Javiera Parada Ortiz (52) transitó desde el Partido Comunista a ser la generalísima de la candidatura presidencial del exministro de Hacienda, Ignacio Briones, militante de Evópoli. Pero no es la única transición que ha vivido. Se desempeñó como agregada cultural del primer gobierno de Bachelet, época en que impulsó la campaña «Marca tu Voto» para una nueva Constitución… pero al hacerse realidad el proceso constituyente optó por el Rechazo tras no compartir cómo «la izquierda se farreó el proceso». Condenó con fuerza la violencia del estallido tanto así que renunció en 2019 al partido que ayudó a formar, Revolución Democrática, luego de que este se restara al diálogo que pedía el entonces Presidente Sebastián Piñera en medio de la crisis. Hoy, la gestora cultural, hija de Estela Ortiz y de José Manuel Parada (una de las víctimas del Caso Degollados), se desempeña como coordinadora de Arte y Cultura del CEP y no se define de izquierda ni de derecha.

En ese marco es que decidió escribir su «autobiografía política» Sin nada que perder.

En el texto relata pasajes desconocidos de su paso por RD y de cómo Giorgio Jackson, una de sus principales figuras, tenía el control del partido. De hecho, se cuenta cómo el exministro y amigo del ex Presidente Boric, gestó la llegada de Catalina Pérez y Daniel Andrade a la dirección de la colectividad, ambos procesados hoy en el marco del caso Democracia Viva.

Con esto, Revolución Democrática hizo estallar el caso Fundaciones al interior del Gobierno dando paso a una de las principales crisis de la administración Boric. El propio Jackson renunció a su cargo de ministro de Desarrollo Social, en medio de cuestionamientos a su rol en el partido y en los casos que eran investigados. Tambaleaba, así, su tesis de la «superioridad moral» que su generación tendía sobre los gobiernos anteriores. Es precisamente esa «distinta escala de valores» la que Javiera Parada pone en especial cuestionamiento en su libro.

«La discusión política fue disimulada tras las razones «morales» que se dieron para bajar mi candidatura»

Uno de los episodios que se relata en el libro, ocurre en marzo de 2017, cuando Parada protagonizó un accidente de tránsito en Providencia, conduciendo en estado de ebriedad. No hubo lesionados, pero el hecho tuvo una fuerte repercusión en la opinión pública y en el curso de la carrera política de Parada, ya que el 18 de abril de 2017, el Consejo Político de Revolución Democrática votó —por 21 votos contra 11— retirarle su precandidatura a diputada por el Distrito 8 (Maipú, Estación Central, Cerrillos, Pudahuel, Quilicura, Colina, Lampa y Til Til).

En las páginas del librom Parada reconoce el hecho como un error personal y asume la gravedad de lo sucedido, pero sostiene que no ameritaba ser bajada de la carrera parlamentaria, acompañando su argumento con una fuerte crítica al sector liderado por Giorgio Jackson al interior de la tienda:

«Una vez pasada la tormenta comunicacional y aprendida la lección, me dispuse a seguir trabajando en la precampaña, pero en RD se habían levantado voces que decían que, después de lo sucedido, no podía continuar como postulante. Las razones esgrimidas eran que el incidente afectaría al resto de los candidatos, quienes tendrían que contestar durante su campaña por mi irresponsabilidad».

Pero Parada asegura que la verdad era otra. En un primer momento evaluó renunciar al partido, aunque días después anunció que permanecería en RD, pese a no compartir la decisión.

La autora asegura que el trasfondo de la decisión del partido fue una discrepancia de ideas con Jackson respecto a la política de alianzas, donde ya emergía el argumento de la superioridad moral.

Parada cuenta que «en esos momentos había una disputa política al interior de RD. Por un lado, nuestro sector defendía una alianza amplia con la centroizquierda y disputar en las próximas elecciones la mayor cantidad de espacios posibles. Por otro lado, el sector liderado por Giorgio Jackson veía con malos ojos cualquier alianza política que incluyera a las fuerzas tradicionales de la ex Concertación, aludiendo a que no podíamos «mancharnos» con sus criticables prácticas políticas (…). En el fondo, tenían el convencimiento de que aún no había llegado el momento de gobernar y que nuestra apuesta ponía en riesgo el capital político de Jackson para el ciclo siguiente, el 2025. Entonces, la discusión política fue disimulada tras las razones «morales» que se dieron para bajar mi candidatura».

Según relata en su libro, la decisión se selló en un consejo político ampliado transmitido por YouTube, donde algunas consejeras llegaron a plantear que debía «internarse en una clínica de desintoxicación por problemas con el alcohol y las drogas». Finalmente, las elecciones parlamentarias se realizaron el 19 de noviembre de 2017, donde Pablo Vidal reemplazó a Parada en el cupo para competir en el distrito 8, ganando finalmente su puesto en el Congreso.

Elecciones internas de RD y el acceso de Jackson a la urna

La exagregada cultural relata otro episodio desconocido sobre el control de Jackson en el partido. En enero de 2019, Revolución Democrática (RD) vivió dos días decisivos: la elección de su nueva directiva, proceso que representaba la primera gran disputa interna del partido desde su fundación. De un lado, la lista encabezada por Javiera Parada; del otro, la de Catalina Pérez y Daniel Andrade, respaldada por el sector liderado por Giorgio Jackson.

La votación se realizó de manera híbrida —presencial y digital— y se extendió por dos días, entre el 25 y el 26 de enero. Parada relata que la jornada estuvo marcada por fallas técnicas que afectaron a militantes de ciertas compañías telefónicas. En medio de esos problemas, el comando de Parada descubrió que Jackson —entonces jefe de campaña de Pérez— tenía acceso a la urna virtual mientras la votación seguía abierta.

Ese episodio, hasta ahora desconocido públicamente, es narrado por Javiera Parada en su libro: «Le escribimos para decirle que era improcedente que él, siendo parte interesada, tuviera acceso a la urna, pues le permitía saber cómo iba la votación. Nos respondió que si queríamos pusiéramos una denuncia o llamáramos a la fiscalía. Algunos meses antes se habían registrado ya problemas en otros partidos con votaciones electrónicas, con altos costos para organizaciones como Ciudadanos y la UDI. A nosotros nos interesaba cuidar el partido, pero tampoco estábamos dispuestos a participar en unas elecciones que no dieran garantías de imparcialidad.»

Por lo que el comando de Parada terminó pidiendo detener el proceso hasta que el sistema funcionara con normalidad, lo que habría implicado extender los plazos de votación, pero la propuesta fue rechazada por la lista de Pérez y Andrade. Tras dos días de negociaciones fallidas, el sistema se normalizó la tarde del 26 de enero y las mesas cerraron esa misma medianoche, según lo previsto originalmente.

El resultado fue contundente: la lista de Pérez y Andrade se impuso por diez puntos porcentuales, una diferencia que —relata Parada— hacía inviable impugnar la elección sin arriesgar una fractura mayor del partido. Su comando optó por asumir la derrota, pero al día de hoy, confiesa no saber si tomó la decisión correcta: «Quién sabe si nos equivocamos no impugnando esa elección. Ya en ese momento resultaban evidentes las malas prácticas al interior del partido, que se suponía veníamos a desterrar de la política: el caudillismo, el amiguismo y, con ellos, una frágil democracia interna. En la práctica se traducía en una excesiva concentración del poder en ciertos liderazgos, desincentivaba la participación y afectaba la confianza de los militantes en nuestra organización. Mantener organizaciones sanas exige instituciones y controles sólidos, que son el requisito indispensable, aunque no suficiente, para poner freno a los intentos de corrupción.»

«Las debilidades y perversiones éticas están distribuidas de manera democrática y transversal en nuestra sociedad»

La elección de enero de 2019 no solo definió la conducción de RD por ese período, sino lo que sería su complejo final. Con el respaldo de Jackson la dirección del partido quedó en manos de su sector y de la exdiputada Catalina Pérez. En la directiva también estaba Andrade, como encargado de proyectos, quien meses más tarde crearía la fundación Democracia Viva, hoy en el centro de una de las causas judiciales más relevantes contra el Frente Amplio.

El caso estalló en junio de 2023, cuando se reveló un convenio por $426 millones entre esa fundación y la entonces Seremi de Vivienda de Antofagasta. Tras dos años de investigación, la Corte Suprema confirmó en abril de 2025 el desafuero de Catalina Pérez —la misma candidata que, con el respaldo de Jackson, le ganó esa elección interna a Parada— y en mayo de ese año un tribunal decretó arresto domiciliario total en su contra por tres delitos de fraude al fisco. Andrade, por su parte, cumplió prisión preventiva y hoy permanece con arresto domiciliario nocturno. En agosto de 2025, la fiscalía presentó su acusación formal en el caso —que continúa en etapa de preparación de juicio oral, sin sentencia ni fecha de juicio definida—, solicitando 10 años de cárcel para ambos.

Revolución Democrática, el partido que Pérez y Andrade ayudaron a dirigir tras ganarle esa elección a Parada, terminó disuelto como consecuencia del escándalo y hoy es parte del Frente Amplio.

Es ese hilo —entre la interna de 2019 y el quiebre posterior del partido— el que Parada retoma para explicar el episodio con el que todo había comenzado dos años antes: la baja de su candidatura a diputada tras su accidente automovilístico en estado de ebriedad. Para la autora, aquel episodio de 2017 fue solo «un adelanto de la superioridad moral que desplegarían a diestra y siniestra tiempo después». En su libro sostiene: «La realidad, la dura realidad, se ha encargado de dejar claro que las debilidades y perversiones éticas están distribuidas de manera democrática y transversal en nuestra sociedad y sistema político».

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