CAE

No sé si se acuerdan de esos aciagos días de octubre del 2019, próximos a cumplir cinco años. Yo los recuerdo con nitidez. Muy al comienzo de la locura octubrista se filtró una conversación privada de nuestra última Primera Dama, Cecilia Morel. Muchas personas se le lanzaron al cogote, por referirse a las (not) pacíficas manifestaciones como una invasión alienígena y por admitir que tendrían que compartir sus “privilegios”. Nota al margen, yo pienso que los únicos privilegiados son los pocos seres humanos que pertenecen a alguna monarquía y todo el resto administramos con más o menos éxito nuestras circunstancias. Pero ese no es el punto que quiero hacer. La desbocada opinión pública se hizo un sashimi con ella, sin detenerse por un segundo a pensar en la tremenda vulneración de su privacidad que esa filtración suponía. Pero, neee, estaban muy ocupados gritando “shame, shame!” por las calles para detenerse por un segundo a reflexionar. Y créanme, muy poca gente estuvo dispuesta a hacer esa pensación, lo sé, sostuve ardientes peleas en grupos de guasap. Tampoco hubo muchas ganas de preguntarse, quién, porqué y para qué había ocurrido esa filtración. Bueno, desde de ese momento se cristalizó en mí esta idea de que, para algunas personas, los hechos se suceden uno tras otro, sin conexión alguna, con la espontaneidad de honguitos saliendo después de la lluvia… otseah, todavía hay gente que cree en aquello del espontáneo estashido… awww, que se mejoren.

Las muy espontáneas filtraciones del caso Hermosilla me trajeron de vuelta este recuerdo.

Como ya hemos dicho antes, se consolida la pornocumacracia en Chile, y además el análisis que se ha hecho al respecto, para variar no le achunta, encuentro. Me refiero particularmente a la filtración de las conversaciones entre Hermosilla y el fiscal Guerra en que hablan de varias personas, siendo las referentes a Rodolfo Carter y Evelyn Matthei las que alcanzaron mayor notoriedad.

Antes, siéntanse libres de encontrar a mis amigos cumas. Es cierto, pertenecen, probablemente al 1% más educado de Chile, pero eso jamás ha impedido que hablen como bucaneros. Alguna vez en un postgrado, tuvimos que pedirle a los hombres que se hicieran otro chat, porque nos molestaba que mandaran memes porno, stickers de genitales antropomorfizados, etc. a cualquier hora del día. Postgrado, chat oficial del curso. Antes del puritanismo de 2019, eso sí. Qué les puedo decir. Es cierto, no todos los hombres hablan así como Hermosilla y Guerra, capaz también hay algo generacional, pero fan como soy de la realidad y la naturaleza humana; el que esté libre de pecado que desbloquee y pase el celular.

Los seres humanos hablamos distinto en privado y en confianza. Dejamos salir nuestra miseria si ustedes quieren, dale, pero siempre me ha parecido peor el fenómeno del santurrón. Ahora, amigas, tampoco se me suban de un brinco al pony arcoíris mágico de la superioridad moral ¿no me creen? Manden un video de ese influencer que salta la cuerda al ritmo de alguna canción a algún chat de mujeres… y me cuentan. No seré yo la que se súper escandalice por estupideces dichas en privado. Y roguemos al Pulento que nuestros chats jamás se filtren.

Ahora, ¿son penca el parcito? Si poh, eso es evidente. Tan evidente que, a estas alturas, ya lo sabíamos. Todo este lloriqueo, estas distracciones respecto de lo cuma del diálogo privado entre el par de enanos feos, todo eso nos aleja de las preguntas que en realidad debiéramos hacernos: ¿Quién filtró esta información? ¿Por qué respecto de esas personas en particular? Y ¿para qué se filtró en este momento? Also, un detallín, es entero ilegal que dispongamos de esa información. Pero el que haya, no se sabe que número de ratas filtrando desde la fiscalía, es irrelevante, mientras no se trate de Irina, porque ahí sí que es tremendo, eso no se puede permitir.

También habría que preguntarse, desde punto de vista periodístico, ¿qué valor tenía conocer la increíblemente penca opinión de estos personajes respecto de Evelyn Matthei o Rodolfo Carter? Ninguno, cero. Se parece mucho a un asesinato de imagen, de una manera muy injusta que recuerda ese asco que siente uno cuando un viejo rancio le dice algo sexual en la oreja a los 13 años. Es humillante e injusto. Más injusto aun porque no faltaron los genios que salieron a pedirle explicaciones a las víctimas de su relación contractual con el fiscal Guerra. Porque chita que es fácil decirlo ahora, con estos antecedentes. Pero antes ese fiscal, era un habitué de matinales y programas varios, era respetado y te garantizo que no se ganó sus cargos con comentarios como los que leímos.

Mientras, sigue pareciendo que, el caso Hermosilla, que se cruza con otros, como el caso Convenios, ha dado un giro hacia la chabacanería y que culminará (se intuye) con el clásico chivo (o chiva) expiatorio que redimirá los pecados de todos.

Lo que hay de fondo, me parece es mucho peor. Porque, sinceremos que todo adulto bien ajustado a estas alturas debe saber que la corrupción es inherente al ser humano y todo lo que hace y toca. La pregunta que uno debe hacerse es cuánta corrupción toleramos y en quiénes. Por ejemplo, de entrada, como que corrupción en la Corte Suprema suena a un exceso incompatible con el buen funcionamiento de un país decente. 

Pero volvamos al relato que hay detrás de esto, al permanente peligro, aún no erradicado, del octubrismo filosófico. Porque en estos afanes de fumigarlo todo, de filtrar con miras a dinamitar la imagen de dos precandidatos presidenciales de la oposición, de una prensa complaciente con un sector refundacional, ¿qué hay? No les suena un poquito a nuestro embajador en Brasil, Sebi Depolo, amigo personal del presidente, caipirinha en mano, queriendo meterle inestabilidad al país.

El relato refundacional que esta semana vimos no solo en este caso, sino que en un ofertazo electoral de hacerle un extreme makeover al CAE sumado a una oposición que no termina de entender a lo que estamos jugando, dando un jugo supremo y una vergüenza ajena olímpica al no aprobar la acusación constitucional a Tohá, todo, absolutamente todo está en la línea octubrista de dinamitarlo todo y ver después que hacemos, eso sí, con Apruebo Dignidad en el poder. Cinco años después, siguen queriendo destruir la institucionalidad, no se equivoquen, siempre revolucionarios, nunca inrevolucionarios.

Esta pitonisa encuentra entretenidos los unboxing de algunos influencers. Pero no de todos y a casi cinco años de la pasión del octubrismo, los invito a mantener la cabeza fría y preguntarse siempre: ¿Quién? ¿Por qué? Y, ¿para qué? Tengamos cuidado, porque lo que el octubrismo quiere es una cosa y sólo una y suena más o menos así: Hola, soy Pandora, bienvenidos a mi unboxing.

K-Sandra

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