COLUMNAS DE OPINIÓN

Diego González Cañete

Historiador

Al tiempo que era seducido por la cultura y la historia de Francia, Scruton se confesaba disidente frente a barricadas, pedradas y consignas, reflejos del celo revolucionario de una juventud que, alentada por los intelectuales, interpretaba sus vidasy el conjunto social como mera arbitrariedad, relaciones de poder y dominación. En tal ambiente, optar por conservar en lugar de echar abajo –instituciones, espacios sagrados, valores, costumbres e incluso el lenguaje– aparecía como una tarea excéntrica.

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