Uno de mis recuerdos más consistente del inicio de las vacaciones infantiles, es sin duda, el proceso de empaque y estiba. Y es que a las mujeres de mi familia materna les (nos) queda mucho de la exuberancia peninsular. O, dicho de otra manera, Marie Kondo no ha pasado por nosotras. Ni lo hará… qué les puedo decir, el minimalismo pa’ los mínimos. Son muy claros los recuerdos de mi mamá apareciendo con maletas, paquetes y paquetitos, mientras mi papá sudaba la gota gorda, haciendo cuadrar un círculo imposible incluso para su fiel camioneta. Se escuchaban clamores al cielo “¿tú crees que esto es un camión?, ¡Pero por Dios! ¿Qué son estas conductas atávicas migratorias? ¡Vamos a la playa no a colonizar!” (mi papá hablaba así… es que era institutano, de los de antes de las molotov). Y finalmente, en su propio relato “y entonces me doy vuelta y estaba la chiquitita con la maleta … ¡de las muñecas!” La “chiquitita”, es la suscrita y, efectivamente, mis muñecas vacacionaban con más cambios de tenida que las animadoras de Viña. Les pinto esta imagen para que entiendan el calibre de la vicisitud a la que me enfrento cada año, en cada viaje, siempre. Y bueno, voy al sur una semana, al sur ese del que les hablé hace más o menos un año, un lugar un poco difícil, precioso y sin señal ¡gracias al Pulento! (razón por la cual la próxima semana, no habrá columna. Bechitos. Igual es bueno echarse de menos a veces)
Voy a trabajar, es verdad, pero también a orearme un poquito. En fin, la cosa es que la maleta no está dando. Ni con todas las técnicas, las expansiones, le metí arte y ciencia y no. No shego. Otseah, puedo intentar decir que la maleta se autopercibe de 23 kg y alegar gordofobia hacia la valija en cuestión, pero en mi experiencia el personal de cabina no es tan dado a ese tipo de humor.
Pa’ qué les digo las condiciones deplorables del bolso de mano, en anasarca. Entonces pasé por las etapas del duelo femenino para estas circunstancias, a saber; negación, rabia por “no tener una sola cartera que me sirva”, psicosis de compra innecesaria y finalmente, la aceptación que viene de la mano del recuerdo de esa cartera noble, subvalorada, que suele ser el último amparo en la desesperación. Tras el ejercicio de medir las carpetas, estimar si el notebook y su cargador entran también, constaté con alivio que una vez más la cartera sacó la cara por la patria. El siguiente paso fue “limpiarla”. Y me detengo aquí para los macho recios entre mis lectores; las mujeres, que tendemos al Diógenes, a veces acumulamos tanta pero tanta payasá, entropía y caos en nuestras carteras que a veces es mejor abandonarlas. No estoy orgullosa, pero es así. En este caso, ya estábamos jugados, era esta y no otra, entonces procedí con resignación a limpiarla y retirar los rastros de la vida de una persona que ya no soy; ahí estaban frente a mí, mascarillas (ew), lápices perdidos, su par de brillos para los labios, chicle, boletas, recetas de antibióticos (tranqui me los tomé cuando correspondía… en 2021), el papelito pa ’ir a retirar mi pasaporte, dos cintas (¿?), unos envases de una cata de habanos, dos corchos de recuerdo de una cata de vinos y la piedra con forma de corazón que me regaló mi ahijado menor cuando tenía 2 años. Va a cumplir 7 en un par de semanas…
Yo tengo buena memoria, pero les confieso que muchas de esas cosas me parecieron tan ajenas como si le hubieran pertenecido a otra persona y me tomó un rato recordar. Algunas fechas no calzaban con la manera en la que yo las recordaba. Me di esta vuelta tan re larga, justamente porque lo que dijo la vocera subrogante de la subrogante me hizo pensar en la memoria y lo frágil que es, incluso entre los más paquidérmicos entre nosotros.
Dijo Nicole Cardoch; “Yo no recuerdo en ningún momento que haya habido enfrentamiento directamente con Carabineros”, respecto de la relación de su sector, hoy en La Moneda, con nuestros carabineros durante octubre del 2019 y todo lo que vino después. En su debut la vocera subrogante de la subrogante mostró un desparpajo superlativo incluso para los estándares de Apruebo Dignidad. Y desde luego los sospechosos de siempre salieron a defenderla y los otros a criticarla, pero como Lusi Fonsi, despacito.
La cosa es que a mí me quedó dando vuelta esto de la memoria, fíjate. Porque más allá del descaro socialista de Nicole, hay una medula a la que entrarle aquí. Primero, no sé si a ustedes les pasa, yo siempre he creído mucho aquello de no atribuir a la maldad lo que puede atribuirse a estupidez. Sin embargo, estos años me han enseñado que esta coalición de gobierno es una particular mezcla de ambas. Y es que tratar de hacernos comulgar con semejante rueda de carreta, tratar de reescribir la verdad, hacer aparecer como que claro que no lucharon cuerpo a cuerpo con Carabineros y eso es suficiente para eximirlos de responsabilidades; es una maldad. Aunque yo como que recuerdo un diputado del sur fíjate, gritándole en la cara a militares que no podían reciprocar las gentilezas. Un abusador, desde luego.
Lo que me preocupó más es lo poco que nos esforzamos por preservar la memoria, por celebrar el 4-S, ponte tú. Por pelearle el relato a esta izquierda insurreccional y de memoria distraída. Peligroso me parece seguir alimentando en una sociedad este germen de anquilosados museos de la mitad (o menos) de la memoria, de medias verdades que terminan siendo mentiras completas ¿cómo se puede salvar un país, si no se defiende la memoria, si no se pelea por la verdad? ¿Ha conversado últimamente usted con sus amigos y familiares sobre el 18 de octubre de 2019? ¿Se puede hablar de eso? ¿Podemos decir que casi nos queman el país y perdemos la democracia? ¿Cuándo nos vamos a empezar a comportar como la mayoría que somos?
Esta pitonisa piensa que el 62%, independiente de las obvias y predecibles diferencias posteriores, no puede dejar que la minoría, se lleve pa’ la casa el relato, porque sabemos lo que pasa cuando lo hacen; empezamos a vivir en un Chile que no nos gusta, en la realidad y los recuerdos de menos de la mitad de la memoria.
