“…le pedimos la renuncia formal al presidente de la República, al ministro Rabat, al subsecretario Silva” … ¡chita! ¡Y si la abuelita está muerta, me la revive y la hace renunciar! O algo así. Esta moderada, calma y prudente frase salió de la boquita escarlata de Yael Geomans, que hoy por hoy, no conforme con ser diputada de la República, preside los destinos del Frente Amplio ¡Ya poh no se rían! Ellos tienen derecho a hacer de su partido todo lo irrelevante que quieran y como quieran. Y bueno, tampoco los ninguneemos tanto ah, ese error, nos dejó con las patitas colgando hacia el abismo por allá por el 2019. Ustedes son muy jóvenes para saberlo, pero hubo una época, hace eternos siete años, en que este tipo de llamados a la renuncia del Presidente, entre otras joyas, eran pan de cada día. Por ese entonces se dirigían al Presidente Piñera, y contaban con el voluble apoyo de la opinión pública o eso nos decían a cada rato.

Hoy, la distopía, el antiguo régimen de terror, se ve más lejano, pero tomémonos un segundo para ir a buscar la piedra más cercana y nos damos con ella directo en los dientes, que, con un poquito, pero poquito más de apoyo popular, nos cocinan de nuevo. Claro, hoy la vemos, con todo respeto, diputada; ridícula, anacrónica, torpe, performática, cortita, vacua, por decir algo, lo primero que se me ocurre, con todo respeto, desde luego. Pero hasta hace poco, estos eructos históricos prendían como pasto seco.

Todo esto se dio en el marco de la indignada indignación que los indigna por estos días; el ministro Rabat, y la firma de aquellas rebajas de condenas. Y claro, el tema legal es medio engorroso, entra a pelear el deber con el aprovechamiento y la hipocresía. Y por cierto que el tema y a quienes afecta, pone los pelos de punta. Pero si el Frente Amplio no tuvo empacho en usar una pandemia para patear a un gobierno caído en el suelo, por supuesto que se iban a lanzar como tiburones, uno intuye, no por el tema relevante que son los niños víctimas de abuso, sino que por el juego político y de poder que tanto les gusta. Grotesco, porque si nos abstraemos un poquito, ¿alguien podría levantar su manito y decirme, mirándome a la pupila que cuando piensan en la protección de los niños, se les viene de inmediato el recuerdo de los cuadros el Frente Amplio? ¿Ha sido ese el gran tema de sus carreras políticas? Así como para los gritos y chillidos que escuchamos cuando el ministro compareció frente a los diputados, yo diría que no, fíjate.

(Si para usted la respuesta es “sí”, tengo un cerro en el centro que me gustaría ofrecerle, con estupenda vista).

Súmese la infamia de Jaime Bassa, respecto del ministro Rabat, que claro, en su calidad de mesías constitucional, se permite decir en voz alta lo que toda esa izquierda está insinuando, con más o menos precariedad intelectual: este es un gobierno de encubridores de pedófilos.

¡Cáchate poh!

Como si este problema no se arrastrara por varios gobiernos, incluido el anterior y como si no recordáramos los esfuerzos garantistas de unos imberbes diputados Boric y Jackson, como valientemente nos lo expuso el exministro José Antonio Gómez, que me imagino, ni el más audaz izquierdista, podrá acusar de “facho”. Aunque en verdad a estas alturas…

¡Qué rapidito salieron a pedir renuncias masivas! Qué renovados intereses, la infancia, la economía, la responsabilidad fiscal, la institucionalidad… ¡como si los viniéramos conociendo recién! ¿Se imaginan si hubiera sido al revés? ¿Si la derecha fuera la oposición que la izquierda es? Si esto de andar pidiendo renuncias, como si fuéramos un capítulo del Patrón del mal, fuera parte del repertorio político… no claro, los únicos que lo pueden hacer y en total impunidad, y además seguir cantando sus loas a la democracia con la misma carita, residen en la izquierda. Ese botox tipo cemento, que no deja de impactar.

Gracias al Cielo, el recuerdo de barricadas pasadas sigue demasiado cerca como para que la opinión pública sienta el sonido de los tambores en la distancia y responda a esos llamados. Pero cuidado, que ese crédito se nos puede acabar. Lo de Geomans y Bassa es muy grave y ya sabemos que es así como practican la política. Y es así como van corriendo el cerco de lo aceptable; lo mueven unos centímetros y si nada se mueve, ¡seguimos mércale! Por eso, ¡hay que moverse! Nos toca denunciarlo, repudiarlo, mirarlo con los ojos entrecerrados y con cara de reprobación. Porque si lo dejamos pasar como si fuera un día más, más temprano que tarde nos vamos a encontrar volviendo al antiguo régimen de fuego, barricadas y rabia que tan bien conocimos hace no tantos años.

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