cierto que el juez Muñoz había juntado boletos pa’ la rifa.
Y es ese justamente el punto que quiero hacer esta semana, más allá de esta permanente sensación de corrupción que campea en la opinión pública, hay también la constatación de una cierta impunidad, de un actuar con un tufillo a feudo que vuela desde municipios, pasa por el Ejecutivo y se pega su soplaíta por la mismísima Corte Suprema. Uno tendría que preguntarse ¿cómo es que los jueces de nuestra república se achancharon de tal versallesca manera? Onda, “la ley soy yo”… ¡chita, calmate Lucho XIV!
¿Por qué lo hacen? La respuesta es medio obvia pero no por eso simple o tranquilizadora; lo hacen porque pueden.
Desde luego que quedó la escoba con la aprobación en el Senado de esta acusación constitucional y con la elegancia y prudencia que les conocemos, algunos senadores se dijeron hasta pa’ la mami. Unos despliegues de llanto que uno quisiera verles por otras cosas, pero bueno, sabemos que son olmos y no perales.
Ya con esto estábamos, siono, pa’ la semana. Columna lista, cierro el boliche, viernes chico, la vida es hoy, todo aquello. Pero no poh. Nos enteramos el jueves de la renuncia del subsecretario Monsalve por una denuncia de violación. Todos quedamos mandíbula a piso, las puras cejas arriba.
Y aquí, esto es sátira, pero somos serios. En esta columna siempre he atacado la cultura de la funa, la cancelación y el retroceso civilizatorio que implica demoler el principio de presunción de inocencia. Eso es para todos y por siempre. Porque créanme, esto no siempre existió, más aún hay lugares en el mundo donde esto no existe y a ni un chico, chica ni chique le gustaría vivir ahí. Entonces no será esta humilde columna la que asuma que una denuncia es una condena. Pero sí podemos criticar el actuar político de los involucrados, especialmente su consistencia, eso es algo completamente distinto. Debemos suponer que Las Tesis están muy ocupadas protestando en Afganistán. Claro, o en general, las feministas se quedaron sin datos celulares, no se sabe. Confirmamos que a este feminismo neomarxista, misándrico y lamentablemente, hegemónico, en realidad sólo les importan las víctimas cuando el victimario es el correcto para posicionar una agenda ideológica.
De nuevo, yo no quiero que lo funen, ni lo persigan, ni lo cancelen, sólo estoy haciendo notar que los relatos que nos han vendido los últimos años tienen más que ver con posicionarse en el poder que con una genuina consideración por las víctimas. Viven en este doble estándar porque pueden, porque nadie o muy poca gente se los reclama. Pero si lo hiciéramos, debiéramos partir por, en lo sucesivo, no aceptar aleccionamientos.
Segundo, la semana de los hechos, fue aquella de fiestas patrias XL, que culminó con nuestro Presidente viajando a EE.UU., lo cual implica que el subsecretario de Interior era el segundo de abordo. Fue una semana difícil, se acuerdan que se le criticó a la ministra de Interior por banalizar la cifra de muertos ¿en qué estaba Monsalve? Ocupado parece, en otras actividades y apersonándose ese lunes no antes del mediodía.
Sabemos poco, pero lo que sabemos es feo, no lo voy a repetir, ha sido ampliamente documentado. Pero lo que sí sabemos es que hay muchísimas preguntas que hacerse ¿es habitual que nuestras autoridades tengan esta doble vida? Ok, alguien puede decir, son humanos, están bajo mucho estrés (ok…). Pero estos son cargos de vida muy corta, en los que se supone y nos han jurado de guata que están dedicados en cuerpo y alma… no caeré en la talla fácil. Porque no digamos que la seguridad ha sido el fuerte de este gobierno. También deberíamos preguntarnos, dado que se trata de la gente a cargo de la seguridad, la inteligencia, etc. ¿quién sabía qué y cuándo? ¿Qué se hizo con esta información, especialmente la ministra Tohá que parece haber sabido 48 horas antes de la renuncia de Monsalve? Y por amor al Pulento, ¿quién asesoró comunicacionalmente al ahora exsubsecretario? Parecía no haber leído la prensa.
En fin, tranqui, porque el cordero que limpia nuestros pecados llegó raudamente desde el Ministerio de Justicia a ocupar el cargo y desde ya les anticipo, largas jornadas de sana diversión. Aunque si yo fuera Tohá, Carolina, andaría medio saltona fíjate, no sé, un pálpito.
De nuevo, no seamos cándidos, hay que preguntarse siempre por las aristas puramente políticas de todo lo que sucede en un año electoral; quién, cuándo, por qué y para qué.
Pero también deberíamos pegarnos un alcachofazo cósmico con esta idea tan instalada en la política, de lado y lado, esta suerte de impunidad, de agarrar una confianza a lo loco para hacer y deshacer, porque no va a pasar mucho. Esta semana, parece que los astros se alinearon, los chakras se destaparon y parece que efectivamente el guion medio que cambió, por ahora.
Esta pitonisa todavía no sabe exactamente cómo se arregla este quilombo ¿Qué puede hacer uno como ciudadano que no cree que en sacar semáforos de cuajo para canalizar su malestar? Votar. Votar a consciencia, informado, votar por lo que en total honestidad le parezca mejor, con la azotea y la guata alineadas. Yo sé, es latero, pero es la única manera de no seguir observando esta debacle lenta, pero persistente en la que solo nos queda encogernos de hombros y repetir que todo lo que hacen nuestras autoridades en completa impunidad, lo hacen porque pueden.
