¿Cómo están mis queridos lectores, ya alguien les dijo lo que pueden pensar y decir, o es muy temprano? Y es que estos días han transcurrido entre burdos intentos por establecer leyes anti negacionismo de facto y la constatación de que estamos hasta la real tusa con la infiltración del narcotráfico en nuestras Fuerzas Armadas. Te lo digo que se viene la serie Narcos, chilean edition.
Así, surrealista, a ratos, uno siente que estamos haciendo una especie de recreación de la Guerra Fría, con la crema y nata de nuestra intelectualidad condenando el anticomunismo y la candidata PC cada día más “cercana”, más como todos. ¡Si nos mostró la cartera y el cosmetiquero completo! Te lo digo, que como esa estrategia siga funcionando, se nos vienen los reels con un tour completo por el cajón de los calzones. O sea, si le siguen sacando películas a la saga Jurassic Park, imagínate si los dinos del PC no nos van a dar más horitas de sana diversión. Ahora, la vi el otro día en la tele, le mostraban una de las imitaciones que por estos días circulan de ella y creo, reina, que tenemos que trabajar un poco más ahí, nos anduvo fallando la “espontaneidad”. Bueno, los comunistas no son famosos por su sentido del humor, especialmente cuando hay que reírse de sí mismos. Cosa de tiranillos, dirían los pesados. La cosa es que hay que tratar de alinear ojitos y sonrisa, no vaya a ser que alguien se de cuenta y se nos cae el cosplay de la soa Bachelet.
Pero no hablemos del PC, ni de su candidata, que, lamentablemente, vamos a tener mucho tiempo para eso. Hablemos de los efectos del PC en todo el resto de la política y de una idea que hace rato atormenta mis gélidas noches. Sí, porque lo que le pasó a la izquierda tras el conteo de los cuatro votos que dieron como vencedora de las primarias a Jeannette Jara, ha sido bien interesante. Porque pese a los intentos de la candidata y como ventrílocuo, del partido, por asegurarnos que ella es lejos lo más centroizquierda que hayamos visto en décadas en Chile, parece que no está flotando na’mucho esa idea y ya se escuchan las ratoniles carrerillas para abandonar ese bote. Onda que se les corrió Nicolás Eyzaguirre, ese verdadero felino de la política chilena claramente no estaba pa’gastar una de sus vidas con el PC.
Pero, ¿qué va a hacer el centro, la centro izquierda? Algunos en “reflexión”, que sabemos lo que significa; estamos negociando un precio final. Capaz nos salgan con que le van a exigir al PC firmar unos estatutos de garantías democráticas, o algo así. Digo, pa’hacerla setentera completa. Otros DC, saltando a los brazos de la candidata. (nota: la DC era un partido político chileno)
Entre toda esta confusión, lo que me ha llamado más la atención es la insistencia con una idea antigua, medio naftalinada, mitológica a estas alturas y es esta fijación con el centro. Estas ideas que vengo escuchando desde que estaba en pañales y es que “Chile es de centro”, o “el centro define las elecciones”. Pero, ¿dónde está el centro? ¿Es un lugar fijo?, ¿Se puede ser de extremo centro? ¿Qué significa exactamente? ¿Es todo aquello de “yo no soy de izquierda ni de derecha”, que tanto cundió por aquellos aciagos días de octubre de 2019? O, ¿es algo que uno dice para evitar conflictos en los asados? ¿Se puede en el año de Nuestro Señor, 2025, en Chile, ser de centro?
No sé fíjate, lo he estado pensando harto. Me acordé de una rutina de un humorista gringo (Matteo Lane) que en estas típicas interacciones con el publico le salió una de esas personas que se presentan con sus cosas sexuales, era bisexual. Claro, como es lo único que somos como especie por estos días. En fin, a poco escuchar el relato, el humorista le espeta, “tú pareces creer que ser bisexual es ser mitad gay y mitad lesbiana” … Entonces, ¿ser de centro, es ser mitad de derecha y mitad de izquierda? No, pero qué horror, qué espanto, qué simplificación más horrenda. (inserten llantos académicos). La cosa que resulta evidente y que nadie parece querer asumir, es que la posición centrista es un lujo de tiempos de paz y prosperidad. Es una posición que depende absolutamente de las circunstancias históricas en la que nos encontremos, porque de otro modo, resulta, cándida, anacrónica y terca. Y créanme que me encantaría que todos pudiéramos darnos el lujo de ser centristas, pero no son los tiempos en los que nos tocó vivir. Cuando se nos presentan dos visiones de mundo tan contrapuestas, tan radicalmente distintas, cuando el termostato del mundo se corre tanto a la izquierda, quedarse en el medio, no es posible; es esta fila, o esa cola de allá. Lo siento amiguitos, en el medio no hay nada, una bola de pasto y cuatro gatos, con suerte. Es más, yo te diría que el mismo día que quemaron el metro, se pitiaron al centro.
Me da la impresión de que estas ideas obsoletas, son más voluntarismo que otra cosa, que no terminan de comprender que no es que la gente deba definirse o derechamente militar en un sector o en otro para abrazar unas u otras ideas, para nada. Y sí, eso puede cambiar. Tampoco es necesario una vasta formación académica al respecto, como cada cierto tiempo salen a decir los snobs de siempre. Es mucho más intuitivo que eso, es más parecido a los que pasó el 4S, en que Chile eligió una puerta, clarita, no la del medio. “¡Ay, pero es que no me gusta todo lo que dice el candidato perenganito!”, dale, no te cases con él, estamos hablando de otra cosa aquí. Además, uno nunca está de acuerdo en todo con todos, gracias a Dios. Pero si estás menos de acuerdo con el PC, vengase pa’acá, tenemos vino.
Lo siento amigos de centro, si les sirve de algo, yo creo que los vamos a necesitar mucho para reconstruir y volver a lugares más templados, pero para eso falta mucho, porque esta pelea, de nuevo por salvar Chile, no se gana por el medio.
Esta pitonisa espera que las fuerzas de oposición entiendan lo que estamos arriesgando. Y sí, es una nueva batalla cultural por el alma de Chile. Una que se gana, no por el medio, sino de la mitad pa’acá.
