¡Oye que me fue bien en el sur, me encanta! Al segundo día sin señal, arrebatada -como dicen en el campo-, con tanto oxígeno, te lo digo, dormí como nunca. La mezcla deliciosa entre lluvia, pasto, mar y pancito amasado tiene propiedades curativas, incluso para una santiaguina cínica como una. Fue, además, como dicen los artishtash, “en lo humano”, también una excelente experiencia.
Como cuesta llegar y cuesta salir, es un desafío, cosa que siempre agradezco. Es bueno sentirse capaz. Así es que el domingo, pasado, bajo un cielo apretao’ y gotitas locas, con mi maleta de rueditas, mochila y mi cartera (ya hemos hablado de esto) me subí a una lancha, que me llevó a una caleta chiquitita. Conversé con los parroquianos mientras esperábamos el bus de vuelta a Puerto Montt. Ya en dicha ciudad recuperé la señal y me dirigí al aeropuerto, sintiéndome como esa parte de la película de Barbie en que anda hasta en cohete.
En fin, la cosa es que mis amigos me habían mandado el material de la semana y Rodolfo, el taxista, terminó de imponerme respecto al acontecer nacional; que la gala de Viña y la plata de la Corfo pal gobierno. Súper bien, Rodolfo y yo coincidimos en lo pésimo que es este gobierno y en lo feos que estuvieron los vestidos. Inevitable pensar nuevamente en la estupenda idea de que los trabajadores le presten plata al Estado, estupenda, realmente. Aparte de estas reflexiones y algunas otras, la vida volvía a su locura capitalina, el clásico regreso, desarmar las valijas (muy plural) y la nostalgia sureña que viene siempre. Normal.
Yo iba a escribir sobre ese termómetro social que es el festival de Viña, iba a desplegar toda mi cultura pop, e iba a hacer mi esperadísima (por mi) crítica de vestuario… ¡lo íbamos a pasar chancho! Fin del verano, un poquito de ligereza antes de que el año parta de verdad.
Pero ya nada es normal, no realmente, desde ese 18 de octubre de 2019. El 25 de febrero como a las 3 de la tarde ¡pah! Apagón… ¡Apagón real! Mientras las horas pasaban, la batería del celular solo caía y la radio a pilas figuraba desaparecida junto con el cargador externo, los mensajes empezaron a quedarse con el relojito ese. La señal también nos había abandonado, esta vez sin los aires bucólicos, llenos de paz de mi semana en el sur. Todo tenía algo de apocalíptico.
Escuchando la radio en el auto, mientras cargaba el celular, me enteré de como casi todo Chile sucumbía ante una falla que nadie sabía explicar muy bien, incluso más, se apresuraban a descartar lo que no era, a ubicar la falla, pero la causa, anda a saber tú la causa… La ministra Toha vociferaba, sacando todos los adjetivos, porque todo es muy inadmisible, pero siempre con la distancia turística del que no está realmente a cargo. El ministro de transportes y telecomunicaciones, sorprendido de que no tuviéramos internet, porque él tenía, y mi favorito, el primer posero de la república, se montó a un helicóptero de día, para ver desde las alturas cómo no teníamos luz…te lo digo, un día todos se van a poner a escribir sátira, si esto se escribe solo.
Nuevamente se vieron imágenes de nuestras calles en modo apocalipsis zombie, horas y horas de taco, caos y miedo que no se aplaca cuando uno tiene autoridades influencers y comentaristas. De golpe, sentí que aterricé en este 2025 que ahora sí que empieza y va a estar peluo. Estuvimos horas en una boca de lobo, en toque de queda, asustados y desprotegidos, desconfiando de la oscuridad, como en una especia de live action de ciudad Gótica.
Cuando se restituyó la luz y pudimos cargar nuestros bichos y recuperar la vida, fue inevitable preguntarse algunas cositas ¿qué recórcholis fue eso?, ¿puede volver a pasar? Si ustedes me dicen que fue un ataque cibernético que no logro entender, ¿sabí que? A estas alturas, tengo que encogerme de hombros, no es como que no nos hayan mentido estos años, o no es como que lo que parecía evidente terminó catalogado de conspiranoia, solo para terminar siendo cierto, como el caso del teniente Ojeda. Tampoco es que sepamos todo lo que pasa en Chile, o ¿alguien me puede decir quien quemó coordinadamente el metro en 2019?
Es triste, vivir en la incertidumbre es muy triste. Pero dejemos esa tristeza, incluso si eliminamos ese factor y en un mes nos salen que fue una mantención mal hecha, un pajarito o un conejito hacker, no sé, filo. Aín si la explicación de la falla es muy inocente, todo lo que vino después dejó de manifiesto la incompetencia y fragilidad de nuestro sistema eléctrico. Y lo peor de todo es que antes no teníamos que pensar en esto; las cosas funcionaban, todos hacían su pega, los fallos se solucionaban y las autoridades nos transmitían tranquilidad…those days are gone.
El cerco de lo posible, de lo admisible, como nos dijo alguna vez doña Michelle, siempre tan elocuente, está corrido. Pero lejos pa’allá. Y lo peor es lo mansos que somos, es lejos lo que a mi me parece más aterrador. Aquello de “uno se acostumbra a todo”. No poh, no. No hay que entregarse tan fácil.
El gobierno hará su numerito antiempresarios, tratando de tirarla al córner del olvido. Total, siempre tendrán un nuevo escándalo que tape el anterior, a estas alturas es una certeza. Capaz nunca sepamos que pasó realmente, pero se instalará en nosotros esta nueva fragilidad que nos era desconocida.
Esta pitonisa piensa que avanzamos cuesta abajo, y con vuelito, a convertirnos en un país distópico, una caricatura de lo que fuimos, sin certezas ni seguridad, donde pasan cosas increíbles, que debieran asustarnos, pero ya ni eso. Cada uno haciendo su vida, en esta nueva ciudad Gótica, pero sin Batman.
