Ahí estaba yo lista a escuchar la segunda cuenta del Presidente.  Te lo digo, que, si sé tal, alcanzo a lavarme el pelo, exfoliarme, aplicarme las mascarillas y luego todos los 10 pasos del skincare coreano y me sobra tiempo pa’ contestar mails. Su eterno, caribeño y reiterativo discurso, a ratos parecía entrar en un bucle en que todos los caminos conducían a la misma reforma tributaria. La barra siempre se manifestó con un entusiasmo ad hoc y no pude dejar de pensar que el orientador del colegio le falló al pequeño Gabriel y a Chile; ese hombre es un poeta, no lo molesten con presupuestos burgueses, Imacec y cosas así de prosaicas. O quizá pudo ser animador, le gusta interactuar con el público con ese estilo al borde del bullying que algunos le hallan tan re simpático.

Habla bien, marea, embolina la perdiz y hace algo súper lindo que es un arte; apela a la mala memoria del auditor. Hace afirmaciones con una seguridad tan pasmosa que hasta el más plantado duda por un instante; “oye que han hecho hartas cosas”. La especialidad de la casa, lejos, es tirar una de pino y una de queso, tan pero tan rápido que hasta el analista más laureado se queda con aquello que la bondad de su corazón quiere ver. Llama a la unidad y después se concentra en aquello que nos divide. Dice que hace una autocrítica, pero vuelta sobre las mismas ideas que Chile ha rechazado no una, sino dos veces. Saca a pasear una y otra vez las mismas culebritas, repitiendo como pa’ hipnotizarnos, que lo único que nos separa del primer mundo, es su famosa reforma tributaria. Le tiene la misma fe que un niño a su chanchito alcancía.

No entiendo por qué algunas personas insisten en contarse cuentos respecto de este Gobierno. A ellos les queda cómodo ser oposición, bullies y víctimas en ese totum revoltum de narcisos de todas las edades y pasados que habita La Moneda como alma en pena (singular). Con la personalidad flamígera que les conocemos, los Torquemada de la democracia han salido a levantar una épica que conecta los últimos 50 años de la historia de Chile con su propia épica de cartón.

El Chile que ruge en las encuestas y que ha hablado claramente dos veces en las urnas, ese es un accidente, un no pueblo. Te lo digo que en cualquier momento el progresismo se va a dar la vuelta completa y van a pedir el regreso del voto censitario. Ah y por supuesto es la deresha, los empresarios, pinoshe, ¿la CIA? Encuentro que les falta la CIA. ¡Ya poh diputado Winter, lo noto lento!

En el mundo patas arriba que nos proponen, los demócratas van por leyes anti negacionismo, leyes de medios, abogan por incorporar a dictadores a las cumbres de la región y creen en el Estado como medio para repartir balones de gas en el contexto de la campaña por el Apruebo 2022, promocionan museos octubristas y nadie habla de la intencionalidad de los conejos incendiarios en el sur, del mismo modo en que costó que se asumiera que hay conejos head hunters también parece, tratando el Estado como una bolsa de empleo.

Esta pitonisa piensa que el diagnostico está hecho hace rato y no le quiero arruinar la sorpresa a nadie, porque como siempre capaz le suban los bonos en las encuestas a S.E., si el hombre cuenta lindos cuentos en la cuenta. Pero, parece que el termostato del mundo empieza a correrse porque tanto cuento, cansa y ponte, a sus primitos españoles la realidad ya les pasó la cuenta. Estaría bueno que la política empezara a contarse un cuento nuevo.

K-Sandra

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